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¿CERRARÁ IRÁN EL ESTRECHO DE ORMUZ?

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-El estrecho de Ormuz como mecha encendida en el polvorín del mundo-

Redaccion de TeclaLibre.- Cuando el Parlamento iraní propone cerrar el Estrecho de Ormuz, no está precisamente jugando a las escondidas. Está mostrando los dientes, o mejor dicho, apretando la válvula maestra por donde pasa más del 20% del petróleo que mueve la economía mundial. Este angosto pasillo marino de apenas 40 kilómetros de ancho, que separa Irán de Omán, se convierte en un punto de estrangulamiento global: un simple gesto de Teherán puede sacudir las bolsas del mundo más que cualquier bomba lanzada desde un F-35.

¿Por qué esto importa? Porque el petróleo no solo mueve carros: también gobiernos, guerras y mercados.

Y justo cuando Irán insinúa que puede jugar su carta más peligrosa –una especie de botón rojo económico– aparece el flamante secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, con una súplica diplomática: “China, haz algo por favor”. Resulta que Estados Unidos, campeón en autosuficiencia retórica, ahora necesita que el Dragón Rojo le tire un salvavidas en el Golfo Pérsico. Irónico, si se considera que hace unos años Trump acusaba a Pekín de ser el enemigo número uno del libre comercio global.

Rubio recurre a China no porque la admire, sino porque sabe que el régimen de Xi Jinping tiene mucho que perder si Irán cierra esa arteria estratégica. Pekín depende enormemente del crudo que fluye por Ormuz, y un cierre total desataría una crisis energética que podría hacer estornudar no solo a Asia, sino a toda la economía mundial. De ahí que Estados Unidos, sin muchas ganas de abrir otro frente militar en Medio Oriente, recurre al arte del empuje ajeno: “China, tú que eres su socio comercial, convéncelos”.

¿Y qué busca Irán con esta amenaza?

Disuasión pura y dura: Mostrar que si Occidente sigue apretando con sanciones, bombardeos o bloqueos, Teherán puede devolver el golpe sin disparar una sola bala, simplemente cerrando el paso de los tanqueros.

Presión regional: Una advertencia directa a Arabia Saudita, Emiratos Árabes y cualquier país del Golfo que respalde ataques o intervenciones contra Irán.

Juego de ajedrez con China y Rusia: Obligar a sus aliados estratégicos a posicionarse claramente. Si China logra que Irán retroceda, quedará como un pacificador global. Si no, y estalla el caos, podrá acusar a Washington de haber provocado el cierre.

¿Y Occidente? ¿Está listo para este tipo de guerra económica?

Estados Unidos dice tener alternativas energéticas (shale oil, reservas estratégicas, etc.), pero una disrupción en Ormuz golpearía directo al bolsillo del consumidor promedio. Ya lo vimos antes: basta una tensión en esa zona para que el barril de crudo se dispare y los precios de la gasolina hagan que hasta la bicicleta suene tentadora.

Irán no necesita armas nucleares para causar pánico. Le basta con tener una llave en la mano. Y mientras tanto, EE.UU., que tanto presume de liderazgo global, ahora ruega a China que actúe de árbitro en el partido más caliente del planeta. ¿Quién manda ahora? ¿El que tiene más portaaviones… o el que tiene el grifo?

rodriguezsluism9@gmail.com

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