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LA BACHATA PREGUNTA DÓNDE ESTA SU LUGAR EN LOS GRAMMY

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Latin Grammy 2026: Prince Royce cuestiona la ausencia de la bachata y abre un debate sobre la música latina

-Royce cuestiona que la categoría de Merengue/Bachata no tenga un solo álbum esencialmente bachatero. El reclamo abre una discusión mayor sobre identidad cultural, popularidad, industria y los criterios con que se premia hoy la música latina-

Hay controversias que nacen de una derrota y otras que nacen de una pregunta. La de Prince Royce pertenece a la segunda categoría.

El cantante de origen dominicano cuestionó públicamente las nominaciones de los Latin Grammy 2026 porque, según su apreciación, ninguno de los cinco álbumes nominados en la categoría Mejor Álbum de Merengue y/o Bachata es realmente un proyecto de bachata. Más aún, calculó que apenas alrededor del 15 % de la música contenida en esos trabajos correspondería al género.

Su reclamo fue directo: ¿dónde está la representación de la bachata?

Y aquí comienza una discusión bastante más grande que el disgusto de un artista que este año tampoco consiguió nominación.

Porque la bachata no está reclamando solamente una estatuilla. Está reclamando, de alguna manera, que una parte de su identidad cultural no termine diluida dentro de una etiqueta demasiado amplia.

La paradoja resulta casi humorística.

De los cinco nominados en esta categoría para la gala del 12 de noviembre en Las Vegas, cuatro son dominicanos: Manerra, Gabriel Pagán, Covi Quintana y Techy Fatule. La colombiana Fariana completa la lista.

Es decir, dominicanos hay.

Pero Prince Royce sostiene que eso no significa necesariamente que la bachata esté representada.

Y ahí su argumento adquiere una dimensión interesante: una nacionalidad no es un género musical.

Que un artista sea dominicano no convierte automáticamente su música en bachata, de la misma manera que ser brasileño no convierte una canción en samba ni ser argentino transforma cualquier grabación en tango.

La Academia Latina de la Grabación tendrá sus propios criterios de elegibilidad y clasificación. Pero el debate planteado por Royce obliga a mirar algo que a veces se pierde entre categorías, formularios y votaciones: los géneros musicales también son patrimonio cultural.

La bachata no es simplemente cuatro cuerdas, una guitarra y una canción de amores contrariados. Es historia dominicana.

De música de barrio a fenómeno mundial

La ironía es que la bachata nunca había tenido tanta proyección internacional.

Durante décadas fue asociada a sectores populares y a espacios marginales de la sociedad dominicana. Hoy es uno de los sonidos latinoamericanos con mayor reconocimiento global.

Juan Luis Guerra, Romeo Santos, Aventura y Prince Royce, entre otros, ayudaron a llevarla a escenarios internacionales, emisoras, plataformas digitales y grandes estadios.

Romeo Santos convirtió la bachata en un producto global sin desprenderla completamente de su raíz dominicana. Prince Royce hizo algo parecido desde Nueva York, conectando la tradición con una generación criada entre dos culturas.

Por eso resulta especialmente llamativo que la canción “Better Late Than Never”, colaboración de Prince Royce y Romeo Santos, no haya conseguido una nominación este año.

Prince Royce acumula 15 nominaciones a lo largo de su carrera, pero nunca ha obtenido el premio.

Y esta vez, además de quedarse fuera de la boleta, terminó cuestionando públicamente el funcionamiento de una categoría que lleva el nombre del género que ha defendido durante buena parte de su carrera.

Pero hay que mirar también el otro lado

Aquí conviene bajar un poco el volumen de la bachata y subir el del periodismo.

Porque una cosa es la percepción de Prince Royce y otra es demostrar que los Latin Grammy hayan manipulado deliberadamente una categoría.

La Academia sostiene que sus premios no se conceden simplemente por popularidad, reproducciones o ventas. Su CEO, Manuel Abud, ha defendido públicamente que el objetivo es reconocer la excelencia musical.

El proceso contempla inscripciones de artistas y compañías discográficas, revisión de elegibilidad, votaciones de miembros de la Academia para determinar las nominaciones y una votación posterior para seleccionar a los ganadores. La organización señala además que sus votos son tabulados por la firma independiente Deloitte.

Por tanto, no sería periodísticamente responsable convertir el reclamo de Royce en una acusación probada de favoritismo.

Pero tampoco habría que despacharlo como una pataleta.

Porque una institución puede tener reglas perfectamente establecidas y, aun así, producir resultados que generen preguntas legítimas.

Y esta pregunta existe:

¿Una categoría de Merengue/Bachata debería garantizar que ambas expresiones tengan una presencia musical sustancial, o basta con que los trabajos cumplan los criterios establecidos por la Academia?

Ahí está el verdadero debate.

Una categoría que ya cuenta su propia historia

La controversia tampoco puede analizarse como si la bachata hubiese sido siempre ignorada por los Latin Grammy.

La categoría originalmente fue creada como Mejor Álbum de Merengue. Posteriormente desapareció y regresó incorporando la bachata.

Y la bachata ha tenido protagonismo.

En 2023, por ejemplo, se produjo un empate entre Romeo Santos, con Fórmula, Vol. 3, y Sergio Vargas, con A Mi Manera.

Eso demuestra que la Academia sí ha reconocido trabajos de bachata y que sería incorrecto afirmar que el género ha sido históricamente excluido.

La discusión de 2026 es otra.

Es si la combinación “merengue y/o bachata” está funcionando como una categoría suficientemente representativa de dos géneros con historias, estructuras y públicos diferentes.

El problema es que la música cambió

Y aquí los Latin Grammy tienen un problema que probablemente no resolverán cambiando un nombre.

La música latina se ha vuelto una enorme licuadora.

Una producción puede comenzar con bachata, incorporar pop, utilizar arreglos urbanos, añadir elementos electrónicos y terminar sonando completamente diferente a aquello que tradicionalmente identificábamos como un género.

Lo mismo ocurre con el merengue.

La frontera entre géneros se ha vuelto porosa.

La Academia ha tenido que modificar categorías y criterios para adaptarse a esa transformación. En 2026, incluso, se introdujeron cambios relacionados con música urbana en portugués y otras áreas.

La industria musical ya no funciona como las viejas tiendas de discos, donde cada género tenía su estante perfectamente identificado.

Hoy el algoritmo manda canciones de bachata a públicos que jamás comprarían un disco de bachata.

Y ahí aparece otra paradoja:

los géneros necesitan conservar su identidad precisamente cuando la industria tiene más interés que nunca en mezclarlos.

¿Premios de la música o premios de la industria?

La pregunta de Prince Royce sobre el supuesto “concurso de popularidad” abre otra ventana.

La Academia afirma que no premia popularidad.

Pero nadie puede ignorar que alrededor de cualquier gran premio existe una maquinaria de promoción: sellos discográficos, publicistas, relaciones públicas, presentaciones, entrevistas, redes sociales, campañas y visibilidad.

Eso no significa que esas herramientas determinen ilegalmente una nominación.

Significa que la música profesional dejó de ser solamente una cuestión de canciones.

También es industria.

Y cuando una industria entrega premios, inevitablemente aparece la discusión sobre cuánto pesa la obra y cuánto pesa el ecosistema que la rodea.

La bachata frente al espejo

Quizá el verdadero asunto no sea Prince Royce contra los Latin Grammy.

Es la bachata frente a un espejo.

Una música que nació en República Dominicana, que durante años fue mirada con desdén por determinados sectores sociales, que sobrevivió a prejuicios, que conquistó generaciones y que finalmente terminó convertida en producto global.

Ahora tiene que responder otra pregunta:

¿Cómo conservar su identidad cuando el mundo entero quiere consumirla?

Porque internacionalizar un género tiene ventajas evidentes. Le abre mercados, escenarios y oportunidades.

Pero también tiene un riesgo: que su nombre sobreviva mientras su esencia se va diluyendo.

Conclusión TeclaLibre

Los Latin Grammy no tienen que convertir la bachata en una pieza de museo.

Tampoco tienen que garantizarle una nominación a ningún artista por el simple hecho de defenderla.

Pero una categoría que lleva el nombre de merengue y bachata inevitablemente queda expuesta a una pregunta legítima cada vez que una de esas expresiones parece quedar en segundo plano.

Prince Royce ha puesto el dedo sobre esa herida.

La Academia responde que sus premios no son concursos de popularidad, sino reconocimientos a la excelencia musical.

Perfecto.

Entonces el debate puede ser todavía más interesante:

¿Qué entendemos exactamente por excelencia cuando estamos hablando de géneros que también representan historia, identidad y cultura?

Porque la bachata ya ganó el mundo.

Ahora parece estar preguntando si, después de conquistar las plataformas, los estadios y las grandes audiencias, también tiene asegurado un asiento en la mesa donde se decide qué música merece ser reconocida.

Y, como suele ocurrir en estas cosas, quizá la pregunta no sea quién tiene la razón.

Quizá la pregunta sea mucho más incómoda:

¿Quién está definiendo hoy lo que llamamos música latina?

-La redacción de TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com  https://teclalibremultimedios.com/category/portada/

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