La XVIII Cumbre de los BRICS, bajo la presidencia rotatoria de la India y con el lema «Construyendo para la Resiliencia, Innovación, Cooperación y Sostenibilidad», reunió a los principales líderes del llamado «Sur Global».

Entre los asistentes destacaron el anfitrión Narendra Modi (India), Vladimir Putin (Rusia), Xi Jinping (China) y el presidente iraní Masoud Pezeshkian. La gran ausencia, y no sin cierta ironía, fue la del brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, quien delegó su representación en su ministro de Exteriores debido a compromisos electorales en su país.
Los Puntos Clave de la Declaración de Nueva Delhi
El documento final de la cumbre, adoptado por unanimidad, refleja las ambiciones del bloque ampliado (ahora con 11 miembros), pero también sus crecientes contradicciones internas:
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Economía y Desdolarización: Como era de esperarse, el bloque reiteró su rechazo a las sanciones económicas unilaterales (un claro dardo a Occidente) y acordó avanzar hacia sistemas de pago transfronterizos más rápidos y baratos, impulsando el uso de monedas locales para reducir la dependencia del dólar.
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Reforma Institucional: Exigieron una mayor representación de los países en desarrollo en instituciones clave como el Consejo de Seguridad de la ONU, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. Modi fue enfático al decir que el Sur Global debe dejar de ser un «tomador de reglas» para convertirse en un «creador de reglas».
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Geopolítica y Tensiones en Medio Oriente: La declaración conjunta instó a la «máxima moderación» en los conflictos del Medio Oriente y abogó por la diplomacia. Sin embargo, resulta revelador que los ministros no lograron emitir una declaración conjunta específica sobre el conflicto, reflejando las posiciones encontradas entre miembros recientes como Irán y Emiratos Árabes Unidos.
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Inteligencia Artificial (IA) y Tecnología: China propuso la creación de una «zona de IA de código abierto» para los países del BRICS, mientras que la India advirtió sobre la «militarización de la tecnología y los minerales críticos».
El Elefante en la Sala: Trump y las Contradicciones Internas
El bloque llega a esta cumbre más grande que nunca, representando casi el 50% de la población mundial y un porcentaje significativo del PIB global, pero también más dividido.
Las tensiones geopolíticas amenazan la cohesión del grupo:
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Rusia e Irán buscan activamente esquivar las sanciones occidentales.
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India y China mantienen una histórica rivalidad fronteriza y compiten por la influencia regional, aunque la reunión bilateral entre Modi y Xi en los márgenes de la cumbre sugiere un intento de acercamiento.
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Las amenazas de Donald Trump: La figura del presidente estadounidense sobrevoló la reunión, luego de sus recientes amenazas de imponer aranceles del 100% a los países del BRICS si intentan debilitar el dólar.
En conclusión, los BRICS buscan consolidarse como un contrapeso real a Occidente, pero el desafío de unificar las voces de potencias con intereses tan disímiles, desde Nueva Delhi hasta Teherán, sigue siendo su talón de Aquiles.
Ecos en el Caribe: El Difícil Juego de la Desdolarización
Para la República Dominicana y la región del Caribe, esta insistencia del bloque BRICS en la desdolarización y en la creación de sistemas de pagos alternativos representa un arma de doble filo que debe analizarse con la acostumbrada suspicacia que nos caracteriza.
Por un lado, la promesa de los Acuerdos Regionales de Pago y las alternativas al sistema SWIFT ofrecen una vía de escape teórica para economías castigadas por sanciones o limitaciones de divisas. El caso de Cuba es paradigmático en este sentido. La Declaración Final de Nueva Delhi reiteró el apoyo a La Habana y rechazó las medidas económicas en su contra, perfilando al Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS (ahora con la influencia de Dilma Rousseff) como un posible salvavidas financiero que podría eludir las restricciones de Washington mediante el uso de monedas locales.
Sin embargo, para economías fuertemente ancladas al turismo estadounidense y a las remesas, como la dominicana, la realidad es otra. Apartarse del flujo orgánico del dólar no es una transición sencilla, y menos cuando nuestro principal socio comercial, Estados Unidos, tiene las cartas sobre la mesa. No olvidemos las bravatas recientes de Donald Trump, amenazando con aranceles del 100% a cualquier nación que intente socavar la hegemonía del billete verde.
Nuestra región, atrapada en su eterna condición de tablero geopolítico, observa cómo potencias emergentes como China e India buscan reescribir las reglas. La gran interrogante para Santo Domingo no es si el dólar caerá mañana —eso es ciencia ficción—, sino cómo navegaremos diplomáticamente entre la creciente seducción del Sur Global y el innegable peso de nuestro vecino del norte.
Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre
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