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EEUU y MÉXICO: EL ULTIMÁTUM ARANCELARIO COMO ARMA DE PRESIÓN

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-EEUU-México: El ultimátum arancelario como arma de presión-

Donald Trump volvió a recurrir a las tarifas comerciales para forzar a México a tomar medidas más drásticas contra el fentanilo y otros estupefacientes. A última hora del 1 de agosto, anunció una prórroga de 90 días en los aranceles ya vigentes –25 % al fentanilo y automóviles, 50 % a acero, aluminio y cobre– mientras negociaba “borrón y cuenta nueva” en obstáculos no arancelarios, seguridad fronteriza y flujo migratorio. Esta táctica retórica busca presentar a México ante la opinión pública de EE UU como un aliado “incumplido”, remachando el discurso de que los cárteles operan con impunidad.

En su ofensiva discursiva, Trump llegó a calificar al gobierno mexicano de “petrificado” frente al crimen organizado, insinuando una “alianza intolerable” con los cárteles Univision . Con ello, intenta reivindicar la narrativa de una amenaza transnacional donde, según él, la debilidad de las instituciones mexicanas impacta directamente en la seguridad de EE UU, sobre todo en el consumo masivo de fentanilo.

Sheinbaum no tardó en responder que, lejos de amedrentarse, México ha reforzado sus acciones: incautaciones de drogas, desmantelamiento de laboratorios y detención de cabecillas, aunque reconoce que la percepción ciudadana de inseguridad apenas bajó del 53 % en marzo al 51 % en julio de 2025.

Asimismo, rechazó de plano la oferta de tropas estadounidenses: “El territorio es inviolable y la soberanía no se vende”. Con esto, Sheinbaum apela al orgullo nacional y sitúa a Trump como el agresor que mezcla seguridad con proteccionismo.

Para matizar el clima, la mandataria propuso instalar una “mesa de trabajo” con equipos de seguridad y salud pública de ambos países, donde también se hablaría del consumo interno de drogas en EE UU. Esta estrategia diplomática contrasta con la visión bélica de Trump y busca pasar de los aranceles a la prevención y tratamiento, aunque deja pendiente el grado real de poder de presión que EE UU ejerce sobre México.

Aunque la Constitución prohíbe fuerzas extranjeras en suelo mexicano, la retórica de intervención militar persiste. Trump insistió en que sería “un honor” enviar tropas para “apoyar” a México si se lo permitieran, un argumento que roza la injerencia directa. Sheinbaum, por su parte, ha reforzado la presencia de efectivos federales en zonas calientes, pero sin invitar a tropas foráneas, recalcando la capacitación conjunta limitada de sus Fuerzas Especiales por parte de EE UU, bajo vigilancia de drones y patrullas aéreas norteamericanas.

Este intercambio desenmascara estrategias contradictorias: Trump combina amenazas arancelarias y militares para apuntalar su imagen dura en seguridad; Sheinbaum, con picardía diplomática, defiende la soberanía y reivindica logros modestos en reducción de la inseguridad. Queda en el aire si la “mesa de trabajo” superará el pulso tarifario o si seguiremos viendo a dos gobiernos embozados en un duelo de egos y pólizas comerciales.

La táctica de Trump, más política que operativa, presiona a México en un punto vulnerable –el cruce de seguridad y comercio–, mientras que Sheinbaum debe equilibrar la exigencia interna de resultados tangibles con la defensa de la autonomía nacional. El resultado de esta contienda determinará no solo el flujo de mercancías, sino el curso de la relación bilateral en materia de justicia y salud pública.

rodriguezsluism9@gmail.com

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