«Meditaciones alrededor de una sospecha» es un poemario que fue publicado hace casi medio siglo, en el año 1977, nos confiesa su autor José Enrique García que la lectura de Siddharta, del escritor alemán, Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura en 1946, le causo un gran impacto, nadie queda igual al terminar una obra.
El poema «El extraño», expresa con un lenguaje sencillo, cargado de simbolismos esa espiritualidad que tiene mucho que ver con la hospitalidad, acogida al prójimo; no es necesario saber su nombre, ni de donde viene, manifiesta el amor en el cuidado de la pierna herida del hombre cansado y como «Luego cayeron los días/ igual que todas las hojas del árbol» se sanan las heridas y el recuerdo permanece, el extraño regresa para estampar un beso en la frente a su hija, evocando la fragilidad de la vida y la fuerza de los lazos humanos ante lo desconocido.
Venia por el camino
solo con las sombras de las piedras;
mi hija y yo mirábamos el atardecer
con la vista perdida en el horizonte agonizante
y le vimos llegar cojeando como un animal herido
y caer fatigado junto al camino polvoriento.
Nadie nos dijo su nombre o procedencia
y apenas oímos su apagada voz morena
lavamos la sangre espesa de sus heridas.
Luego cayeron los días
igual que todas las hojas del árbol
y una tarde que perdí en los recuerdos
sus ojos se encendieron, y pareció recordar
sus manos esbozaron un gesto de angustia,
se paro ante el espejo
y allí se reflejaron cerradas sus heridas,
miro el reloj de la pared
y el fusil en un rincón
salió al patio y miro al cielo donde las garzas
formaban ondas infantiles
y tomo el camino apresurado del bosque.
Me fui al traspatio de la casa
sentí pisadas en el jardín,
era el que tornaba, como si hubiera dejado algo,
besó a mi hija en la frente
y de nuevo partió perdiéndose en el bosque
en el mismo instante en que emergía la luna
por el follaje de los oscuros pinos.
José Enrique García nació en el año 1948 en la ciudad de Santiago de los Caballeros, en el tiempo de estos versos, en nuestros hogares, las puertas se abrían en las mañanas y se cerraban en las noches, los que pasaban por la puerta (amistades, vendedores) se les invitaba a entrar, si estaban cansados, tenían sed, agua, si era hora de almuerzo un plato de comida, siempre sobraba para los que aparecieran y hasta echaban su «pavita» o «sueñito» en la sala del hogar si estaban cansados… los tiempos cambiaron bruscamente; este hombre que pasaba estaba cansado, tenia sed y sueño…
«El hombre que pasaba»
El hombre que pasaba se detuvo
en aquel pueblo
-que bien pudo ser el final
o principio del mundo.
Pidió agua
después del agua descanso
después del agua del descanso
pidió sueño.
Y agua y descanso y sueño le dieron
después, el hombre que pasaba
tomó su dos pies
y echóse a andar sin prisa
con su sed,
su sueño
y su cansancio.
El poema «El otro» que no es, sino uno mismo.
No lejos de mi, en mi persona,
sin escándalo, esta naciendo un hombre.
Aquí mismo, en mis testarudos huesos
echa raíces este hombre,
y con la sangre de mi propio barro
se levanta.
Después, lejos de mi,
toma el cuerpo que alimenté temprano;
se pone mi camisa,
sin permiso toma mis pantalones
y sin permiso también
abre aquella ventana para verse vestido.
Acaba por ponerse mis compañeros zapatos
y echa a andar conmigo y mis vestidos.
Ya muy lejos de mi, oigo cuando se aleja
alegre, muy alegre de saberse nacido…
Espero que se quede con todos mis cansancios.
José Enrique García explora conceptos filosóficos relacionados con la existencia, el vacío y la percepción del mundo, en el poema «Teorema».
. … y revivo
a medida que mi alma
se llena de mi infancia.
En “Al día lluvioso” el poeta emplea la prosopopeya, para atribuir cualidades o acciones humanas a objetos inanimados, animales o conceptos abstractos como la lluvia.
La alegría de la lluvia
golpea los aleros de la casa
…oh lluvia, desconozco tu tristeza,
veo tan solo tu estatura salvaje,
tu distancia de nube
germinando en los ríos.
De igual manera en «Pequeño silencio”:
La lluvia
me golpea la frente
pero sigo avanzando…
En «Persistencia»:
…La lluvia cae sobre el techo,
afuera el viento es viento como siempre;
y en mi recinto en sombra
veo como mueren las primeras horas
y aguardo la llegada de la tarde
para salir de nuevo.
En el poema «Separación», destaco la sombra:
Mi sombra ya cansada se resiste del viaje,
la llamo con mis heroicos pies,
un adiós muy profundo/
responde en la distancia.
…
Solo con mi soledad que se hace sombra.
…
Mi sombra ya muy lejos
Arrastra otra sombra,
Yo me alejo también
Aun con la vieja costumbre de vivir.
A pie de página
Este poema muestra los esfuerzos y las horas buscando, probando con las palabras para crear un poema que aún no está completo, y aunque ha buscado en recuerdos y dolores, no ha encontrado ese verso final. Concluye que ese verso será escrito por quien lo siga, convirtiéndose en un epitafio que no supo escribir en vida.

