InicioESTADOS UNIDOSLA OSTENTACIÓN DE NETANYAHU TRAS EL VIRAJE DE COLOMBIA HACIA EL SIONISMO

LA OSTENTACIÓN DE NETANYAHU TRAS EL VIRAJE DE COLOMBIA HACIA EL SIONISMO

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El trofeo de TelAviv: De la ruptura total al abrazo incondicional

La apertura de la embajada colombiana en Jerusalén y el reconocimiento de los Altos del Golán sellan un giro político que el primer ministro israelí exhibe hoy como la prueba reina de su reconquista en el Sur Global.

Hay gestos diplomáticos que se firman en la penumbra de las cancillerías y otros que se gritan frente a las cámaras con el cálculo frío de quien exhibe una victoria personal. Lo ocurrido este 14 de octubre en Tel Aviv pertenece, sin duda, a la segunda categoría. Con una sonrisa complaciente y la soltura de quien se sabe respaldado por el péndulo político latinoamericano, Benjamín Netanyahu no escatimó en elocuencia: «Algo extraordinario está sucediendo en América Latina. ¡Todo está regresar! ¡La gran amistad!».

Pero el plato fuerte de la jornada no era una felicitación genérica al continente, sino una dedicatoria con nombre y apellido. Al proclamar que Israel «no tiene mejor amigo que Colombia», el primer ministro no solo festejó una alianza bilateral; convirtió el nuevo curso de Bogotá en su principal trofeo diplomático del año.

La escenografía de este anuncio no fue casual. Horas antes, el canciller colombiano, Omar Bula, cortaba la cinta inaugural de la nueva sede de la Embajada de Colombia en Jerusalén, ejecutando de forma tajante la promesa de campaña del presidente Abelardo de la Espriella. Pasar de la diplomacia tradicional al traslado de una delegación a la Ciudad Santa es un paso reservado para muy pocos. Hacerlo, además, tras haber reconocido semanas atrás —aquel 10 de agosto— la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, implicó romper de un portazo con el consenso multilateral que mantenía la mayor parte de América Latina en sintonía con las resoluciones de las Naciones Unidas.

Para Netanyahu, la foto con Bula y los elogios a De la Espriella representan mucho más que un trámite consular. En momentos donde las presiones internacionales se acumulan en los foros multilaterales, la diplomacia israelí necesitaba demostrar que su presunto aislamiento en el Sur Global era una narrativa reversible. Y qué mejor demostración que exhibir el caso colombiano: un país que en mayo de 2024 encabezaba los discursos más duros contra la ofensiva en Gaza bajo el mandato de la izquierda y que hoy, con la derecha instalada en la Casa de Nariño, firma una adhesión sin matices al proyecto sionista.

El giro estratégico de Colombia no ocurre en el vacío. En el mapa trazado por Tel Aviv, la voz de Bogotá se suma al coro entusiasta que desde Buenos Aires entona Javier Milei, cuyas constantes visitas a Israel y su alineamiento irrestricto han servido de combustible para esta nueva arquitectura regional. Con Colombia y Argentina como puntales, Netanyahu ostenta la formación de un eje ideológico sólido en el hemisferio sur, un bloque capaz de neutralizar las críticas que aún persisten desde capitales como Brasilia o Santiago.

Lo que hoy celebra Netanyahu ante los micrófonos del mundo no es únicamente la reapertura de una embajada o la reactivación de los jugosos contratos de inteligencia militar y ciberseguridad. Lo que verdaderamente ostenta el líder israelí es la conversión de la política exterior colombiana en una bandera de consumo ideológico. En la nueva geografía de alianzas que se dibuja este octubre de 2026, Bogotá ha dejado de ser un observador distante en el conflicto de Medio Oriente para convertirse en el «mejor amigo» y la vitrina preferida de Tel Aviv.

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