✈️ ¡A Volar o a Aterrizar, Que Maduro Está Contando! El Culebrón Aéreo Madrid-Caracas
¡Agárrense, que el cielo entre Madrid y Caracas está más caliente que sancocho en julio! Las tres damas del aire hispano (Iberia, Air Europa y Plus Ultra) están jugando al «verás o no verás» con el mismísimo Nicolás Maduro. El cuento es sencillo: el Gobierno bolivariano, con el INAC a la cabeza (esos que ahora se hacen los guardianes del cielo), les dio un ultimátum de 48 horas para que volvieran a estirar las alas. ¿El premio por no hacerlo? Perder los derechos de vuelo. ¡Ouch!
Pero nuestras aerolíneas, más listas que el hambre, han dicho: «¡Alto ahí, vaquero!» Porque la cosa, dicen, no es un capricho político, sino pura supervivencia (y de paso, la de los viajeros, claro). La Agencia Española de Seguridad Aérea (AESA) les soltó un «fuertemente recomendado» para que no se acerquen al FIR Maiquetía hasta el 1 de diciembre. ¿La razón? El patio está revuelto con «aumento de actividad militar» gringa y el riesgo de que algún misilito antiaéreo (capaz de llegar «a todas las altitudes», ¡toma ya!) se equivoque de camino.
Aquí el que empezó a sonar la alarma no fue otro que el gigante del norte, la FAA de los Estados Unidos. Como bien dice el refrán, cuando el jefe del bloque tose, los demás se resfrían. La movida de Trump contra el narcotráfico en el sur del Caribe ha puesto la zona como si fuera un campo de tiro al plato, y la AESA española, obediente, ha recogido el guante.
El ministro español, José Manuel Albares, se ha lavado las manos diciendo que esto es solo una «cuestión de seguridad». ¡Qué conveniente! Nada de política, solo que tienen miedo de que les derriben un avión lleno de turistas y, de paso, de que a Maduro le dé un ataque de nervios.
Mientras los pilotos se toman un café tranquilo, los pobres viajeros, 6.000 almas en total (con Iberia acaparando 3.000 de esas reservas), se quedaron mirando el mapa. De repente, su boleto a la tierra de la arepa se convirtió en un bonito posavasos.
Y no son solo las españolas. La portuguesa TAP, la turca Turkish Airlines, la chilena Latam y la brasileña Gol también han puesto el freno de mano. Parece que la consigna es: «Antes un retraso que un aterrizaje forzoso cortesía de un cohete extraviado.»
El plazo del INAC expiró ayer miércoles a las 5 de la tarde, hora española. ¿Y qué pasó? ¡Nada de nada! Ni rastro de las sanciones. Ni en las aerolíneas, ni en la IATA (esos que le rogaron a Maduro que no fuera un «niño malo»), había información sobre el castigo.
Parece que el ultimátum de Maduro es más blando que un bollo sin sal. El régimen venezolano se quedó con el berrinche en la garganta, intentando que sus aerolíneas locales (Laser, Estelar y, ¡ay, Latam!) dieran un «mensaje de confianza». Pero incluso esas, con la lucecita roja de la AESA encendida, han preferido ser prudentes.
El mensaje es claro: la seguridad aérea, o al menos la excusa de ella, es la carta más alta. Las aerolíneas europeas se han parapetado detrás de la AESA y la FAA, dejando a Maduro haciendo pucheros con sus derechos de vuelo. Al final, el que se queda aislado no es solo el país, sino el propio Gobierno, al ver que su amenaza es tan efectiva como un salvavidas de papel.
Lo que nos queda claro es que hay más miedo a un misil gringo que a la ira de Caracas. Y hasta el 1 de diciembre, o hasta que el cielo se aclare (y los pilotos se aburran de estar en tierra), la ruta Madrid-Caracas será el vuelo fantasma del Atlántico.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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