Pero, este caso legal nos ayuda a entender y comprende además, la naturaleza de los terribles desafíos que tiene por delante el actual gobierno del presidente Trump, en un Estados Unidos que fue sometido a serios trastornos ideológicos, sociales y culturales, para imponer una nueva configuración de la humanidad, de nuestros hábitos y costumbres, basados en una percepción ideológica y no en nuestra realidad biológica.
Y entonces, a partir de esa concepción, se crea entonces toda una «plataforma legal» la política DEI, para aprobar, legalizar y justificar tales cambios, contrarios a la razón y la naturaleza humana.
Luego, nos montan una propaganda de adoctrinamiento sobre «estas verdades», y quienes nos oponemos a ese discurso, entonces somos estigmatizados como «xenofobos» y «racistas», y «fascistas».
Y convierten todo este discurso en otra plataforma de «acción política», para tomar posiciones de poder y oficializar su ideología como políticas públicas, que es lo peor. Y justamente, es lo que acaba de ocurrir en las elecciones municipales de New York.
Por eso le llamamos «desconstruccion», empezando por la familia, como la conocemos tradicionalmente: abuelos, padres, hijos, hermanos.
Por ejemplo, el Presidente Trump llamó a cancelar en las escuelas de Chicago, un «programa especial» de $15 millones de dólares para «Estudiantes negros exitosos», considerado discrimatorio, toda vez que ese programa excluye estudiantes blancos y de otras razas.
Veamos entonces como reacciona Chicago ante las políticas migratorias del. Presidente Trump.
En ese mismo sentido «Varias Escuelas públicas de la Ciudad de New York, demandaron, ahora en octubre del 2025, al Departamento de Educación del Gobierno federal, por más de $50 millones de dólares, por la decisión del Departamento de» restringir» las medidas de protección especial a estudiantes «transgenero» practicadas en esas escuelas.
Entre estas medidas se encuentran la prohibición federal de usar los baños escolares, y la participación en competencias deportivas en base a la percepción sexual y no la biológica.
Es decir que, estudiantes varones pero que se «perciben mujeres o transexuales» gozan en esas escuelas de la «protección especial» de usar los baños femeninos, o de participar en competencias deportivas de mujeres.
O sea, se discrimina la «normalidad» para privilegiar lo «anormal» o distinto, digamos. «Con cual derecho» me pregunto?
Está dura batalla legal es parte de la política del actual gobierno del presidente Trump, para aniquilar la política DEI, de «diversidad, equidad, e inclusión», practicada por los gobierno de Obama y Biden, sobre cuya base se otorgaron privilegios especiales a determinados grupos, por género, raza o religión, tales como los colectivos LGTB, los islámicos y hasta por ser «inmigrante ilegal» a los que legítiman con la etiqueta de «vulnerables».
O sea, que hasta ser inmigrante ilegal, para este activismo ideológico, significa tener un «derecho fundamental».
Significa pues, que ser parte de tales grupos, le otorga derechos a esa persona, por encima o diferentes a una persona común, que es y se define varón, heterosexual, por su sexo biológico, o que es católico o cristiano.
Quien hace una vida ordenada, paga impuestos, trabaja y no vive del gobierno, procrea una familia, viaja conforme las leyes y las normas de cada país, no merece derechos especiales.
Dr. Robert Cabral

