-El temblor de magnitud 7,4 saca a la luz la fisura institucional: mientras la búsqueda de supervivientes contra el reloj exige brazos y tecnología sobre el terreno, el Ejecutivo frena la llegada de rescate internacional y prioriza el auxilio financiero, desatando una severa controversia ética y política-
Mientras las palas y los perros de búsqueda arañan el hormigón en Pereira intentando robarle minutos a la muerte tras el devastador sismo de magnitud 7,4, en las altas esferas del poder la urgencia parece llevar otro ritmo. Con una cifra preliminar que escala a 224 fallecidos y cientos de heridos, el foco de la tragedia ha virado abruptamente del barro de los rescates al mostrador de la diplomacia.
La controversia estalló cuando el presidente salvadoreño, Nayib Bukele, puso sobre la mesa lo que en los pasillos oficiales se manejaba con sigilo: la reticencia del Ejecutivo colombiano a recibir brigadas internacionales de salvamento, priorizando en su lugar la solicitud de «únicamente ayudas económicas». La revelación encendió de inmediato los alarmas de la oposición interna, donde figuras como la senadora Jennifer Pedraza recordaron una máxima elemental de la gestión de desastres: en las primeras 72 horas bajo los escombros, el tiempo no es dinero, es oxígeno.
Burocracia a 7,4 grados en la escala de la ironía
Condicionar la mano tendida del exterior a la transferencia bancaria mientras hay ciudadanos atrapados en Pereira plantea un dilema ético severo. El dinero no remueve losas de concreto ni detecta latidos bajo las ruinas; el personal especializado, sí.
Para la narrativa gubernamental, permitir el desembarco masivo de socorristas extranjeros suele interpretarse en los manuales de imagen pública como una confesión de impotencia estatal. Exigir recursos financieros permite, en cambio, presentar la crisis como un asunto de «reconstrucción administrada».
La ayuda humanitaria ha quedado atrapada en la habitual guerra de trincheras en X. Mientras la Cancillería promete la llegada inminente de vuelos con asistencia, omite precisar si en los hangares aterrizarán equipos con sensores de vida o simplemente cargamentos institucionales con sello de trámite.
El reloj biológico de los supervivientes no entiende de auditorías presupuestarias ni de celo geopolítico. Mientras las familias esperan milagros entre los restos del desastre, el protocolo oficial sigue midiendo la solidaridad en divisas en lugar de horas de rescate.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada


