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EL DOMINÓ DE LA MONCLOA

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Un análisis profundo de cómo la política exterior y la estabilidad interna chocan en España. La decisión de Pedro Sánchez de limitar el uso estadounidense de las bases de Rota y Morón frente a la administración Trump provocó un distanciamiento que Marruecos aprovechó para ejercer presión fronteriza en Ceuta. Acorralado en el tablero internacional y sin apoyo parlamentario interno tras el rechazo a su ley de vivienda en el Congreso, el gobierno español sufrió un efecto dominó que desembocó inevitablemente en la convocatoria de elecciones anticipadas.

Por  Luis Rodríguez Salcedo

Cómo un portazo a Trump y la presión de Marruecos terminaron en las urnas

La política internacional raras veces se parece a un juego de ajedrez formal y pulcro. Se parece mucho más a un juego de dominó en un bar de barrio: una ficha cae en Washington, golpea la mesa en Rabat, hace temblar las murallas de Ceuta y termina volcando la mesa entera en el Congreso de los Diputados en Madrid.

Para entender por qué España se encamina de nuevo a las urnas no basta con mirar los titulares sobre los alquileres o las discusiones parlamentarias. Hay que conectar los puntos de una historia donde se cruzan aviones de guerra, fronteras calientes y un cálculo político que terminó saliendo mal.

Todo empezó con un gesto de soberanía que en Washington sentó como un jarro de agua helada. La administración de Donald Trump requería vía libre en las bases militares de Rota y Morón, en el sur de España, para desplegar sus operaciones hacia Oriente Medio. Pero el gobierno de Pedro Sánchez decidió poner frenos y condiciones.

En el lenguaje de la calle: España quiso marcar territorio y decir «en mi casa mando yo». En el lenguaje de la Casa Blanca, eso se interpreta como deslealtad.

La respuesta de Washington no tardó en filtrarse a través de sus canales de influencia: si Madrid ponía pegas para usar Rota y Morón, Estados Unidos siempre podía armar las maletas y mudarse unos kilómetros más al sur. Y ahí es donde entra el vecino.

Marruecos ha aprendido a jugar la partida geopolítica con maestría. Viendo que la relación entre Madrid y Washington echaba chispas, en Rabat vieron la oportunidad perfecta. Si EE. UU. buscaba un socio sin complicaciones en la región, Marruecos estaba más que dispuesto a ponerse la medalla de «aliado preferente».

Con las espaldas cubiertas por el guiño de Washington, Marruecos activó su palanca habitual de presión sobre España: la frontera de Ceuta.

No hace falta desplegar un ejército cuando puedes usar la presión migratoria como un grifo que se abre y se cierra según convenga. Cada oleada o intento de entrada masiva a Ceuta enviaba un mensaje implícito a Madrid: sin el favor de Washington, proteger tu frontera sur te va a costar muy caro. Una maniobra de desgaste continuo diseñada para someter la diplomacia española a un test de estrés permanente.

Tratar de plantar cara a una potencia como Estados Unidos y amortiguar los golpes diplomáticos de Marruecos requiere una cosa fundamental: una casa ordenada y sólida. Y el gobierno de Sánchez no la tenía.

Mientras los reflectores apuntaban al pulso exterior, la caldera social interna estaba a punto de reventar por el problema de la vivienda. Los alquileres por las nubes y la imposibilidad de los jóvenes para emanciparse terminaron por dinamitar la frágil mayoría parlamentaria que sostenía al Ejecutivo.

A principios de octubre, el Congreso le asestó al gobierno un golpe definitivo al tumbar sus medidas estrella para frenar la crisis inmobiliaria. Sin apoyos a la izquierda ni a la derecha, y con las calles llenas de protestas, la narrativa de un gobierno fuerte que «resistía» fuera se desmoronó por dentro.

El tablero terminó por romperse. No se puede sostener un pulso geopolítico contra el eje Washington-Rabat cuando no tienes ni los votos para aprobar una ley en tu propio parlamento.

La convocatoria a elecciones anticipadas no es más que el resultado directo de esta reacción en cadena. Pedro Sánchez se quedó sin oxígeno político en el exterior por sus desencuentros estratégicos, y sin margen de maniobra en el interior al perder el control del Congreso.

El dominó completó su recorrido: la ficha que se tambaleó en los despachos de Washington rodó por la valla de Ceuta y terminó derribando la legislatura en Madrid. Ahora, la última palabra la vuelven a tener los ciudadanos en las urnas.

rodriguezsluism9@gmail.com    https://teclalibremultimedios.com/category/portada/

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