La «propuesta de paz» de Washington para Ucrania da un giro oscuro: un pacto extraoficial entre Trump y Putin sacrifica la soberanía de Kiev a cambio de diésel ruso para controlar los precios de la gasolina antes de las elecciones estadounidenses. Zelenski, acorralado y pasando de héroe a estorbo.
Por Luis Rodríguez Salcedo
Si alguien pensaba que la geopolítica de Washington se movía por altos ideales de libertad y soberanía, octubre de 2026 ha llegado para darnos un baño de crudo realismo. Y decimos «crudo» en el sentido más literal de la palabra. La tan anunciada «propuesta de paz» para Ucrania ha dado un giro espectacular en las últimas horas, transformándose de un esfuerzo diplomático en lo que parece ser una fría transacción comercial y electoral, cocinada a espaldas de Kiev.
El señuelo de Miami y los enviados de familia
A principios de este mes, la narrativa oficial era otra. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, anunció el 4 de octubre con cierto optimismo —o quizá desesperación— que Estados Unidos buscaba sentar a Rusia y Ucrania en una misma mesa antes de que terminara el mes, sugiriendo a Emiratos Árabes Unidos como posible sede.
Para mantener las apariencias, el 9 de octubre se orquestó una cumbre en Miami. Allí, una delegación ucraniana se vio las caras con Steve Witkoff y, cómo no, el yerno presidencial Jared Kushner. La excusa oficial era buscar «nuevas ideas» para destrabar un conflicto estancado. Sin embargo, detrás de las sonrisas en Florida, la guillotina ya estaba afilada. Las exigencias territoriales de Moscú seguían siendo el elefante en la habitación, pero a Washington ya no le importaba tanto el mapa de Europa del Este como el mapa electoral de Estados Unidos.
La estocada del 10 de octubre: «Zelenski debe irse»
El sábado 10 de octubre de 2026, la careta diplomática voló por los aires. En un movimiento que dejó a la comunidad internacional boquiabierta, Donald Trump rompió públicamente con su hasta entonces aliado y soltó la bomba: «Ya es hora de que Ucrania tenga un nuevo presidente».
Con una retórica implacable, el mandatario estadounidense acusó a Zelenski de haber dejado pasar «muchas, muchas veces» la oportunidad de firmar la paz. Pero la verdadera furia de la Casa Blanca no venía por las trincheras del Donbás, sino por los drones ucranianos. Trump le exigió a Zelenski, literalmente, que parara «de una puñetera vez» de atacar las refinerías y la infraestructura de diésel rusas.
¿Por qué tanto interés repentino en proteger el combustible de Putin? La respuesta no está en Kiev, sino en los surtidores de gasolina de Estados Unidos.
El «Pacto del Diésel» y las urgencias electorales
Aquí es donde entra la suspicacia marca TeclaLibre. Resulta que, justo antes de pedir la cabeza política de Zelenski, Trump había sellado un acuerdo extraoficial con Vladimir Putin. El pacto es tan simple como escandaloso: Moscú inyectará «de inmediato» más de 300.000 toneladas de diésel al mercado internacional, y a cambio, Washington levanta las sanciones al combustible ruso, una medida que Zelenski no tardó en calificar como una «decisión débil» e impropia de un aliado.
Leamos entre líneas. Noviembre de 2026 es mes de elecciones legislativas (midterms) en Estados Unidos. El gobierno de Trump necesita controlar la inflación y bajar los precios del combustible a toda costa para no perder el control del Congreso. Las tácticas de Ucrania de asfixiar económicamente a Rusia atacando sus refinerías estaban encareciendo la energía a nivel global, algo que Trump ha dejado claro que no va a tolerar si le cuesta votos.
Conclusión: El peón sacrificado
El mensaje que sale de Washington este octubre de 2026 es escalofriante para cualquier aliado estadounidense: tu soberanía es negociable si el precio de la gasolina está en juego.
La «propuesta de paz» no parece ser un plan para salvar a Ucrania, sino un plan para salvar el mercado energético de cara a unas elecciones legislativas. Zelenski, que pasó de héroe de la resistencia a estorbo para los negocios en tiempo récord, ahora se encuentra aislado. Con Rusia dictando las condiciones territoriales, Kushner operando en las sombras y Trump pidiendo su destitución pública a cambio de barriles de diésel ruso, la pregunta ya no es cuándo terminará la guerra, sino qué quedará de Ucrania cuando el humo de los pozos petroleros se disipe.
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