-Ginecología para hombres y bisturíes fantasmas: Así operaba el cartel médico que desangró a Senasa-
Hombres recibiendo consultas ginecológicas y cirugías a pacientes que estaban fuera del país. La Operación Cobra 2.0-A destapa una red de médicos y exempleados que estafó a Senasa con más de 41 millones de pesos a través de pacientes fantasma.
El crimen perfecto necesita de víctimas silenciosas, pero la avaricia suele ser ruidosa y, a veces, un tanto absurda. En los registros del Seguro Nacional de Salud (Senasa), la maquinaria de un fraude millonario corría a toda marcha hasta que los números dejaron de tener sentido médico: hombres facturando consultas de ginecología especializada y pacientes sometidos a «cirugías menores» mientras, en la vida real, se encontraban trabajando, de viaje o incluso fuera del país. No era un milagro científico; era la Operación Cobra 2.0-A.
La anatomía de un paciente perfecto
Para ordeñar los fondos del Estado, la red necesitaba una materia prima muy específica: el olvido. Según las investigaciones del Ministerio Público, la estructura criminal, compuesta por médicos y exempleados de Senasa, se adentraba en las bases de datos de la aseguradora con una misión de relojería. No buscaban a cualquier afiliado, sino a aquellos con un «bajo historial de interacción institucional».
Eran el blanco ideal. Personas sanas que casi nunca usaban su carnet y que, por tanto, jamás revisarían su historial de consumo. Una vez seleccionado el perfil, los topos dentro de la institución hacían su magia. Extraían la información confidencial y realizaban llamadas al centro de atención haciéndose pasar por los asegurados, ocultándose detrás de alias como «Pedro Martínez» o «Amatiris Gutiérrez».
Con la autorización en mano, entraba en escena el bisturí fantasma. Se llenaban formularios para procedimientos que nadie solicitó, se inventaban diagnósticos y, como estocada final, se falsificaban las firmas de los afiliados. El Instituto Nacional de Ciencias Forenses (INACIF) lo confirmaría más tarde: los trazos en los papeles no pertenecían a los dueños de los seguros.
El código del silencio y el «San de madre»
Pero los papeles falsos no cobran cheques; se necesitaban firmas con peso legal. Es aquí donde los profesionales de la salud se convertían en mercaderes. Los médicos investigados prestaban sus códigos de proveedores autorizados para sellar las reclamaciones y darle una fachada de pulcritud al desfalco.
Una vez que Senasa depositaba los honorarios por estos servicios inventados, comenzaba el verdadero negocio: el retorno. Como si se tratara de una mafia clásica, los galenos debían devolver entre el 40 % y el 60 % de las ganancias a los cabecillas de la red.
Las transferencias hacia las cuentas de operadores como Ángel Luis Guzmán Vásquez no decían «soborno» o «comisión por fraude». En un intento casi tragicómico de despistar al sistema financiero, el dinero sucio viajaba disfrazado de la cotidianidad dominicana, utilizando conceptos de transferencia bancaria como «pago a san de madre», «San de tu madre» o un simple «pago préstamo».
Los millones que no cuadran
Entre enero de 2021 y febrero de 2025, el cartel de batas blancas logró procesar 4,363 autorizaciones por un monto de RD$41,125,551.02.
El rastro del dinero fue la perdición de Guzmán Vásquez. Mientras sus reportes a la Tesorería de la Seguridad Social lo presentaban como un asalariado que apenas acumuló RD$1.45 millones en siete años (2015-2022), sus cuentas bancarias vivían una fiesta. El Ministerio Público detectó una «alta rotación de liquidez»: RD$64.8 millones entrando y RD$64.4 millones saliendo. Matemáticas que ninguna nómina legal podría justificar.
La mordedura de la Cobra
El exceso de confianza rompió el saco. Las auditorías de Senasa en 2024 detectaron las abismales irregularidades: duplicidad de prestaciones, procedimientos impertinentes y los ya mencionados hombres acudiendo al ginecólogo. Al entrevistar a las víctimas, la respuesta unánime fue rotunda: «No solicitamos, no firmamos, ni recibimos nada».
Este viernes, la burbuja reventó. Bajo el nombre de «Caso SeNaSa – Doctores» en su etapa de planificación, la Operación Cobra 2.0-A desplegó a 45 fiscales, 200 policías y agentes del DNI en 37 allanamientos simultáneos desde el Distrito Nacional hasta Santiago y La Vega. El saldo: 28 personas que pasaron de consultar expedientes a convertirse en uno.
El Ministerio Público tiene ahora el reto de llevar esta radiografía de la corrupción a los tribunales. Mientras tanto, en las oficinas de Senasa, queda la lección de que en la era digital, hasta los pacientes fantasma dejan huellas.
-Por la redacción de TeclaLibre-
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