Violaciones grupales: la epidemia silenciada que desborda a la sociedad dominicana
Urge parar la barbarie antes de que las estadísticas se conviertan en epitafio colectivo
Redaccion de TeclaLibre, Santo Domingo.- Cuando todavía no cicatrizaban las heridas del escandaloso caso de Villa González, en Santiago —donde seis hombres abusaron de una joven—, otra atrocidad vuelve a sacudirnos: cinco jóvenes fueron apresados en Los Tres Brazos, Santo Domingo Este, acusados de violar a una adolescente de 16 años. Una vez más, la violencia sexual grupal irrumpe con la misma saña y el mismo patrón: víctimas menores de edad, de sectores populares, convertidas en botín de depredadores.
Los nombres de los acusados —Julio José Mateo, Brailyn Cepeda, Harolin José Martínez, Omar Reyes y Yoel Morrobel— ahora forman parte de una lista que no deja de crecer, alimentada por la impunidad, el silencio y la inacción. Según la Policía, el crimen ocurrió el 25 de agosto, pero solo salió a la luz tras la denuncia de un ciudadano. Cuatro de los señalados se entregaron voluntariamente, y el expediente ya está en manos del Ministerio Público.
El archivo de nuestra prensa es un espejo aterrador: San Francisco de Macorís, julio de 2016 en Villa Faro, el crimen de Eloísa Martínez en 2011, el descuartizamiento de Jessica Castillo en 2008, las hermanitas de Gualey en 2009… La lista es larga y vergonzosa. Todas comparten dos elementos: víctimas jóvenes, indefensas, y victimarios en manada, amparados en la certeza de que el sistema apenas rasguña la superficie del problema.
Solo entre enero y julio de este año, la Procuraduría General de la República registró 3,854 delitos sexuales, de los cuales 681 son violaciones. En Santo Domingo Este, en mayo, se dispararon las denuncias: 815 casos en un solo mes. En 2024, el número total alcanzó los 7,206 expedientes, encabezados por agresión sexual y seducción de menores.
Pero más allá de los números, lo que estas cifras gritan es que estamos ante una epidemia de violencia sexual que desborda la capacidad del Estado. Y mientras las estadísticas se inflan, las campañas de prevención brillan por su ausencia, la educación sexual integral sigue siendo tabú y la impunidad continúa siendo la mejor aliada de los agresores.
Urge un cambio de rumbo
¿Hasta cuándo las autoridades seguirán reaccionando a golpe de titulares? ¿Hasta cuándo la sociedad seguirá normalizando estos horrores como “un caso más”? La barbarie no se combate con discursos ni con medidas cosméticas. Se necesita una política de Estado clara: prevención, educación, sanción ejemplar, protección a las víctimas y seguimiento comunitario.
De lo contrario, las estadísticas no serán simples números: se convertirán en un epitafio colectivo que dirá que la sociedad dominicana supo y no actuó.
Aquí seguimos, contando víctimas como si fueran goles, mientras la impunidad sigue ganando el campeonato.
-Luis Rodriguez Salcedo, para TeclaLibre-
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