EDITORIAL /
La reapertura del gobierno federal de Estados Unidos, que finalmente pone fin a un espectáculo de irresponsabilidad política, no merece un aplauso, sino un severo reproche.
Esta paralización no fue un simple «receso administrativo»; Fue un acto de negligencia que expuso la fragilidad económica de millones de ciudadanos, con un impacto desproporcionado y demoledor en la laboriosa comunidad hispana y, muy en particular, en la diáspora dominicana.
Mientras la clase política jugaba a la guerra de trincheras en Washington, el bolsillo de nuestra gente sangraba. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) estimó que los trabajadores federales dejaron de percibir cerca de 16 mil millones de dólares en salarios. Esta cifra, por sí sola, es un agujero negro en el gasto de consumo que afecta directamente a los pequeños negocios hispanos que viven del día a día.
Pero el daño es más profundo, por cuanto acentuó la incertidumbre migratoria retrasando otros millares de solicitudes de visas de trabajo, de reunificación familiar y de naturalización que permanecen estancadas.
En cuanto a la comunidad dominicana, esto significa que la reunificación familiar —un pilar de nuestra estabilidad social—quedó congelada, demostrando que la burocracia puede ser un arma de inmovilización masiva.
Se estima que hasta 5,2 millones de contratistas federales (muchos de ellos hispanos están sufriendo la de garantía de recibir pago retroactivo, transformando a trabajadores honestos en rehenes de la pugna política.
Unido a ello la interrupción de programas vitales como SNAP, conocido como cupones de alimentos y la asistencia de vivienda son un ataque directo a las familias más vulnerables. Son pruebas fehacientes de que, los servicios sociales son prescindibles cuando se trata de procurar una victoria política.
El legendario inversor Warren Buffett lo dijo con total claridad:
«Solo cuando baja la marea es cuando descubres quién ha estado nadando desnudo.»
Y lo que el cierre del gobierno acaba de demostrar es que nuestra comunidad—importante motor de la economía, con un poder adquisitivo proyectado a superar los 3 billones de dólares para 2030 —ha estado nadando desnuda, sin un colchón de seguridad que la proteja de la indolencia gubernamental.
De ahí que, la reapertura no es un favor; es la obligación mínima de un gobierno funcional.
Teclalibre Multimedios entiende que, el referido cierre gubernamental, el más prolongado e irracional de los que registra la ejemplar sociedad estadounidense, debe sellar su reapertura para que jamás vuelva a perjudicar a todo el pueblo de esta patria de Washington y Lincoln.
Recordamos a todas y todos los estadounidenses, ciudadanos, residentes o no, que la estabilidad no se mendiga, se exige.
Los cierres gubernamentales no solo afectan a las comunidades inmigrantes, dañan la institucionalidad y, sobre todo, dejan muy mal parado el prestigio y la imagen internacional de esta sociedad, pilar fundamental de la democracia y eje del comercio mundial.

