✈️ El Caribe, un Tablero de Ajedrez: Entre Narcos, Aviones y la Sospecha de una ‘Cacería’ de Poder
El Caribe se ha convertido, sin disimulo, en el cuadrilátero de un choque retórico y militar que huele a azufre y a una estrategia de «máxima presión» que ya no se conforma con el agua salada. La amenaza de Donald Trump de actuar «muy pronto» en tierra contra los supuestos narcotraficantes de Venezuela, mientras Nicolás Maduro exhibe músculo aéreo y llama a la «alerta máxima», no es solo un intercambio de bravuconadas: es la oficialización de una nueva y peligrosa fase del cerco.
El pretexto es el narcotráfico, un mal endémico, sí, pero la magnitud del despliegue estadounidense con portaaviones, bombarderos B-52H y la letalidad de sus ataques (más de 80 muertos en el mar desde septiembre, según Trump), hace que hasta el más ingenuo frunza el ceño.
El «Cartel de los Soles» venezolano (al que Washington tiene bien identificado con altos funcionarios chavistas) parece ser el nuevo chivo expiatorio que justifica una acción militar. La designación de estos cárteles como «Organizaciones Terroristas Extranjeras» le da a la Casa Blanca la licencia legal para utilizar sus recursos bélicos en el extranjero. ¿Es solo control de drogas, o es una cacería de cabezas con el fin último de fracturar la estructura de poder en Caracas? Muchos analistas, y el sentido común, apuntan a lo segundo. La recompensa de $50 millones por Maduro lo dice todo.
🇩🇴 La República Dominicana y la Doctrina Monroe Aérea
En este tablero, la República Dominicana se ha erigido en un peón estratégico, aunque su Gobierno insista en el noble arte de la cooperación antidrogas. La autorización para que aeronaves de EE. UU. (cisterna y transporte) operen temporalmente desde los aeropuertos de Las Américas y la base militar de San Isidro, bajo la Operación ‘Lanza del Sur’, se vende como un asunto «técnico, limitado y temporal», amparado en viejos acuerdos bilaterales.
Las autoridades dominicanas hacen malabares retóricos para asegurar que no se trata de «naves de combate ni plataformas ofensivas». Pero, en el contexto de un portaaviones atracado y bombarderos B-52H rondando, y con el Secretario de Guerra estadounidense (¡no de Defensa, sino de Guerra!) visitando la zona, la narrativa de la «logística» suena a un eufemismo diplomático muy bien ensayado. Para el chavista Padrino López, la movida dominicana es un acto de «gobiernos genuflexos» que se prestan al «juego imperialista». Para los críticos internos en RD, es una pérdida gradual de soberanía. Dos caras de la misma moneda: en medio de una escalada, cualquier punto de apoyo es una base.
La respuesta venezolana fue un golpe bajo, casi un autogol aéreo, revocado las concesiones de Iberia, TAP, Turkish, Avianca, Latam Colombia y Gol. La acusación: «sumarse a las acciones de terrorismo» promovidas por EE. UU.
El Aeropuerto Internacional de Maiquetía, que ya venía operando a media máquina, se convirtió en una catedral desolada. La IATA pide «reconsiderar» y las aerolíneas afectadas mantienen su postura de seguridad, pero para el régimen de Maduro, esto es un asunto de dignidad: «Quédense ustedes con sus aviones y nosotros nos quedamos con nuestra dignidad», sentenció Diosdado Cabello. La maniobra, más allá de lo económico, profundiza el aislamiento de Venezuela, cortando aún más las pocas ventanas que le quedan al mundo, y demostrando que el régimen está dispuesto a pagar un alto costo por su «soberanía» (o su capricho).
El panorama es de tensión máxima y aire enrarecido. Con Trump prometiendo actuar «por tierra» sin dar detalles—una ambigüedad que es en sí misma una amenaza—, y Maduro con sus fuerzas armadas en «alerta, listos y dispuestos», el Caribe ya no es solo un destino turístico, sino un polvorín donde el pretexto del narcotráfico amenaza con encender la mecha de algo mucho más grande.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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