-Venezuela entre la oferta de paz y la factura de la victoria-
Mientras Delcy Rodríguez apela a la diplomacia y al respeto mutuo, Donald Trump exige “acceso total” a los recursos venezolanos y anuncia una transición bajo tutela estadounidense. El lenguaje revela más que los gestos.
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, llamó este lunes al Gobierno de Estados Unidos a trabajar en una agenda de cooperación conjunta, apelando a la paz, al respeto mutuo y a los principios clásicos del derecho internacional.
El mensaje, dirigido tanto a Washington como a la comunidad internacional, intenta proyectar una Venezuela dispuesta a convivir sin amenazas externas, bajo los conceptos de igualdad soberana y no injerencia. Un discurso pulcro. Medido. Y, sobre todo, defensivo.
Porque del otro lado no hubo diplomacia, sino factura política.
El presidente estadounidense Donald Trump dejó claro que su expectativa hacia la nueva dirigencia venezolana pasa por el “acceso total” al país: petróleo, infraestructuras y activos estratégicos. Habló de puentes que se caen, carreteras inexistentes y de la necesidad de reconstrucción, en una narrativa que combina diagnóstico técnico con control operativo.
No se trató de una oferta de ayuda, sino de una definición de mando.
Trump, además, anunció que evalúa reabrir la embajada estadounidense en Caracas y reiteró que Venezuela será gobernada por su “equipo de confianza” durante la transición, tras la captura del expresidente Nicolás Maduro. Un mensaje inequívoco: la transición no se improvisa en Caracas; se administra desde Washington.
En ese contexto, el llamado de Rodríguez parece dirigido menos a la Casa Blanca que a otros actores del sistema internacional —China, Rusia, la Unión Europea—, como advertencia diplomática ante el riesgo de que Venezuela pase de Estado colapsado a protectorado de facto.
La escena deja una imagen incómoda: mientras Caracas habla de cooperación entre iguales, Washington habla como potencia vencedora. Y cuando el vocabulario no coincide, suele imponerse quien controla los hechos.
Las transiciones también tienen letra pequeña. Cuando una potencia exige “acceso total”, no está negociando el futuro: lo está cobrando. Venezuela entra en una nueva etapa, pero no queda claro si como país soberano o como territorio en administración temporal. La diferencia no está en los discursos, sino en quién da las órdenes.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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