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Te cuento Walt Whitman, poema de Carlos Márquez

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Carlos Márquez conversa con Walt Whitman en el Metro de NY, poema muy sentimental que trata del desconsuelo ante lo irremediable:  la muerte y las expectativas de la realidad político social de los Estados Unidos.
Carlos Márquez conminado por su madre Zaida Cabrera, quien le pide invocara a Walt Whitman; atraviesa momentos de profunda tristeza por la partida a los atrios celestiales de su niño grande Rafael, entra en un trance onírico en el subway de Manhattan, ciudad donde naciera y se desarrollara su hijo y donde reposa su cuerpo, e inicia una conversación con Whitman, a quien le llama hermano, padre, Cosmos.
Detalladamente, le cuenta sus pesares, desde la partida de su padre Yiyo, hace ya cuarenta años, a quien considera «potestad de sueños» dice haber sido «ungido heredero de los sensores detectores de duendes»; rememora a Neruda y a Martí de su poema ‘Neruda en la Gloria’:  otro trance onírico «ángel cubano caribeño José Martí» y le contó los «bregares celestiales»  de Neruda.
A Whitman,  le llama figura de viento y le habla sobre su procedencia de una isla del Caribe, su ciudad natal Santiago de los Caballeros, inolvidables, el barrio La Joya y el aroma de café colado de su tía Mercedes (Chea) la cual «leía la taza»; la cual, a la vez, le inspiró el extenso poema «La taza de la tía», y le cuenta que emigró al Estado Jardín de La Florida, en la segunda década del siglo XXI, en tiempos de la pandemia de la COVID-19.
En el poema muestra su particular asombro por la abundante fauna y flora estadounidense, donde existen especies diversas, ‘grandes lagartos’, ‘nerviosas ardillitas’, ‘concierto de sinsontes’ ‘majestuosos flamencos»; las hojas de hierba, recién podadas le llevan a Whitman e invoca a los Padres de su patria: Adams, Washington, Jefferson y Lincoln quien ‘quitó los grilletes a los negritos’ y los temores que asoman al sentir amenazada la democracia le, recuerda que en la guerra de Secesión entre esclavistas y liberales que desangró a Estados Unidos, Walt Whitman, apesadumbrado por el sufrimiento de los soldados heridos, trabajó voluntariamente como ayudante de enfermería.
Walter Whitman (Walt) es el más representativo del canon estadounidense, llamado Padre del verso libre, viejo patriarca que nació en el siglo XIX en la ciudad de New Jersey, el 31 de mayo de 1819, hace ya 205 años y falleciera a los 73 años de edad en Camden, NJ, fue un anti-esclavista, defensor de los ideales liberales y de la democracia a la vez que rechazaba el materialismo que, a su juicio, impregnaba la vida y las aspiraciones de la sociedad estadounidense.

Adjunto el poema Te cuento mi sueño, Walt Whitman de Carlos Márquez Cabrera

Poeta,

hermano,

padre,

cosmo,

cuatro décadas

se han ido y,

con ellas,

se marchó

mi potestad de sueños.

 

Mi padre, Yillo,

me ungió heredero

de sus oníricos sensores,

detectores

 de duendes vagabundos

entre mundanales multitudes.

 

Los perdí,

luego que Martí,

un ángel cubano caribeño

me contó

los bregares celestiales

del inmenso Neruda.

 

Y,

luego de aquella mañana,

cuando en el Subway

de tu ínsula, Manhattan,

ante las atónitas miradas

de quienes me acompañaban

esperando el tren,

empecé a hablar

con tu figura de vientos.

 

Whitman,

recuerdo

que entonces,

te enrostré

desaciertos democráticos

retadores de gobiernos.

 

Hoy, he vuelto a tu patria.

Estoy aquí

en el Estado de los lagos,

donde se enseñorean

los grandes lagartos

y nerviosas ardillitas

avivan traspatios

correteando en los escrines.

 

Soy definitivo inmigrante

discurriendo entre millones

de turistas atraídos

por los fantásticos imanes

de los parques divertidos

de Walt Disney.

 

Aquí,

lo mismo que en la patria dominicana

me nutro del Sol distante,

pero padezco las furias

de huracanes

disolviendo vidas

y empobreciendo.

 

Volví a tu patria,

Walt Whitman

sobre aroma

de Café colao

por Tía Chea,

allá en la Joya

del Santiago inolvidable.

 

Sin honores

me recibieron

en el Estado Jardín,

donde honré taxes,

mientras

el mandatario de entonces

jamás tributó.

 

Sorteando la coviana pandemia,

junto a mi dulcinea santiaguense

ascendí a la nave

del humo de las lámparas

de la comadrona Colasita,

quien me cortó el ombligo

y pudimos arribar

al inverosímil

archipiélago floridiano.

 

Y así,

concierto de Sinsonte y cigarras,

colorido plumaje de Pajuil,

majestuosos flamingos,

pescadoras cigüeñas

y pelícanos

aperturaron sus alas bendecidas

reanudando el fluir

de los perdidos

sueños nocturnales

que me legó

mi padre bienamado.

 

Cosmo, hijo de Manhattan,

no pudo ser de otro modo.

Alegría de pajarillos,

mapaches huidizos

que rondan mi casa

por las noches,

diurnas ardillitas

aliadas al existir

vigente en Everglades,

y tus hojas de hierba

podadas por doquier,

se sumaron

al retorno milagroso

de mis oníricos momentos.

 

Entonces,

urge decirte

lo que repetidamente

revela mi dulce madrecita yerta.

 

Pidióme

que diligenciara verte.

Que convocara tu copiosa barba

y la conminara

a despertar a tu viejo capitán,

Abraham Lincoln

para que se levante

aguerrido en este instante

en que las patatas

y el bistec de tu democracia

ya rondan los sabores del peligro.

 

Maestro Whitman,

celebro tu goce

por la hazaña del capitán

que timoneó la nave

y las adversidades

del viaje

hacia la desesclavitud de derecho

sobre la patria de Adams,

de Washington

y de Jefferson.

 

Whitman,

Lincoln se colma de heroísmo

en el laberinto

de la confrontación inevitable

y forjjando la integración estadounidense

quitóle grilletes

a cada morenito en plantaciones.

 

En ti, Walt Whitman

el heroísmo brotó

del estruendoso manantial

de tu pluma

cuando rompió barrotes

y cadenas

de añejos móldenes

que retenían el albedrío

de los versos y la poesía.

 

Hoy,

en la incertidumbre

de un escenario luctuoso

que agobia mis lágrimas

por la abrupta partida

de mi niño grande, Rafael,

quien, como tú,

nació en Manhattan,

te reconozco

y te cuento

lo que acontece.

 

Lo mismo que en el 62,

cuando fuiste enfermero

en los campos de batalla,

tu patria vive un sisma social

y padece crisis moral.

 

Mi madrecita muerta

reveló en mi sueño

que la democracia que ensalzaste

y te llenó de goces

proyecta una la deriva.

 

Dijo que,

pese a los tiempos de Litio,

de Grafeno y Tierras Raras,

que pese al tiempo de las redes,

del asombro del genoma humano

y la realidad microbiota

de las naves sin conductor

y de la artificial inteligencia,

aquí, en tu terruño,

Walt Whitman

y más allá,

desfazados seres

conflagradores impenitentes,

persisten, no cesan

forjando el exterminio

oriundo de un mercado

de armamentos

que enriquece algunos cuantos.

 

Reveló que,

supremacistas de ayer

han vuelto del tiempo

extraviado del camino

para asaltar capitolios

que conmovieron el mundo.

 

Doña Zaida,

fundamento de mi existir,

hija de Calín Cabrera

y nieta de Papa Musú,

me conminó a invocar

tu gigantesca barba

para que reanimes

al glorioso capitán

cobardemente martirizado

por plantadores resentidos.

 

Pidióme,

que tú, apeles  

a la pericia

de tu capitán,

Abraham Lincoln

 a fin de balancear

la nao de la democracia.

 

Cosmo, hijo de Manhattan,

estoy aquí, en tu lar

y me concierne

el vendaval libertario independentista,

aquel arcoíris de ideas,

de colores y sus cultos transitando.

 

Siendo inmigrante definitorio,

me atañe

la igualdad de los seres

y por ello,

mi sueño

te lo cuento,

Walt Whitman, mi sueño,

te lo cuento, Walt Whitman,

te lo cuento.

 

AUTOR: Carlos Márquez

22 de noviembre 2024

Kissimmee, Florida EEUU.

Carlos Márquez conversa con Walt Whitman en el Metro de NY

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