-De indultado VIP a prófugo de lujo: Honduras reactiva la cacería contra Juan Orlando-
No habían pasado 72 horas desde que Donald Trump extendió su mano benevolente —esa mano que suele perdonar sin mirar los antecedentes penales— cuando Honduras respondió con una bofetada judicial: orden de captura internacional contra Juan Orlando Hernández.
Un país lo libera; el otro lo persigue. Bienvenido, una vez más, al Caribe político-judicial.
El expresidente hondureño salió de la cárcel estadounidense con discurso, Biblia y sonrisa de redención. Trump lo presentó como “un hombre injustamente enjuiciado” y lo soltó como quien manda a casa a un hijo rebelde.
Pero el día que los barrotes se abrieron allá, las alarmas se encendieron aquí.
Honduras desempolvó un expediente que llevaba meses guardado bajo un cojín institucional: Pandora II, esa caja judicial donde duermen millones desviados, fundaciones fantasmales y contratos que solo existieron en tinta.
Y no fue una simple reactivación. Fue petición ordenada a tribunales, oficio a Policía Nacional y solicitud inmediata a INTERPOL.
Nada de esperar. Nada de revisar. Nada de audiencias largas. Directo a la lista roja.
¿Hizo algo nuevo? No. Simplemente salió libre
En resumen: Cuando estaba preso en EE. UU., el caso dormía. Cuando lo indultaron, el caso despertó. Cuando salió a la calle, lo quieren volver a encerrar. La Fiscalía hondureña parece haber aplicado la teoría del timing perfecto: “Mientras no estorbe, olvidemos. Cuando pueda reaparecer, procesemos.”
Los fiscales hablan de lavado de activos y fraude agravado. La defensa habla de persecución política. Los partidos en campaña hablan de justicia ejemplar. Y la ciudadanía habla de ironías… con bastante razón.
Un prófugo simbólico para una justicia simbólica
Juan Orlando Hernández —quien alguna vez gobernó con mayoría aplastante, congresistas de bolsillo y militares marchando en rectitud— hoy firma autógrafos de mártir en la Florida y agradece “a Dios y a Trump” por su libertad.
Mientras tanto, en Tegucigalpa, los magistrados aplican tinta fresca al expediente que ya tenía polvo.
Nadie lo vio venir… O sí.
Era lógico que ser indultado en Washington no significara inmunidad en Tegucigalpa, y menos cuando el país está entrando en fase electoral, con vacunas políticas vencidas y discursos que necesitan villanos nuevos.
¿Quién mejor que un expresidente que estuvo preso por narcotráfico en el norte?
Pandora II: la caja que abre justo cuando conviene
La acusación dice que millones de lempiras públicos se canalizaron hacia: fundaciones inexistentes, empresas de madera ficticia, contratos generosos sin proyectos reales.
No es nuevo. No es secreto. Solo necesitaba fecha adecuada. Y el calendario se alineó.
Moraleja y epílogo provisional
Cuando Estados Unidos perdona, América Central desempolva;
cuando Washington suelta, Tegucigalpa reaprieta;
cuando Trump indulta, la Fiscalía hondureña responde: “Aquí no, señor.”
Juan Orlando Hernández vive hoy en un limbo diplomático: libre por orden presidencial de un país ajeno; perseguido por orden judicial de su país propio.
Un prófugo sin barrotes visibles.
Un indultado sin destino seguro.
Un expresidente con dos sellos contradictorios: liberado y buscado.
La región, mientras tanto, sigue mirando.
Porque incluso cuando todo parece terminado, alguien encuentra un expediente que nunca fue cerrado.
Y ese expediente —como los buenos chismes— siempre vuelve.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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