InicioESTADOS UNIDOS¿QUE LE HIZO HARVARD A TRUMP?

¿QUE LE HIZO HARVARD A TRUMP?

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-¿Qué le hizo Harvard a Trump? ¿Le negó un “Harvardcito” a Barron o fue un trauma juvenil?-

Por  Luis Rodríguez Salcedo

Donald Trump no olvida. Si tú le cierras la puerta, él se te aparece por la ventana… pero con una orden ejecutiva en la mano. Y esa parece ser la tónica de su guerra personal contra la Universidad de Harvard. Desde el regreso a la Casa Blanca, Trump ha apuntado sus misiles políticos –y retóricos– contra la prestigiosa institución, acusándola de todo, menos de servir buen café en la biblioteca.

Pero, ¿qué le hizo Harvard a Donald?

Las malas lenguas (esas que nunca faltan y a veces aciertan) dicen que todo comenzó con un simple rechazo: no a él como presidente, sino a su hijo menor, Barron, quien supuestamente habría sido rechazado por Harvard en su proceso de admisión. ¡Semejante afrenta! Pero Melania, elegante y puntual como siempre, salió a aclarar que eso es falso. Que su Barroncito no aplicó a Harvard, sino que se matriculó feliz en la Stern School of Business de NYU. Y como toda madre con Instagram, nos dejó saber que está muy orgullosa de él.

Entonces, si no fue Barron… ¿será que el trauma es del propio Donald?

Ahí la cosa se pone más interesante. Según revelaciones del periodista Michael Wolff, Trump habría intentado ingresar a Harvard en su juventud, allá por los años 60, pero fue rechazado. ¡Auch! Parece que la élite académica no vio con buenos ojos al joven neoyorquino de ego inflado y notas moderadas. Resultado: Trump terminó sus estudios en Fordham primero y luego en Wharton, la escuela de negocios de la Universidad de Pensilvania. Años después, Donald presumiría su paso por Wharton como si se tratara de un doctorado en física cuántica, aunque sus profesores recuerdan otra cosa. Uno de ellos, el profesor William Kelley, no tuvo pelos en la lengua: “Fue el estudiante más tonto que jamás enseñé”. Con amigos así, ¿quién necesita opositores?

Pero no nos quedemos en lo personal. Trump, experto en convertir asuntos privados en guerras públicas, ha usado su poder para arremeter contra Harvard con todo el peso del Estado. La acusa de ser una fábrica de liberales woke, de antisemitismo y de adoctrinamiento antiamericano. Y no contento con los insultos, le ha quitado fondos federales y ha amenazado con restringir el acceso de estudiantes internacionales. Es decir, le aplicó el “tú no me quieres, pues ahora no comes”.

Eso sí, lo de Harvard tampoco es gratuito. La universidad se ha mostrado crítica de las políticas de Trump, su manejo de la democracia y su retórica incendiaria. Así que la cosa no es unidireccional: esto es un clásico caso de “nos caemos mal y se nos nota”.

Ahora bien, ¿y si el verdadero problema no es Harvard, sino el espejo? Ese que le recuerda a Trump que el prestigio académico no se compra con edificios dorados ni con tuits virales, sino con méritos reales. Quizá el magnate-presidente no soporta que, por más torres que construya, hay puertas que nunca se abren. Ni con millones. Ni con votos.

Y entonces, ahí está: Trump contra Harvard. Harvard contra Trump. Una telenovela de egos, poder y diplomas que no fueron. Solo falta que Elon Musk compre Harvard y se la regale. Pero hasta eso, parece que la vieja universidad seguirá con su toga intacta y su desprecio altivo. Y Trump, con su venganza en curso.

rodriguezsluism9@gmail.com

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