En 2005, Mahdi Karroubi, el clérigo moderado que concurrió como candidato a las elecciones presidenciales, se quejó en una carta al entonces líder supremo, Ali Jameneí, por la intromisión de su segundo hijo, Mojtaba, en favor del populista Mahmud Ahmadineyad, que terminó alzándose con una victoria manchada por acusaciones de fraude masivo. En su carta, Karrubi aludía al joven Jameneí —nombrado este domingo tercer líder supremo de la República Islámica de Irán— con un apelativo: “Aghazadeh”, el hijo del señor. La respuesta del ayatolá Jameneí fue profética: “Él [Mojtaba] no es un aghazadeh, sino el propio Agha (señor)”. Ese es el tratamiento utilizado por los seguidores más fieles de la República Islámica para referirse al líder supremo.
Mucho antes de que el pasado 28 de febrero Israel y Estados Unidos mataran en Teherán a Ali Jameneí, el nombre de su segundo hijo, Mojtaba, de 56 años, sonaba para sucederlo. Shahin Modarres, analista de seguridad internacional, indicaba hace días desde Roma en la red social X que su elección no fue sorprendente dado que, como apunta esa anécdota de la carta, su ascenso se había gestado desde aquellas elecciones hace ahora más de 20 años. El proyecto de impulsar al hijo del entonces líder como favorito para la sucesión se fortaleció tras conocerse la implicación del joven clérigo y de la Guardia Revolucionaria, el poderoso ejército paralelo, en orquestar el fraude electoral que llevó a Ahmadineyad a la presidencia.
Mojtaba Jameneí, asegura Modarres, era desde entonces el candidato a líder supremo de la Guardia Revolucionaria, el núcleo del aparato militar y de seguridad iraní que, junto con la oficina del líder supremo, conforma el ala más dura de la República Islámica. A esos halcones se atribuye en gran parte el freno a cualquier veleidad de cambio y también la represión que, en la última oleada de manifestaciones, costó la vida al menos a 7.000 iraníes, según la ONG con sede en Estados Unidos, HRANA.
Como nuevo líder supremo, Jameneí hijo, prosigue el experto, “representa a la Guardia Revolucionaria y a los oligarcas”. De ahora en adelante, argumenta Modarres, “será una marioneta de esa fuerza y su mandato probablemente no será largo”.
Este experto no es el único que duda de la estabilidad de esa sucesión, y no solo por los intensos bombardeos de Israel y Estados Unidos y el descontento interno que evidenciaron las últimas protestas. También porque el nuevo líder tendrá como una de sus tareas más urgentes intentar evitar que lo maten. El domingo, poco antes de su nombramiento, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, había advertido que el elegido “no duraría mucho” si no contaba con “su aprobación”. Desde que bombardeó al desaparecido líder iraní, Israel ha amenazado con matar a cualquiera que lo suceda. Este lunes, el republicano afirmó en una entrevista con la NBC que considera la elección “un gran error”.
La Guardia Revolucionaria espera aprovechar la cercanía del nuevo líder con las fuerzas militares para reducir las divisiones internas y garantizar la supervivencia del régimen. Una manifestación de apoyo al nuevo mandatario llenó este lunes el centro de Teherán y de otras ciudades iraníes con decenas de miles de fieles a la República Islámica con banderas e imágenes de los tres líderes supremos que ha conocido el país -Ruholá Jomeiní, Ali Jameneí y el recién nombrado Mojtaba Jameneí- en un intento de exhibir músculo, cerrar filas con la parte que se cree minoritaria de población que aún lo apoya y garantizar así la continuidad del sistema político iraní.
En un mensaje destinado a mostrar unidad, el presidente del país, Masud Pezeshkián, felicitó a Jameneí y afirmó: “Su elección augura una nueva era de honor y poder para la nación iraní”. La Asamblea de Expertos —el organismo encargado de elegir al líder, al menos de manera formal— ha instado al pueblo a “prestar juramento de lealtad al nuevo líder”.
El aparente entusiasmo oficial no despeja las dudas que suscita el nuevo dirigente. Incluso algunas voces de la Asamblea de Expertos se han mostrado críticas ante el hecho de que Jameneí haya heredado el liderazgo de su padre. Sus modestas credenciales como clérigo, su carencia de experiencia política y de gestión y su escasa visibilidad pública no proyectan esa imagen de solidez a la que aspira el régimen iraní, amenazado por los intentos de derrocarlo de Estados Unidos e Israel.
Sobre todo para un sistema islámico que, desde su fundación hace ahora 47 años, no solo ha aspirado a regir Irán, sino a convertirse en el líder de todos los chiíes del mundo e incluso de la comunidad musulmana global. Mojtaba Jameneí no ha dado ningún discurso oficial en su propio nombre ni ocupado cargos ejecutivos que respalden su proyección política.
Debilidad
En junio pasado, Faezeh Hashemi, una política iraní cercana al ala reformista de la República Islámica —la que cree o creía que el sistema podría evolucionar desde dentro— afirmó en junio pasado que la elección de Mojtaba Jameneí podría darle la oportunidad de aplicar reformas al estilo del príncipe heredero y hombre fuerte saudí Mohammed Bin Salmán; es decir, desarrollo económico y apertura controlada, pero sin democracia.
El experto Modarres no ve probable que Jameneí hijo plantee ni siquiera ese escenario reformas,mas incluso si estas son limitadas en cuanto a las libertades públicas y políticas, como en el caso saudí. Es, asegura, “muy poco probable que [el nuevo líder supremo] inicie reformas como Bin Salmán y se mantenga en el poder”. El joven Jameneí es “ideológicamente igual a padre,dre pero, al mismo tiempo, su posición es de debilidad”, asegura este especialista, que atribuye su elección al resultado de un proceso de veinte años impulsado por los centros de inteligencia y seguridad de la Guardia Revolucionaria.
Tampoco Meir Javdanfar, profesor de Política e Historia Contemporánea de Irán en la Universidad Reichman, espera un cambio significativo en las políticas del nuevo líder respecto a las de su progenitor. Lo resume a EL PAÍS por mensajes WhatsApp desde Tel Aviv, corroborando que “el respaldo de Mojtaba Jameneí proviene de la inteligencia de la Guardia Revolucionaria”. Esa inteligencia parte de una “visión profundamente ideológica” y está orientada, más que al espionaje, “hacia la guerra”. Eso “no es aceptable para Israel”, incide.

Desesperación
Algunos iraníes han recibido este nombramiento incluso con desesperación. Como Majid, un iraní de la diáspora que deplora que “al menos” se podía “haber elegido a una persona más conciliadora, que disminuyera la tensión”. Shadi, cajera en un restaurante de Teherán, afirma por Telegram —como el resto de entrevistados que residen en Irán, cuyos mensajes se envían a cuentagotas debido a los cortes de internet— estar “segura” de que [los dirigentes de la República Islámica] “nunca dejarán el poder”. “Llevan 47 años ahí. Decían que si mataban a [Ali] Jameneí habría una revolución, pero no ha pasado nada”.
Incluso los reformistas, que tras los 12 días de bombardeos israelíes y estadounidenses en Irán de junio, esperaban que el régimen aprendiera la lección y apoyara a un sucesor más pragmático, se han visto frustrados por el nombramiento de Jameneí. Mientras, para la opinión pública israelí, apunta Meir Javdanfar, la designación de Jameneí hijo es “preocupante”.
Hossein, un habitante de Karaj, a 30 kilómetros al oeste de Teherán, lamenta: “Toda la vida hemos dicho ‘Muerte a Jameneí’. Este jubilado de la Organización de Agua y Alcantarillado prosigue: “parece que lo que han hecho Estados Unidos e Israel ha sido matar a un Jameneí envejecido y colocar en su lugar a una versión más joven”.
El nombramiento del nuevo líder supremo no solo inquieta a muchos iraníes. Los mercados globales también han reaccionado negativamente a su designación. Según Reuters, el precio del petróleo en las primeras transacciones del lunes aumentó alrededor de un 20%, y alcanzó los 114 dólares (98 euros), el nivel más alto desde el verano de 2022.
“Solo si Israel finalmente entiende que no hay posibilidad de cambiar el régimen y que el liderazgo futuro está dispuesto a modificar la política hacia Israel y dejar de amenazarlo, aceptará a ese nuevo líder”, explica Javdanfar. Este analista aclara que ese escenario representaría, en realidad, un fracaso para Israel, cuyo objetivo es cambiar el régimen en Irán.
La elección de Jameneí ha decepcionado a muchos iraníes, pero no los ha sorprendido. Nahid, un estudiante de Química en Teherán, afirma que en su universidad “muchos hablaban sobre la posibilidad” del liderazgo de Mojtaba Jameneí. “No se podía esperar otra cosa”, sostiene este joven, y añade: “Desde la Revolución [de 1979], sus consignas han sido ‘guerra, guerra hasta la victoria’, y parece que el destino del país no les importa”. “Creo que lo van a matar”, concluye sobre el nuevo líder supremo.

