Los aranceles recientemente anunciados por Donald Trump, que afectan las importaciones de productos a Estados Unidos desde todo el mundo, incluyendo a la República Dominicana, representan un cambio significativo en el comercio internacional. Estos aranceles, implementados a partir del 5 de abril de 2025, establecen una tarifa mínima del 10% para la mayoría de los países, incluyendo la República Dominicana, con tasas más altas para otros como China (34% adicional), la Unión Europea (20%) o Vietnam (46%).
Impacto en la República Dominicana
La economía dominicana depende en gran medida de sus exportaciones a Estados Unidos, su principal socio comercial. En 2023, según datos del Banco Central de la República Dominicana, aproximadamente el 50% de las exportaciones totales del país se dirigieron a Estados Unidos, con un valor cercano a los 6,000 millones de dólares. Entre los productos más importantes se encuentran textiles, dispositivos médicos, tabaco, calzado y productos agrícolas como cacao y banano, muchos de los cuales provienen de las zonas francas.
El arancel del 10% incrementará el costo de los productos dominicanos en el mercado estadounidense. Esto podría reducir su competitividad frente a bienes producidos localmente en Estados Unidos o provenientes de países exentos, como México y Canadá, que mantienen excepciones bajo el T-MEC. Por ejemplo, un producto que antes costaba 100 dólares ahora costará 110 dólares para el importador estadounidense, quien probablemente trasladará este costo al consumidor o reducirá sus márgenes, afectando la demanda.
Las zonas francas, que representan cerca del 60% de las exportaciones dominicanas a Estados Unidos, podrían enfrentar una disminución en la demanda. Aunque el arancel del 10% es bajo comparado con el de otros países, cualquier aumento en los costos puede desincentivar a las empresas extranjeras que operan en estas zonas, especialmente si buscan alternativas en mercados con menos restricciones.
Una reducción en las exportaciones podría agravar el déficit comercial de la República Dominicana con Estados Unidos, que ya es significativo. Además, sectores como el textil y el manufacturero, que emplean a miles de personas, podrían verse obligados a reducir producción o empleos si las ventas caen.
Aunque los aranceles se aplican a las exportaciones hacia Estados Unidos, una menor entrada de divisas podría presionar el tipo de cambio, debilitando el peso dominicano. Esto encarecería las importaciones de bienes esenciales desde Estados Unidos (como combustibles y maquinaria), aumentando el costo de vida y potencialmente la inflación.
Es difícil predecir con exactitud los resultados, pero basándonos en patrones históricos y el contexto actual, varios escenarios son probables:
Las empresas exportadoras podrían absorber parte del costo del arancel para mantener su cuota de mercado, lo que reduciría sus ganancias. Sin embargo, si la demanda en Estados Unidos disminuye, algunas podrían buscar otros destinos o reducir operaciones. Los precios de ciertos productos en Estados Unidos (como cigarros o ropa dominicana) podrían subir, afectando a los consumidores estadounidenses más que a los dominicanos directamente.
Si los aranceles persisten, la República Dominicana podría perder competitividad frente a competidores como Centroamérica o Asia (a pesar de sus aranceles más altos), lo que podría desacelerar el crecimiento económico, proyectado en torno al 5% anual. La inversión extranjera directa, que ha sido clave en las zonas francas, podría estancarse si las empresas perciben incertidumbre.
Aunque la República Dominicana no tiene el peso económico para imponer aranceles significativos a Estados Unidos como represalia, podría sumarse a una respuesta colectiva de América Latina o la OMC. Esto, sin embargo, escalaría las tensiones comerciales, con efectos impredecibles.
Para mitigar el impacto y aprovechar oportunidades, la República Dominicana podría adoptar las siguientes estrategias:
Reducir la dependencia de Estados Unidos buscando nuevos destinos para sus exportaciones, como la Unión Europea, América Latina o Asia. Por ejemplo, el cacao y el tabaco podrían promocionarse más en mercados europeos, donde ya tienen presencia. Esto requiere inversión en promoción comercial y acuerdos bilaterales.
Invertir en tecnología y eficiencia para reducir costos de producción, permitiendo a las empresas absorber parte del arancel sin sacrificar márgenes. Las zonas francas podrían enfocarse en productos de mayor valor agregado, menos sensibles a incrementos de precio.
El gobierno dominicano podría negociar con Estados Unidos una exención o reducción del arancel, argumentando su papel como aliado estable en la región y su contribución a la economía estadounidense (por ejemplo, mediante el turismo y las remesas). Esto podría combinarse con compromisos en temas como migración o seguridad, que son prioridades para Trump.
Con un arancel del 10%, la República Dominicana está en mejor posición que países con tarifas del 20% o más. Esto podría atraer inversión de empresas que buscan reubicarse desde naciones más afectadas, como China o Vietnam, siempre que se ofrezcan incentivos fiscales y estabilidad.
El Banco Central podría intervenir para estabilizar el peso y evitar una devaluación brusca, mientras se promueven políticas para impulsar el turismo y las remesas, que compensen la pérdida de ingresos por exportaciones.
Los aranceles de Trump representan un desafío para la República Dominicana, pero no una catástrofe. El impacto dependerá de la duración de las medidas y de la respuesta del país. Aunque el 10% es una tasa manejable comparada con otros competidores, amenaza el crecimiento de las exportaciones y podría presionar la economía si no se actúa con rapidez.
La clave estará en diversificar mercados, mejorar la competitividad y negociar estratégicamente, convirtiendo esta crisis en una oportunidad para reducir la dependencia de un solo socio comercial. La historia muestra que los aranceles de Trump en su primer mandato (como los del 25% al acero en 2018) no siempre lograron sus objetivos a largo plazo y generaron costos para los propios consumidores estadounidenses, lo que sugiere que esta política podría suavizarse con el tiempo si enfrenta resistencia global.
LRS

