
Adjunto el poema Te cuento mi sueño, Walt Whitman de Carlos Márquez Cabrera
Poeta,
hermano,
padre,
cosmo,
cuatro décadas
se han ido y,
con ellas,
se marchó
mi potestad de sueños.
Mi padre, Yillo,
me ungió heredero
de sus oníricos sensores,
detectores
de duendes vagabundos
entre mundanales multitudes.
Los perdí,
luego que Martí,
un ángel cubano caribeño
me contó
los bregares celestiales
del inmenso Neruda.
Y,
luego de aquella mañana,
cuando en el Subway
de tu ínsula, Manhattan,
ante las atónitas miradas
de quienes me acompañaban
esperando el tren,
empecé a hablar
con tu figura de vientos.
Whitman,
recuerdo
que entonces,
te enrostré
desaciertos democráticos
retadores de gobiernos.
Hoy, he vuelto a tu patria.
Estoy aquí
en el Estado de los lagos,
donde se enseñorean
los grandes lagartos
y nerviosas ardillitas
avivan traspatios
correteando en los escrines.
Soy definitivo inmigrante
discurriendo entre millones
de turistas atraídos
por los fantásticos imanes
de los parques divertidos
de Walt Disney.
Aquí,
lo mismo que en la patria dominicana
me nutro del Sol distante,
pero padezco las furias
de huracanes
disolviendo vidas
y empobreciendo.
Volví a tu patria,
Walt Whitman
sobre aroma
de Café colao
por Tía Chea,
allá en la Joya
del Santiago inolvidable.
Sin honores
me recibieron
en el Estado Jardín,
donde honré taxes,
mientras
el mandatario de entonces
jamás tributó.
Sorteando la coviana pandemia,
junto a mi dulcinea santiaguense
ascendí a la nave
del humo de las lámparas
de la comadrona Colasita,
quien me cortó el ombligo
y pudimos arribar
al inverosímil
archipiélago floridiano.
Y así,
concierto de Sinsonte y cigarras,
colorido plumaje de Pajuil,
majestuosos flamingos,
pescadoras cigüeñas
y pelícanos
aperturaron sus alas bendecidas
reanudando el fluir
de los perdidos
sueños nocturnales
que me legó
mi padre bienamado.
Cosmo, hijo de Manhattan,
no pudo ser de otro modo.
Alegría de pajarillos,
mapaches huidizos
que rondan mi casa
por las noches,
diurnas ardillitas
aliadas al existir
vigente en Everglades,
y tus hojas de hierba
podadas por doquier,
se sumaron
al retorno milagroso
de mis oníricos momentos.
Entonces,
urge decirte
lo que repetidamente
revela mi dulce madrecita yerta.
Pidióme
que diligenciara verte.
Que convocara tu copiosa barba
y la conminara
a despertar a tu viejo capitán,
Abraham Lincoln
para que se levante
aguerrido en este instante
en que las patatas
y el bistec de tu democracia
ya rondan los sabores del peligro.
Maestro Whitman,
celebro tu goce
por la hazaña del capitán
que timoneó la nave
y las adversidades
del viaje
hacia la desesclavitud de derecho
sobre la patria de Adams,
de Washington
y de Jefferson.
Whitman,
Lincoln se colma de heroísmo
en el laberinto
de la confrontación inevitable
y forjjando la integración estadounidense
quitóle grilletes
a cada morenito en plantaciones.
En ti, Walt Whitman
el heroísmo brotó
del estruendoso manantial
de tu pluma
cuando rompió barrotes
y cadenas
de añejos móldenes
que retenían el albedrío
de los versos y la poesía.
Hoy,
en la incertidumbre
de un escenario luctuoso
que agobia mis lágrimas
por la abrupta partida
de mi niño grande, Rafael,
quien, como tú,
nació en Manhattan,
te reconozco
y te cuento
lo que acontece.
Lo mismo que en el 62,
cuando fuiste enfermero
en los campos de batalla,
tu patria vive un sisma social
y padece crisis moral.
Mi madrecita muerta
reveló en mi sueño
que la democracia que ensalzaste
y te llenó de goces
proyecta una la deriva.
Dijo que,
pese a los tiempos de Litio,
de Grafeno y Tierras Raras,
que pese al tiempo de las redes,
del asombro del genoma humano
y la realidad microbiota
de las naves sin conductor
y de la artificial inteligencia,
aquí, en tu terruño,
Walt Whitman
y más allá,
desfazados seres
conflagradores impenitentes,
persisten, no cesan
forjando el exterminio
oriundo de un mercado
de armamentos
que enriquece algunos cuantos.
Reveló que,
supremacistas de ayer
han vuelto del tiempo
extraviado del camino
para asaltar capitolios
que conmovieron el mundo.
Doña Zaida,
fundamento de mi existir,
hija de Calín Cabrera
y nieta de Papa Musú,
me conminó a invocar
tu gigantesca barba
para que reanimes
al glorioso capitán
cobardemente martirizado
por plantadores resentidos.
Pidióme,
que tú, apeles
a la pericia
de tu capitán,
Abraham Lincoln
a fin de balancear
la nao de la democracia.
Cosmo, hijo de Manhattan,
estoy aquí, en tu lar
y me concierne
el vendaval libertario independentista,
aquel arcoíris de ideas,
de colores y sus cultos transitando.
Siendo inmigrante definitorio,
me atañe
la igualdad de los seres
y por ello,
mi sueño
te lo cuento,
Walt Whitman, mi sueño,
te lo cuento, Walt Whitman,
te lo cuento.
AUTOR: Carlos Márquez
22 de noviembre 2024
Kissimmee, Florida EEUU.

