El repliegue táctico de Trump: Ni Chicago, ni L.A., ni Portland (por ahora)
A pocas horas de que el 2025 expire, Donald Trump ha decidido darnos un respiro —o al menos una tregua mediática—. El miércoles, el mandatario anunció que mete la reversa en su plan de desplegar la Guardia Nacional en Chicago, Los Ángeles y Portland.
No es que al presidente se le haya ablandado el corazón con las «ciudades santuario» que tanto fustiga; es que los tribunales le han puesto una zancadilla de las que dejan moretón.
El guión parecía sacado de una película de acción de los 80: soldados patrullando avenidas, «zonas de guerra» declaradas por Twitter (ahora X) y gobernadores demócratas atrincherados en sus despachos legales. Pero la realidad jurídica ha sido más terca que la retórica de campaña.
En Los Ángeles: Los efectivos ya habían empezado a desfilar hacia la salida después de que un tribunal de California le devolviera el mando al gobernador Gavin Newsom. El Departamento de Justicia finalmente tiró la toalla esta semana y dejó de pelear la autoridad sobre esas tropas.
En Chicago: La Corte Suprema —sí, esa que Trump ayudó a moldear— le dio un «no» seco hace apenas unos días. Sin una base legal sólida (invocar la Insurrection Act no es tan fácil como parece), los soldados nunca llegaron a pisar el asfalto.
En Portland: Un juez federal en Oregón bloqueó permanentemente el despliegue, dejando al «zar de la frontera», Tom Homan, con los planes en la mano.
Para entender por qué Trump ha tenido que ceder, hay que mirar el mapa de poder que intentó redibujar este año.
Trump intentó «federalizar» a la Guardia Nacional (Título 10) para usarla a su antojo en operativos migratorios y contra el crimen. Los gobernadores recordaron que, bajo el Título 32, ellos son los jefes, a menos que haya una invasión o una insurrección real.
Ante la negativa de los gobernadores demócratas, Trump intentó traer tropas de estados republicanos (como Texas) hacia ciudades demócratas. El resultado: un caos logístico y legal que ha terminado en este anuncio de retirada.
Fiel a su estilo, Trump no se fue en silencio. En Truth Social, disparó su última ráfaga del año:
«Regresaremos, quizás de una forma mucho más diferente y fuerte, cuando la delincuencia vuelva a dispararse… ¡Sólo es cuestión de tiempo!»
El análisis de TeclaLibre: Trump no ha perdido la guerra, solo ha perdido un asalto jurídico. Al retirar las tropas ahora, evita que un fallo judicial definitivo le ate las manos para siempre. Es un movimiento de ajedrez: se retira para decir que las ciudades «se hundirán en el caos» sin él, esperando el momento justo para volver a intentarlo con una nueva estrategia legal o un decreto más afilado. Por ahora, los alcaldes de las ciudades señaladas respiran, pero mantienen el teléfono del abogado en marcado rápido. En la Casa Blanca, la orden parece ser: «Descansen, que en 2026 volvemos a la carga».
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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