InicioIBEROAMERICALA DUARTE: CRONICA DE UNA MUERTE COMERCIAL ANUNCIADA

LA DUARTE: CRONICA DE UNA MUERTE COMERCIAL ANUNCIADA

-

La Duarte cambia de piel entre RNC de papel y aduanas ciegas

Caminar hoy por la emblemática Avenida Duarte es asistir al velorio, a puertas abiertas, de la historia comercial capitaleña. Aquella arteria bulliciosa donde los abuelos de esta generación levantaron negocios a puro sudor hace más de siete décadas, hoy luce un rostro irreconocible. No es la modernidad lo que ha transformado la vía, sino una avalancha silenciosa y abrumadora que amenaza con apagar para siempre los letreros de las tiendas tradicionales.

La estocada es profunda. De los 116 titanes que alguna vez conformaron la Asociación de Comercios de la Avenida Duarte (ASODUARTE), hoy apenas quedan 15 sobrevivientes. El resto ha claudicado, cediendo sus locales a una expansión masiva de establecimientos de capital chino.

Pero que nadie se equivoque. Como bien aclaran José Luis Tejón, José Luis García, Robert Fernández, Raúl Rodríguez y Juan Luis Santos —los rostros de la resistencia que alzaron la voz ante Diario Libre—, aquí no hay banderas de chovinismo ni pataleos nacionalistas. Lo que hay es el grito desesperado de quienes ven cómo el Estado los ha dejado jugando en una cancha inclinada.

La ingeniería del «escapismo» fiscal

Mientras el comerciante dominicano de toda la vida suda la gota gorda para cuadrar sus impuestos y cumplir con la ley, en la acera de enfrente opera un ecosistema paralelo. Los directivos denuncian una competencia desleal que permite a estos nuevos inquilinos orientales reducir sus costos operativos hasta en un asombroso 58%. ¿La fórmula? Un coctel de evasión que parece invisible a los ojos de las autoridades.

El modus operandi relatado es de manual: alquilan un inmenso local, lo abarrotan de mercancía y, justo antes de que el calendario marque el cierre del año fiscal, desaparecen fiscalmente. A los pocos días, la misma tienda levanta su santamaría con un Registro Nacional de Contribuyentes (RNC) nuevecito, libre de culpas y deudas. A esto se le suma la alergia al plástico: rechazan los pagos electrónicos y las impresoras fiscales brillan por su ausencia, garantizando un flujo de efectivo que no deja rastro en la Dirección General de Impuestos Internos.

Empleomanía de ficción y furgones intocables

La hemorragia continúa en el ámbito laboral. Las grandes cadenas asiáticas, según acusa ASODUARTE, han fragmentado sus imperios registrando cada sucursal con un RNC distinto. Así, disfrazados de «microempresas», evaden olímpicamente el salario mínimo que la ley impone a las categorías mediana y grande a partir de los 50 empleados.

Las cotizaciones a la Tesorería de la Seguridad Social (TSS) son una leyenda urbana en esos pasillos, y el sagrado reglamento 80/20 —que ordena que el 80% de la empleomanía sea dominicana— es letra muerta frente a las narices del Ministerio de Trabajo.

Pero donde la indignación alcanza su punto de ebullición es en los muelles. Los comerciantes tradicionales narran cómo sus contenedores son desarmados y verificados con lupa por las autoridades aduanales. Mientras tanto, aseguran, a sus competidores extranjeros les despachan los furgones cerrados, sellados y sin abrir, abriendo de par en par las puertas a la subvaluación y al contrabando de mercancía falsificada.

Sobrevivir en la zona cero

Para no apagar la luz, las 15 tiendas que resisten han tenido que hacer malabares. Han sacrificado sus propios márgenes de ganancia, apretándose un cinturón que ya no da más, y han girado el timón de sus importaciones hacia mercados como India e Indonesia. Buscan traer una calidad superior, la única tabla de salvación para competir contra el inmenso monopolio manufacturero chino que inunda la avenida.

Los marchantes de la Duarte piden algo elemental: que el Estado asuma su rol regulador en un 95%. Que quebrar o prosperar dependa del talento, la innovación y el esfuerzo comercial, y no del premio a quien mejor burle la ley.

Recientemente, el presidente Luis Abinader deslizó que el Gobierno ya tiene la lupa puesta sobre las declaraciones aduanales de estos sectores asiáticos. Pero en la avenida Duarte, el tiempo corre más rápido que las promesas burocráticas. Si el Estado no pasa de la palabra a la fiscalización real y contundente, muy pronto, caminar por la Duarte será transitar por un inmenso y silencioso barrio comercial extranjero, donde el comercio tradicional dominicano será solo un recuerdo sepultado bajo el peso de la evasión.

Luis Rodríguez Salcedo para TeclaLibre

rodriguezsluism9@gmail.com  https://teclalibremultimedios.com/category/portada/

Related articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Stay Connected

0SeguidoresSeguir
3,912SeguidoresSeguir
22,900SuscriptoresSuscribirte

Latest posts