-Redacción de TeclaLibre-
Falta tiempo en el almanaque, pero en la trastienda de la política dominicana los relojes corren desbocados. Las mediciones más recientes de la opinión pública revelan un dato inequívoco que debería quitarle el sueño a más de un estratega tradicional: más de la mitad del electorado no se siente atado a ningún sello partidario. La política local dejó de ser un mapa rígido de franjas y colores para convertirse en un terreno líquido donde los nombres pesan más que los logotipos.
En el Partido Revolucionario Moderno (PRM), la gestión del poder se enfrenta a su prueba de fuego histórica: tramitar una sucesión sin Luis Abinader en la boleta. Las encuestas colocan a David Collado en la delantera de las preferencias generales y del padrón perremeísta, apalancado en una imagen de gestión técnica, discurso moderado y escaso rechazo en las clases medias e independientes. Detrás, Carolina Mejía exhibe la musculatura del control territorial y la fortaleza orgánica que otorga la capital.
Sin embargo, la verdadera prueba del PRM no estará en los números de sus precandidatos, sino en la contención de sus costuras internas. Las aspiraciones de cuadros doctrinarios como Guido Gómez Mazara, Wellington Arnaud o Tony Peña Guaba —sumadas al perfil institucional de Raquel Peña— exigirán un ejercicio de alta filigrana política para evitar fracturas en las primarias.
La Fuerza del Pueblo y la paradoja de los Fernández
En la acera opositora, la Fuerza del Pueblo consolida su estatus como principal bloque contendiente, navega en un dilema generacional insólito, que al parecer le esta siendo provechoso. Leonel Fernández retiene con puño de hierro el fervor de la base militante verde, superando holgadamente cualquier «disputa» interna. Y en la cancha de la población general y el voto joven, la figura de Omar Fernández registra mayor nivel de simpatía y menor tasa de rechazo.
El debate estratégico no es menor: ¿apostará el partido por el peso histórico de su líder fundador para un último intento, o dará el salto hacia el relevo anticipado que demanda el electorado independiente?
La travesía del PLD y el ruido de la antipolítica
El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) intenta recomponer sus piezas en las provincias para frenar el desgaste. Curiosamente, en las mediciones aflora con vigor el recuerdo de la base electoral de Gonzalo Castillo, mientras figuras como Francisco Javier García apuestan a la articulación táctica, y Abel Martínez o Francisco Domínguez Brito intentan proyectar capacidad de gestión probada. La gran incógnita del peledeísmo sigue siendo si logrará un entendimiento de segunda vuelta con la Fuerza del Pueblo o si su aislamiento decretará la continuidad oficialista.
Como telón de fondo, la irrupción de fenómenos extrapolíticos —mencionados ya de forma recurrente en los sondeos— no hace más que confirmar la desafección ciudadana. Cuando las plataformas digitales y los aros de luz comienzan a marcar intención de voto, no estamos ante una anécdota mediática, sino ante un severo llamado de atención a la clase política tradicional.
Quien no sepa interpretar a esa enorme franja de dominicanos que hoy observa en silencio y sin carnet en la cartera, se despertará en el 2028 descubriendo que las elecciones ya no se ganan solo en los comités intermedios, sino en la capacidad de conectar con el desencanto.


