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EL PUMA, UN VUELO, UN BOLSO Y LEY MARCIAL EN AMERICAN AIRLINES

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-EL PUMA Y EL CAPITÁN DE HIERRO: UN VUELO, UN BOLSO Y LA LEY MARCIAL EN AMERICAN AIRLINES-

Si algo quedó claro esta semana es que ni los famosos vuelan por encima de la ley del mamparo. Y menos si dicen una mala palabra. José Luis Rodríguez, El Puma, lo aprendió en carne propia —y en la pista de Quito— cuando un capitán de American Airlines decidió ejercer su autoridad como si pilotara un portaviones nuclear en plena Guerra Fría.

El episodio comenzó como comienzan casi todas las desgracias modernas:
por un bolso pequeño, discreto, de esos que no hacen daño a nadie… salvo a los reglamentos de la FAA, que lo consideran un atentado contra la seguridad nacional si se coloca en el piso de la primera fila.

El Puma llevaba allí sus medicinas vitales, porque recordemos que este señor canta, respira y vive gracias a un trasplante de pulmones. Pero las normas del cielo no tienen pulmón ni corazón: son rígidas, frías y hablan inglés.

La tripulación le pidió guardar el bolso arriba, él lo intentó, lo movió pa’quí, pa’llá, lo subió, lo bajó, mientras el resto de los pasajeros lo miraban con la típica mezcla de solidaridad y cansancio del embarque latinoamericano.

Y entonces ocurrió:
La palabra prohibida, el detonador, la chispa del apocalipsis aeronáutico.
“Pendejada”, murmuró. No a la azafata, no al capitán, no a nadie: al aire.
Pero en el mundo de las aerolíneas, el aire también escucha.

La azafata lo reportó. El capitán entró en modo Halcón Negro Derribado.
Y ahí mismo comenzó la coreografía militar: — “Desembarque de mi avión. Ahorita mismo.”

Así, sin anestesia.
A un hombre de 82 años.
Por decir “pendejada”.
Uno se pregunta: ¿qué habría pasado si hubiese dicho “caramba”? ¿Lo ascendían a primera clase?

El Puma asegura que se disculpó como tres veces. La tripulación dice que no cumplió “las instrucciones”. El capitán mantiene que la seguridad va primero. Y los videos que salieron muestran algo más simple:
un hombre mayor, confundido, que quiere cuidar su salud… y un piloto que descubrió ese día que el poder absoluto es, efectivamente, absoluto.

🛫 EL PROTOCOLO DE LA INFLEXIBILIDAD
American Airlines respondió con el manual corporativo número 467-B, ese que dice lo mismo desde hace 20 años: “Priorizamos la seguridad.” “Cumplimos con las normas.” “Reprogramamos al pasajero.”

No hay nada más frío que un comunicado de aerolínea. Ni siquiera el aire acondicionado que ponen a 14 grados para que nadie proteste.

El artista, con la elegancia que siempre lo acompaña, solo dijo: “Me sentí humillado.” “Me trataron como a un delincuente.” “Exijo una disculpa.” Y uno, desde el Caribe, no puede evitar imaginárselo cantando bajito:

“Agárrense de las manos… que el capitán anda rabioso…”

¿QUÉ HAY AQUÍ?
No es solo un bolso.
No es solo un comentario.
Y tampoco es solo un capitán con exceso de testosterona reglamentaria.

Lo que vemos es la radiografía del transporte aéreo moderno, un sistema que trata a los pasajeros como si todos fuéramos sospechosos de terrorismo por llevar una crema humectante o un paquete de mentas.

Las aerolíneas se han convertido en fortalezas de burocracia: La tripulación está agotada. Los pasajeros, estresados. Los protocolos, escritos por abogados. Y el capitán… bueno, el capitán cree que cada vuelo es un juicio final en el que él es juez, jurado y verdugo.

LA VERDAD SEGÚN TECLALIBRE
Que sí, El Puma dijo una palabra de más. Pero también es cierto que la falta de criterio se ha vuelto la nueva pandemia aérea. Expulsar a un hombre mayor, trasplantado, por un comentario de frustración que ni siquiera iba dirigido a nadie, es el equivalente aeronáutico a mandar a fusilar a alguien por pisar un charco.

Entre el artista y la aerolínea, ¿quién tenía razón?
La respuesta es sencilla: nadie, porque a la razón la dejaron en la puerta de embarque.

EPÍLOGO EN EL CIELO DE AMÉRICA
El Puma terminó reprogramado en otro vuelo.
American Airlines terminó con otro escándalo viral.
Y el capitán terminó convencido de que salvó a la humanidad de un bolso fuera de lugar.

Mientras tanto, en algún lugar de la terminal aérea, descansa tranquilo EL BOLSO:
el verdadero protagonista de este drama de proporciones shakesperianas.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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