-Divisas bajo custodia: petróleo, poder y el pulso real tras la “cooperación energética”-
Dos semanas después del golpe que reordenó —a la fuerza— el tablero venezolano, Delcy Rodríguez salió al hemiciclo de la Asamblea Nacional con un mensaje cuidadosamente calibrado: las divisas que entren al país por cooperación energética irán a fondos soberanos. Uno social, otro para infraestructura. Bienestar, desarrollo, protección del trabajador. El libreto clásico del Estado que promete reconstrucción tras la tormenta.
El problema es que, fuera del Palacio Federal Legislativo, se está diciendo otra cosa.
La narrativa oficial venezolana intenta fijar una idea clave: el petróleo vuelve a ser palanca de política pública, no botín ni ficha de canje externo. Dos fondos, dos destinos nobles. En el papel, suena a refundación responsable. En el discurso, a intento de cerrar filas internas y proyectar normalidad institucional tras la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores.
Pero la política internacional no se escribe solo con discursos.
Desde la otra orilla, la administración de Donald Trump ha sido mucho menos lírica y bastante más concreta: Los ingresos petroleros venezolanos no están —ni estarán— bajo control pleno de Caracas.
Las ventas de crudo y los flujos de divisas quedarían bajo custodia externa, con supervisión directa de EE. UU. El uso de esos fondos estaría condicionado a reformas, apertura del sector energético y alineamiento político.
Traducción llana: el petróleo se vende, pero la llave de la caja no está en Miraflores.
Aquí aparece la grieta semántica. Para Caracas, “cooperación energética” equivale a ingreso soberano con destino social. Para Washington, equivale a activo estratégico intervenido, administrado temporalmente “en beneficio del pueblo venezolano”… bajo parámetros definidos desde fuera.
No es un matiz técnico. Es el corazón del conflicto. Lo que está en juego no es solo el destino de unas divisas, sino quién define la transición venezolana y con qué recursos.
¿Fondos soberanos diseñados en Caracas?
¿O cuentas vigiladas desde el Tesoro estadounidense, con manual de uso adjunto?
La historia reciente de Venezuela sugiere que cuando el petróleo entra en “custodia internacional” rara vez regresa sin condiciones. Y cuando regresa, suele hacerlo con nuevas reglas, nuevos actores… y nuevos beneficiarios.
TeclaLibre cierra
Delcy Rodríguez habla de fondos sociales. Trump habla de control y garantías. Entre ambos discursos se mueve la verdad incómoda: Venezuela produce petróleo, pero hoy no decide plenamente sobre su renta.
La cooperación energética, presentada como salvavidas, empieza a parecerse más a una administración tutelada con aroma geopolítico. Y como suele ocurrir en estos escenarios, el lenguaje del bienestar compite —y pierde— frente al lenguaje del poder.
Porque en la Venezuela post-Maduro, el petróleo sigue siendo rey, pero el trono ya no está tan claro.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com https://teclalibremultimedios.com/category/portada

