Por Ana Mirtha Vargas /
Existe una coincidencia muy curiosa que los amantes de la investigación de lo que hay detrás de lo que se exhibe a simple vista nos gusta descifrar, y combatir el más temible demonio: la ignorancia. Muchas barajas tradicionales constan de 52 cartas (como la francesa), representando las 52 semanas del año, y los 4 palos simbolizan las estaciones
En la baraja española, aunque el número de cartas regularmente es 40 o 48.
La tradicional omite el personaje femenino. Tiene reyes, caballos y sotas, En adivinación, la sota es representa una mujer, aunque en realidad es un paje de pie, simboliza al criado o mensajero, originada en la Edad Media, utiliza sus cuatro palos para representar los principales grupos sociales de la época: los oros simbolizan la monarquía y el poder económico, las copas a la Iglesia y el poder moral, las espadas a la nobleza y la fuerza militar, y los bastos al pueblo trabajador. Cada palo se asocia además con un elemento: tierra, agua, aire y fuego respectivamente.
La baraja, dista de ser un simple instrumento de entretenimiento, encierra una complejidad
histórica y simbólica apasionante para quienes buscan comprender los misterios. A lo largo de los siglos, las cartas han sido interpretadas como reflejos de ciclos temporales, estructuras sociales y son portadoras de arquetipos universales.

Asimismo, existe una tradición que vincula cada uno de los reyes de la baraja francesa con
figuras históricas, otorgando un matiz adicional al simbolismo de estos personajes. El rey de corazones suele asociarse con Carlomagno, símbolo de poder y justicia; el rey de diamantes se vincula con Julio César, representante de la riqueza y el liderazgo militar; el rey de tréboles se relaciona con Alejandro Magno, emblema de conquista y expansión; y el rey de picas se identifica con el rey David, conocido por su sabiduría y temple.
Estas asociaciones históricas, no parecen tener ninguna sustentación oficial, pero han enriquecido el imaginario colectivo y profundizado la dimensión simbólica de las cartas a lo largo de los siglos.
Por otro lado, el tarot tradicional consta de 78 cartas, que algunas escuelas asocian con símbolos y ciclos astrológicos, esta interpretación tiende a ser mística. Según autores como Papus, en su obra “El Tarot de los Bohemios”, este mazo no fue ideado únicamente para el ocio, sino que desde sus orígenes estuvo ligado a tradiciones esotéricas. Papus reseña que el tarot es portador de un simbolismo ancestral utilizado como herramienta de autoconocimiento y adivinación mucho antes de que su uso se popularizara en ambientes recreativos.
Así, el tarot se configura como un sistema de sabiduría destinado a explorar los misterios de la vida y el destino humano, una perspectiva que también fue abordada y defendida por Carl Jung, quien introdujo el término de arquetipos y profundizó su estudio desde la psicología profunda.
En cuanto a la estructura de los mazos, el tarot incluye figuras como reinas, a diferencia de la baraja española, que omite este personaje femenino.
El simbolismo de los personajes también varía: mientras que la sota, vinculada a lo femenino y a la juventud, se representa como un paje o mensajero, la baraja española conserva los reyes, caballos y sotas, cada uno con un rol específico.
En definitiva, la baraja evidencia la evolución del juego y la cultura, además invita a una
reflexión sobre el poder del símbolo y la persistencia del misterio en las profundidades del
subconsciente.

