«Anacaona» poemario de la Dra. Ofelia Berrido, es una obra de arte literaria y visual que merece estar colocado en un lugar de primacía en nuestras bibliotecas y/o hogares, es un canto, un lamento, un grito que se escucha, después de Quinientos años Anacaona rediviva en el recuerdo y la admiración de la poeta Berrido y de todos los que sentimos la poesía en nuestra piel y la vemos recorrer en su litera agitando pencas de palma en el caney, plena de gracia y belleza a esta mujer valiente, inteligente, poeta y lideresa del Cacicazgo de Jaragua que asume con autoridad a la muerte de su hermano el Cacique Bohechio y representa la raza aborigen exterminada.
Ofelia Berrido: “eres la no existencia manifiesta” …” viajera de luz en la oscuridad” …” tu herencia es el cultivo de la verdad”
Este poemario fue patrocinado por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, es un reconocimiento a la necesaria preservación de nuestra fauna y flora, consta de doscientas cincuenta y siete (257) páginas a todo color, el prefacio autoría de María Teresa Ruiz de Catrain, el prólogo de José Enrique Delmonte, Relato visual de Mayra Johnson, epilogo de Pura Emeterio Rondón, editor José Enrique García, Imagen de la portada de Parmelia Matos de Calventi, diagramación de Jesús Alberto de la Cruz, fotógrafos conservacionistas: Juan J. de los Santos, Alejandra Oliver, Jiny Elena Ramos, Carmen Inés Bencosme, Parmelia Matos de Calventi, Dennise Morales Pou, Pedro Genaro Rodríguez.
La destacada ensayista Pura Emeterio Rondón es la autora del epilogo:
“¡Oh, Anacaona! “Barro y estrella” y mito. La historia de la humanidad, contada fundamentalmente por varones, ha construido y nos ha transmitido una imaginería cargada de misterios en torno a la mujer…sirenas, musas, amazonas, ciguapas, tenemos a Yemaya, a Dulcinea, a Yelidá”
Pura Emeterio, quien a la vez, merece ser mejor conocida, por ser una ensayista y crítica literaria, de una trayectoria académica nacional e internacional, trascendente, reconoce la invisibilidad de la mujer en la historiografía nacional.
El canto III:
Tus cánticos nocturnos aún se escuchan/ y el areito revive en tu voz. / ¡Oh, Anacaona, Anacaona!… / Te elevaste para descender en ti misma, / Convertida en relámpago y trueno… / en flor de caña, aleteo de pájaro y tambor…
El canto IV: “Tu corazón… late en nuestro pecho / para recordarnos que somos barro y estrella…
Evoca el caney la manera tranquila en que vivían nuestros nativos:
¡Ah, Anacaona!… / Quiero volar, sin tormentos, / y nadar como un pez/ por las aguas cristalinas del comienzo. / Quiero vivir como tú, / Caonabo, Enriquillo y Bohechío.
Se escucha el clamor: “Oye el llanto y las plegarias… “‘Anacaona’, madre de las aguas” dioses de los vientos aplaquen sus furias”,
Ahora más que nunca te pedimos Anacaona, Madre de las Aguas, ahora que nuestros mejores dominicanos claman en nuestras montañas y valles para que no nos quedemos sin agua, para que no muramos de sed, para que nuestros hijos y nietos puedan disfrutar de su terruño y de bellos paisajes y el verdor permanezca.
“Esclavos somos de la palabra vana…esclavos en la oquedad propia y salvaje”, totalmente de acuerdo con la poeta Berrido, palabras vanas, vacías, sin contenido nos saturan el ambiente.
Mario Benedetti en su poema PAUSA nos invita a detenernos un poco y reflexionar:
De vez en cuando hay que hacer/ una pausa / contemplarse a sí mismo/ sin la fruición cotidiana/ examinar el pasado / rubro por rubro / etapa por etapa / baldosa por baldosa / y no llorarse las mentiras / sino cantarse las verdades.
El inmenso Pablo Neruda en su Versainograma a Santo Domingo:
Aunque hace siglos de esta historia amarga/Por amarga y por vieja se las cuento/ Porque las cosas no se aclaran nunca/ Con el olvido ni con el silencio.
La poeta Berrido se lamenta:
“Ya nada alienta las ilusiones. / la realidad violenta se perpetua/en la vibración del látigo que es viento/ y en el sollozo nocturno de la espesura” // Las inconsolables flores/ no derraman su aroma, / no convocan los pájaros, / no deleitan las abejas.
El canto VI:
“Profanaron la inocencia /bajo la luz de los diamantes del sur/ sobre las hojas escarlatas /y el rugir del cuerpo quebrantado del Jaragua. // No hubo lágrimas /solo el grito callado mandado de la barbarie /que violentó el alma taína y su fiereza. //Desde aquel miserable día, / desde aquella noche vil/ andan de un lado para otro /fracturando la existencia…
/Escapan resueltos los años y los siglos/ y el terrible mal atrapa una y otra vez la caribeña piel”
“la bestia…se cree dueña de almas/ y con su maldad sin fin…/ golpea y mata”
Anacaona, la Flor de Oro, la Cacica de Jaragua es traicionada de manera artera en el convite, ella venia ataviada con sus mejores sedas para la ocasión del encuentro con ellos, ‘los furiosos’, fue cortada de la tierra brutalmente, ahorcada en 1504, a la vista de todos.
La última estrofa del poema se escucha la petición:
“Anacaona, cobija en tu regazo a tu dulce pueblo, / mantén el higüero lleno. / Y cuando el murmullo del Ozama traiga recuerdos… / Ya no hay formas ni límites;/ solo la voz que trepa las alturas del silencio”
La historia la escriben los vencedores, lo que sabemos de Anacaona nos llega a través de los frailes Bartolomé de las Casas, Cipriano de Utrera, Pedro Mártir de Anglería, Rodrigo Fernández de Oviedo, la novela de Manuel de Js. Galván “Enriquillo” quien era sobrino de Anacaona, “El voto de Anacaona” y “El adiós de Anacaona” del poeta José Joaquín Pérez, y el poema “Anacaona” de la Poeta de la Patria, la Poeta Mayor: Salomé Ureña.… este poemario que viene a enriquecer la bibliografía sobre Anacaona.
Tenemos una Avenida que honra a la Cacica de Jaragua: Anacaona, pero también tenemos una que lleva el nombre de Ovando su verdugo, tenemos una estatua donde Anacaona está en los pies de su verdugo Colón… “la india desnuda que, a las plantas del Descubridor, la voluntad del estatutario, rinde el homenaje de su raza exterminada”. (Tulio Manuel Cestero. Ciudad romántica)
Anacaona vive y vivirá por siempre en el recuerdo por ser una mujer que simboliza toda una raza inmortal, raza exterminada que amaba la libertad y la naturaleza.
Muchas Gracias a todos los que hicieron posible este derroche de belleza con este poemario desbordante de bellas imágenes teniendo en el centro a Anacaona.
Rosina Anglada
25 de marzo 2021



