La Cumbre de la OCS en Kirguistán y la fractura del orden geopolítico global
BISKEK / SANTO DOMINGO.— En un tablero internacional sacudido por múltiples focos de conflagración y reconfiguraciones de poder, la reciente Cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), celebrada del 31 de agosto al 1 de septiembre en Biskek, Kirguistán, se erige como una radiografía inequívoca de la gran grieta geopolítica del siglo XXI.
El foro multilateral —que reunió a los principales líderes de Eurasia, incluidos Xi Jinping (China), Vladímir Putin (Rusia), Narendra Modi (India) y Masoud Pezeshkian (Irán)— ha servido como escenario de consolidación para un bloque que desafía de manera directa la hegemonía política, financiera y militar ejercida tradicionalmente por Estados Unidos, la Unión Europea y el conjunto de Occidente.
La adopción de la Declaración de Biskek no solo formalizó hojas de ruta para la conectividad logística y el transporte transcontinental, sino que aceleró pasos clave en la estructura de seguridad y finanzas del bloque:
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Sistemas financieros paralelos: En una respuesta directa a las sanciones impulsadas por Washington y Bruselas, los países miembros reafirmaron su compromiso de profundizar el comercio en monedas locales (yuanes, rublos, rupias), debilitando progresivamente la hegemonía del dólar estadounidense.
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Seguridad y lucha contra amenazas: La formalización de un Centro Universal para Combatir Amenazas y Desafíos busca blindar a Asia Central frente al crimen transnacional y la inestabilidad política regional.
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Equilibrios e intersecciones: El encuentro bilateral entre Vladímir Putin y Narendra Modi reflejó la delicada «autonomía estratégica» de India. Mientras Nueva Delhi exhortó a transitar «hacia el fin de la guerra» en el frente europeo, mantuvo firmes sus lazos comerciales y energéticos con Moscú. A su vez, el acercamiento diplomático entre India y China sirvió para despresurizar las históricas fricciones fronterizas en favor de un frente común de estabilidad.
El contexto global: Un mundo atrapado en múltiples frentes
El mensaje salido de Biskek cobra una dimensión aún más crítica al proyectarse sobre las crisis paralelas que desestabilizan el escenario internacional:
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│ CUMBRE DE LA OCS (BISKEK) │
│ China - Rusia - India - Irán - Pakistán │
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│ GUERRA EN │ │ TENSIÓN EE.UU. │ │ CRISIS EN │
│ EUROPA │ │ E IRÁN │ │ MEDIO ORIENTE │
│ Rusia - Ucrania│ │ Disuasión y │ │ Israel y la │
│ y apoyo OTAN │ │ sanciones │ │ región │
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1. La guerra Rusia-Ucrania
Para el Kremlin, la OCS actúa como el pulmón diplomático y económico que neutraliza las pretensiones de aislamiento occidental. Con el respaldo de Pekín y la neutralidad activa de Nueva Delhi, Rusia demuestra que su economía sigue integrada en las rutas comerciales de Eurasia, mientras la prolongación del conflicto en Europa del Este desgasta los presupuestos de la OTAN.
2. La escalada Estados Unidos – Irán
La presencia formal de Teherán en la cumbre refuerza el blindaje del régimen iraní ante la presión de Washington. El acercamiento estratégico de Irán a Pekín y Moscú le otorga margen de maniobra económico y político, limitando la efectividad de la campaña de máxima presión estadounidense.
3. El polvorín de Israel y Medio Oriente
Las operaciones militares y el aumento de la violencia en Medio Oriente han empujado a gran parte del mundo árabe e islámico a mirar con simpatía la construcción de un orden multipolar. China y Rusia capitalizan el descontento de la región frente a la postura diplomática de Estados Unidos e Israel, posicionándose como mediadores alternativos en los grandes diferendos del Sur Global.
Lectura geopolítica: Hacia un sistema multipolar inexorable
La Cumbre de la OCS deja en evidencia que el mundo ya no gravita bajo una única superpotencia ni bajo la arquitectura institucional heredada de la Posguerra o del fin de la Guerra Fría.
Mientras Occidente procura mantener la cohesión a través de la OTAN, las sanciones internacionales y las alianzas atlánticas, el eje euroasiático acelera la creación de un ecosistema multipolar dotado de sus propias rutas de suministro, sus propios foros de seguridad y un sistema de pagos ajeno al circuito SWIFT.
Para los países emergentes y las naciones del Sur Global, la consolidación de este bloque abre una era de pragmatismo: la oportunidad de diversificar alianzas sin alinearse de manera exclusiva con ningún centro de poder. La gran interrogante para los próximos años será si esta competencia entre bloques derivará en una coexistencia regulada o en una fragmentación aún más profunda de la economía y la seguridad global.


