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ESTADOS UNIDOS Y EL PRAGMATISMO PETROLERO

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El juego de las sillas vacías en Caracas y las cadenas frías en Manhattan

Mientras Washington limpia los expedientes de los hermanos Rodríguez a cambio de crudo, la mesa de transición margina a María Corina Machado y el matrimonio Maduro-Flores vive su propio «divorcio judicial» a ritmo de tango penitenciario en Nueva York.

Por  Luis Rodríguez Salcedo

El realismo mágico se quedó corto para explicar la política venezolana; hoy hace falta el cinismo de una novela de espías y la frialdad de un corredor de bolsa. En una carambola geopolítica de tres bandas, Washington ha decidido aplicar una doble moral de manual: con la mano izquierda le ajusta los grilletes a Nicolás Maduro en Nueva York, mientras que con la mano derecha le levanta el castigo financiero a sus herederos políticos en Caracas. Todo sea por el sagrado grifo del petróleo.
La noticia bomba de la semana la dio la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE. UU. al sacar formalmente a Jorge Rodríguez de su lista de sancionados. El presidente de la Asamblea Nacional oficialista recupera su sonrisa financiera, siguiendo los pasos de su hermana, Delcy Rodríguez, a quien Washington ya le había limpiado el expediente tras asumir como «presidenta encargada» de la transición.
¿A qué se debe esta repentina amnistía para quienes antes eran tildados de tiranos? La respuesta no está en la diplomacia, sino en los tanques de almacenamiento. Tras la captura de Nicolás Maduro, los Rodríguez entendieron rápido las nuevas reglas del juego: para sobrevivir políticamente, hay que entregar el milagro energético. En agosto pasado, Caracas y Washington amarraron un acuerdo que otorga a empresas estadounidenses el control mayoritario sobre una quinta parte de las reservas de crudo del país. Jorge Rodríguez hizo la tarea express, reformó las leyes petroleras locales y hoy recoge los frutos de su pragmática sumisión. Negocios son negocios.
Mientras los Rodríguez celebran su regreso al sistema financiero, en Caracas se instaló el tercer ciclo de la mesa de negociaciones para la transición política. Sin embargo, la foto oficial del evento revela una maniobra calculada: las sillas de quienes ganaron la legitimidad popular están vacías.
Washington y el chavismo reformado parecen haber diseñado un diálogo a la carta. Sentaron a la delegación oficialista frente a una oposición calificada de «manejable», liderada a la distancia por Dinorah Figuera y los partidos de la Asamblea de 2015. ¿Los grandes ausentes? María Corina Machado y Edmundo González Urrutia.
Desde su exilio en Panamá, Machado —Premio Nobel de la Paz 2025— levantó la voz con dureza, acusando directamente a la administración de Donald Trump de ignorar la soberanía del voto venezolano para acelerar un pacto conveniente. La Casa Blanca esquivó el golpe aplaudiendo la liberación de algunos presos políticos como «logro» de la mesa actual. Para el pragmatismo estadounidense, el liderazgo indomable de Machado resulta demasiado ruidoso para la paz cambiaria y petrolera que acaban de inaugurar.
La otra cara de la moneda se vive en el Tribunal Federal del Distrito Sur de Manhattan. Mientras en Caracas se descorcha champaña, en Nueva York la música suena al ritmo metálico de las cadenas. Nicolás Maduro y Cilia Flores comparecieron en persona ante el juez Alvin Hellerstein, dejando una postal para la historia que desborda drama conyugal.

Adiós a las guayaberas presidenciales. Ambos lucieron uniformes caqui de prisioneros, notablemente más delgados (Flores ha perdido unos 11 kilos). Caminaban con las manos libres pero con los pies encadenados, haciendo eco en toda la sala con cada paso.

El detalle que captó la atención de los corresponsales fue la actitud de Cilia Flores. Maduro intentó buscar su mirada y hablarle desesperadamente en varias ocasiones; ella lo ignoró por completo con una frialdad absoluta. El hielo fue tal que los abogados defensores tuvieron que interponerse físicamente en la mesa para mediar el espacio.

La Fiscalía de EE. UU. les notificó una acusación sustitutiva por conspiración para cometer tortura sistemática contra opositores y ciudadanos estadounidenses. Ambos se declararon «no culpables». Maduro alegó ser un «prisionero de guerra» y Flores zanjó con un cortante: «Yo soy completamente inocente».

Debido a la gravedad de estos nuevos cargos por violaciones a los derechos humanos, el juez Hellerstein decidió patear la fecha del juicio definitivo, aplazándolo del esquema original de junio hasta el 14 de junio de 2027.
Conclusión TeclaLibre
La estrategia de la Casa Blanca es de una hipocresía brillante pero efectiva: procesa con severidad implacable al viejo dictador en Nueva York para saciar la sed de justicia internacional y complacer a su electorado, mientras que en Caracas legitima y abraza a los operadores del nuevo chavismo corporativo. En esta nueva Venezuela, el destino del país se escribe con el borrador de la OFAC, los tribunales de Manhattan y la incómoda exclusión de los líderes que las bases eligieron.
rodriguezsluism9@gmail.com    https://teclalibremultimedios.com/category/portada/

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