Hay mujeres que ocupan un lugar de primera importancia en la historia de nuestros pueblos, destacamos en esta ocasión a : Micaela Bastidas, recordada como símbolo de resistencia y lucha por la libertad en el Perú y a Magda Portal destacada del movimiento literario de vanguardia en el siglo XX y por su participación en la fundación de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) se convirtió en una de sus figuras femeninas más prominentes.
Micaela Bastidas Puyucahua (1744-1781) fue una destacada líder quechua y una figura central de la rebelión encabezada por Túpac Amaru II contra el dominio colonial español. De ascendencia indígena y africana, se casó con José Gabriel Condorcanqui, conocido como Túpac Amaru II, y tuvo tres hijos. Desde el inicio del levantamiento, en 1780, desempeñó un papel fundamental: participó en la organización militar, administrativa y logística de la rebelión, y convocó a mujeres indígenas a luchar por la justicia y la libertad.
Su liderazgo desafió las normas de género impuestas por el orden colonial. Se esperaba que las mujeres permanecíeran subordinadas y fuera del espacio publico, sin embargo, Micaela tomó decisiones políticas y militares, coordinó acciones y ejerció autoridad. En una época en que varias mujeres andinas participaron en los levantamientos como combatientes e incluso como comandantes, su actuación fue especialmente notable. Su capacidad de liderazgo puso en evidencia la contradicción de un sistema que negaba a las mujeres autonomía, pero que las castigaba con particular dureza cuando ejercían poder.
Tras la victoria rebelde en la batalla de Sangarará, Micaela asumió responsabilidades de gobierno y fue llamada «Señora Gobernadora», «La Coya» o «La Reina». Sin embargo, la rebelión fue derrotada y, en 1781, ella fue capturada junto con otros dirigentes. El 18 de mayo de ese año fue ejecutada en Cusco, junto con su hijo Hipólito y su esposo. La violencia de su muerte y la exhibición de los cuerpos de los líderes rebeldes buscaban intimidar a la población y advertir sobre las consecuencias de desafiar el poder colonial. Pero el castigo no logró borrar su ejemplo: su sacrificio se convirtió en símbolo de resistencia indígena y de lucha por la libertad.
La memoria de Micaela Bastidas también vive en la literatura. En el poema «Madre quechua» de la poeta y periodista ayacuchana: Nora Alarcón, rinde homenaje a Micaela, María Parado de Bellido, Malva y otras mujeres que lucharon por la dignidad de sus pueblos. Presenta a Micaela como una figura indomable, cuyo «corazón quechua» flamea «cual bandera del amor y la justicia». La relaciona con el paisaje andino —el río Vilcanota, el viento de Tinta y el Salkantay— y con la memoria colectiva de un pueblo que no olvida a quienes se enfrentaron a la opresión. A continuación, presentamos el poema:
MADRE QUECHUA, de Nora Alarcón
Micaela Bastidas
No más cadenas en tus manos.
Tus huesos porfiados en tu vida lluviosa,
les dio alas a nuestros hermanos oprimidos.
que furiosos embistieron cual oleaje de espigas,
a quienes osaron devorar
el corazón de tus hijos.
Micaela
Torturada por su anhelo de laureles con libertad.
Corazón quechua el suyo,
flameó desafiante cual bandera del amor y la justicia
frente a la explotación.
Micaela entre una y mil mujeres
evocas la voz de Túpac Amaru.
Tu voz de madre nos reencuentra en el río Vilcanota,
en el viento de Tinta.
Con la paz del Salkantay en Cusco.
María Parado de Bellido Sin revelar la autoría de fatal carta.
Mujer,
Madre quechua.
Micaela, María, Malva y mil mujeres
indomables como el viento.
Banderas de libertad.
Ofreciste a tus hijos el fuego de esperanza
Ideales como viento fresco a nuestro sufrido pueblo.
Entonces ardiendo con el fuego de la libertad prometida
te fuiste al compás de una guitarra ayacuchana.
María
En tu voz la traición no encontró lugar.
Perteneces a la quinua ancestral en tierra nutrida por sudores.
Presentaste tu pecho ante la vil bayoneta,
a la bala que hizo pedazos tu corazón de bronce
pero dejó tu alma intacta.
Preferiste la muerte
Antes que traicionar a nuestro pueblo
El poema no celebra únicamente el sacrificio: convierte a estas mujeres en referentes que siguen inspirando a las generaciones posteriores. Micaela representa el coraje de quien se rebela contra la injusticia, mientras María Parado de Bellido encarna la decisión de no traicionar a su pueblo, incluso ante la muerte. Juntas, y junto a las demás mujeres evocadas, forman una memoria de resistencia que atraviesa el tiempo.
Micaela Bastidas fue esposa y madre, pero su importancia histórica no se limita a esos roles. Fue una dirigente política y militar cuya participación cuestionó el orden colonial y las restricciones impuestas a las mujeres. Su vida y su muerte recuerdan que la lucha por la emancipación también fue protagonizada por mujeres indígenas. Su legado permanece como una bandera de libertad, justicia y dignidad para el Perú y para América Latina.
Magda Portal: voz y lucha contra la desigualdad

Per secula seculorum, en casi todas las sociedades, las mujeres han sido relegadas y poco reconocidas por su participación en la historia intelectual y política de sus pueblos. Magda Portal (1900-1989) no fue la excepción. Vanguardista, poeta y escritora, abordó en su obra los grandes problemas del Perú y de la política. Su novela La trampa, que combina elementos de ficción con historias inspiradas en la realidad, generó polémica. Su trayectoria llegó a ser silenciada, en parte por su condición de mujer y por su participación política.
Portal fue una de las fundadoras del Partido Aprista Peruano (APRA), una de las organizaciones políticas más influyentes de la historia peruana. Sin embargo, también fue relegada dentro del partido por el machismo predominante. Defendió a trabajadores, obreros e indígenas, y cuestionó que el poder estuviera concentrado en manos de las oligarquías. Además, sostuvo que las mujeres debían participar en la vida política e intelectual. Promovió el derecho al voto y la igualdad salarial y laboral, y su activismo contribuyó a sentar las bases de los movimientos feministas en el Perú.
Durante su exilio en México, entre 1927 y 1928, estudió la literatura y la cultura mexicanas, y defendió la Revolución Mexicana como un movimiento propio de América Latina. Destacó especialmente la figura de Emiliano Zapata, la reforma agraria, la nacionalización de los recursos y los avances educativos. Su obra y su militancia la convierten en una figura clave del feminismo peruano y latinoamericano.
Portal fue reservada respecto de su vida sentimental, aunque algunos aspectos pueden conocerse a través de su poesía y de los testimonios sobre su vida. Sus relaciones estuvieron marcadas por la violencia, los celos y el control. Se separó de Federico Bolaños, a quien acusó de maltratarla, y más tarde de Serafín Delmar, quien, según se ha señalado, intentaba limitarla. También denunció el acoso sexual de Esteban Pavletich. Estas experiencias reflejan las dificultades que enfrentó en ambientes políticos e intelectuales dominados por hombres, incluso dentro de la izquierda.
La propia Portal señaló que muchos hombres la reducían a un objeto sexual o toleraban con dificultad su inteligencia y liderazgo. Asimismo, Víctor Raúl Haya de la Torre obstaculizó algunas de sus propuestas sobre los derechos políticos de las mujeres. Su vida personal y militante muestra que la lucha por participar en la esfera pública estaba atravesada por la desigualdad de género. Recordar a Magda Portal permite reconocer no solo su aporte literario y político, sino también su esfuerzo por abrir espacios para las mujeres en una sociedad que intentaba mantenerlas al margen.
Que permanezcan por siempre en el recuerdo, la admiración y el respeto a las mujeres que en todos los tiempos y en todos los lugares han desempeñado roles de primerísima importancia por su decidida participación en la construcción de sociedades donde se respete el derecho a la vida y la convivencia plena de todos y todas.


