91 Drones y una Mesa Rota: El Jaque de Kiev al Idilio Trump-Putin
Moscú – El aire en el Kremlin no está para bromas. Lo que pudo ser un martes de café y estrategia diplomática se convirtió en un parte de guerra con tintes de thriller político. La noticia: un enjambre de 91 drones ucranianos apuntó directamente a la nuca de Vladímir Putin, buscando su residencia oficial en Nóvgorod. Pero el verdadero impacto no fue en el hormigón, sino en la mesa de negociaciones de Mar-a-Lago.
Imaginen el radar ruso encendiéndose como un árbol de Navidad. Noventa y un drones de largo alcance cruzando la frontera, no hacia un depósito de municiones cualquiera, sino hacia el descanso del jefe. La defensa antiaérea hizo su trabajo (esta vez), pero el mensaje de Kiev llegó nítido: «Podemos tocarte donde duermes».
Sin embargo, el Kremlin, lejos de mostrar pánico, ha sacado el manual de ajedrez político.
Dmitri Peskov (El Vocero): Con la calma de quien ya tiene el dedo en el botón, soltó la frase que congela el ambiente: «Nuestras Fuerzas Armadas saben cómo, con qué y cuándo responder». No es una amenaza al aire; es una hoja de ruta ya firmada.
Donald Trump (El Invitado de Piedra): Según los rusos, Trump está «atónito». Para Moscú, este ataque no fue contra Putin, fue una bofetada en la cara del magnate. Kiev le habría enviado un mensaje a Florida: «Tu plan de paz nos importa poco si no es bajo nuestros términos».
Serguéi Lavrov (El Canciller): El hombre que nunca sonríe fue quirúrgico. El ataque ocurrió justo después de las intensas charlas con el equipo de Trump. Para Lavrov, esto es «terrorismo de Estado» diseñado para dinamitar el puente que Moscú y Washington están intentando construir sobre el cadáver del conflicto.
En los pasillos de poder se barajan dos lecturas de este «domingo de drones»:
La Teoría de la Agonía: Como dice la Duma rusa, Kiev está contra las cuerdas y lanza golpes de ciego. Un «todo o nada» para forzar a Occidente a reaccionar antes de que Trump les corte el flujo de dinero.
El Sabotaje Diplomático: Esta es la que más le duele a la Casa Blanca entrante. Si Rusia responde con una brutalidad desmedida (como ha prometido Peskov), la «paz de Trump» nacerá muerta. Kiev sabe que un escalamiento masivo hace que cualquier negociación sea políticamente imposible para Trump.
María Zajárova, la voz de la Cancillería, no se guardó los adjetivos: tildó al gobierno de Zelenski de «chusma rabiosa». Para el Kremlin, Zelenski ya no es un interlocutor, es un estorbo que está tratando de ensuciar el traje de gala de la diplomacia ruso-estadounidense.
Lo que hay que vigilar en las próximas 48 horas no es solo el cielo de Kiev, sino el teléfono de Mar-a-Lago. Si Trump sale a condenar el ataque con la misma dureza que el Kremlin, estaremos ante el fin oficial de la alianza Ucrania-EE. UU. tal como la conocíamos.
Rusia ya tiene el «cuándo y el cómo». Ahora solo falta ver si el «con qué» será un misil sobre Kiev o una firma en un tratado que deje a Ucrania fuera de la ecuación.
–Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre–
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