En el barrio Magnolia Park de Houston, Jorge Luis González se despertó pasadas las 6.30 de la mañana con el ladrido de su perro, su mejor alarma de seguridad. Cuando salió al patio delantero de su casa, vio la calle Canal tomada por policías de distintos cuerpos. Pablo Díaz despertó unos minutos después, a las 6.39. El monitor electrónico de libertad condicional que lleva fijo en su tobillo se estaba descargando. Se levantó a enchufarlo y escuchó que algo pasaba en su calle, la misma en la que vive González: se encontró con un imponente operativo policial y vio a varios hombres en el suelo, restringidos, boca abajo. Uno de ellos gritaba: “¡Me están matando!”. Era Lorenzo Salgado Araujo, el mexicano de 52 años que falleció este martes por los disparos de agentes migratorios.
El testimonio de estos vecinos coincide con las imágenes de videos compartidos por medios locales. Ni González ni Díaz escucharon disparos, pero aseguran que vieron a funcionarios buscando evidencias en la calle. “Nunca había visto un operativo así”, dijo González, quien ha vivido 20 años en Magnolia Park, conocido uno de los barrios hispanos más antiguos de Houston. La calle había sido cerrada y veía a agentes de la policía de la ciudad, pero también del FBI y de las agencias migratorias de EE UU. “Estos migrantes iban a trabajar, qué chingada madre. No había razón para hacer eso”.
Doce horas después, en el pavimento de la calle Canal aún se veía el rastro de la sangre derramada por Salgado Araujo. Una estudiante colocó encima un ramo con rosas, margaritas y claveles; una vecina, un velón con la imagen de la Virgen de Guadalupe. Más personas —del barrio o de otras áreas— comenzaron a llegar para protestar alrededor de la mancha.
El resto de puertas del vecindario permanecieron cerradas y, cuando los residentes las abrieron, prefirieron no hablar con periodistas. Algunos dijeron que sus vecinos tienen miedo a sufrir retaliación de parte de las autoridades migratorias; otros aseguraron que no vieron ni escucharon nada.
En Facebook, el hijo de Lorenzo Salgado Araujo, Ronaldo, describió a su padre como un trabajador de la construcción, que había vivido en Estados Unidos por casi 35 años y estaba a punto de obtener su permiso de trabajo. Contó que estaba estacionado en la calle Canal recogiendo a sus trabajadores: “No merecía esto”.
Un vocero del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) indicó a EL PAÍS que aproximadamente a las 6.50 de la mañana, agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) intentaron frenar el vehículo de Salgado Araujo como parte de una operación y que este “intentó evadir el arresto” y “embistió a un vehículo del ICE, se negó a obedecer varias órdenes verbales y utilizó su vehículo como arma para intentar atropellar a un agente”. Eso, explican, llevó a uno de los funcionarios a disparar su arma “en defensa propia”. No quedó claro por qué el DHS y los testigos diferencian en el horario del suceso.
El FBI explicó en un correo que investiga la posible agresión al agente. El DHS dijo que la Oficina del Inspector General, un ente de vigilancia y supervisión independiente, indaga en el tiroteo al inmigrante.
La Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), una organización de apoyo a comunidades hispanas en distintas ciudades de Estados Unidos, reclamó que la versión del ICE no puede ser aceptada sin más, y pidió una investigación “independiente y transparente”, así como que se preserve toda la evidencia y se dé a conocer al público. La representante demócrata por Texas Sylvia García hizo una exigencia similar.
En los videos compartidos en redes sociales no es posible detectar daños por colisión en la van blanca que conducía Salgado Araujo ni en los vehículos de los agentes del ICE.
La muerte de Salgado Araujo llevó a algunos en la calle Canal a recordar la de Renee Nicole Good, la estadounidense que murió en enero pasado en Minneápolis, también baleada por un agente del ICE que alegó que ella lo embistió con su vehículo. El incidente generó días de protestas masivas por todo el país. Las autoridades policiales de Minnesota denunciaron poco después que el Gobierno federal les había bloqueado el acceso a la evidencia del caso y a la investigación del tiroteo.
“Estoy bien enojada”
Todo en la calle Canal de Magnolia Park muestra que es hogar de una fuerte comunidad mexicana. Se siente en el acento de sus habitantes y en todo lo que la rodea: en la tienda de cobro de cheques El Güero, en la de comida La Michoacana y en el nombre de otro comercio, el $1 store y más.
La tarde de este martes, Gina Arocha, de 61 años, fue de las primeras en llegar a la calle Canal para protestar. Cuenta que creció en esta comunidad, en la casa de su abuela. Llora mientras recuerda cuántos momentos felices acumuló caminando por esa calle con su familia y cómo no podrá olvidar lo ocurrido este martes: “Este es mi barrio y estoy bien enojada”.

Más tarde llegó Everardo Rivera, un mexicano de 74 años. Conoce esta calle desde hace 20 años. Este martes por la tarde —como todos los martes— tenía reunión de Alcohólicos Anónimos en una casa frente a la que Salgado Araujo fue baleado. Decidieron cancelar el encuentro: “Muchas personas no quieren enfrentarse a tener que escuchar preguntas y respuestas de alguien que esté de parte de los agentes de inmigración. Queremos evitar esa plática”.
A él, dice, la muerte del inmigrante en plena calle lo deja “preocupado y asombrado”.
La protesta en el lugar creció con las horas, pese a los truenos y rayos que comenzaron a caer en avenidas cercanas. Más de 30 personas se quedaron manifestando al grito de “no ICE, no KKK, no fascistas en USA” y “el pueblo, unido, jamás será vencido”.
María, una maestra de 25 años, fue una de ellas. Pidió a este diario usar solo su nombre. Ella nació en México, pero contó que ha vivido en este barrio desde que tiene ocho años. Cuestionó la versión del ICE sobre la muerte de Salgado Araujo: “Sabemos que la policía miente para cuidarse ellos mismos (…) Prefieren usar la violencia que tratarnos como hermanos”.
Este martes por la noche protestó por la muerte del hombre pero también porque la arremetida migratoria del presidente Donald Trump contra los inmigrantes ha afectado a sus estudiantes. En el año escolar que acaba de terminar, dijo María, deportaron a los padres de seis de sus alumnos: “De pronto, los niños no asistían y luego me decían: ‘Miss, ¿te puedo decir algo? El ICE agarró a mi papá este fin de semana’. Ha sido muy difícil ser maestra, pero también ser apoyo para ellos en diferentes formas”. La consecuencia, analizó, es que los niños bajaron sus calificaciones, y que algunos llegaron a clases con hambre porque sus padres no tuvieron dinero ni para pagar la renta.
Por miedo, otros padres, como el suyo, se fueron del país: “La gente prefiere irse que ser tratada como el señor de hoy; prefieren irse que ser matados”.
Casi a las 9.00 de la noche comenzó una lluvia torrencial. La corriente de agua que bajaba por la calle Canal acabó con la protesta solo por este martes. También se llevó el rastro de sangre del inmigrante Lorenzo Salgado Araujo, junto al ramo de flores y al velón de la Virgen de Guadalupe. Este miércoles por la noche, los vecinos volverán al lugar para una vigilia.


