InicioOPINIONTODAVÍA NADIE SABE QUIEN TIENE LAS LLAVES

TODAVÍA NADIE SABE QUIEN TIENE LAS LLAVES

-

Crónica | Washington–Caracas–Fox News

La escena no ocurrió en Miraflores ni en Caracas. Ocurrió en un estudio de televisión, bajo luces frías y una bandera estadounidense de fondo. Fox News, prime time. Sean Hannity hace la pregunta. Y María Corina Machado no duda.

Agradece.

Agradece al presidente Donald Trump por las “valientes acciones” que —dice— condujeron a la captura de Nicolás Maduro. Lo dice sin rodeos, sin eufemismos diplomáticos, sin la ambigüedad que suele envolver a los derrotados y a los expectantes. Gratitud directa al poder real.

No es un gesto menor. En política internacional, agradecer es alinearse.

Machado recuerda entonces un episodio que parece sacado de una novela de espionaje: en octubre, dedicó a Trump el Premio Nobel de la Paz que le fue concedido. Para recogerlo tuvo que salir de Venezuela en secreto, casi a escondidas, rumbo a Oslo. Llegó tarde. No hubo ceremonia. No hubo aplausos. Solo el símbolo.

El símbolo importa.

Porque lo que Machado estaba diciendo en Fox News no era solo “gracias”. Estaba diciendo: yo estuve del lado correcto de la historia cuando el poder se movió.

Habla luego del futuro, como quien ya se ve caminando por pasillos conocidos. Dice que quiere regresar a Venezuela lo antes posible. Que no ha hablado con Trump desde la captura de Maduro. Lo aclara, quizá para no parecer dependiente; quizá para no parecer excluida. El silencio, en estos casos, dice tanto como una llamada.

Describe la Venezuela que imagina: un centro energético para las Américas, Estado de derecho restaurado, seguridad para la inversión extranjera, millones de migrantes regresando a casa. Es un país dibujado con líneas firmes, pensado para tranquilizar a mercados, gobiernos y exiliados.

Y entonces lanza la cifra: más del 90 % de los votos en elecciones libres y justas.

No es una promesa. Es una proclamación.

Pero la crónica no termina ahí. Porque mientras Machado habla desde Fox News, Trump —desde su propio escenario— no le devuelve el gesto. Ha dicho públicamente que Estados Unidos no está en guerra con Venezuela. Y ha ido más lejos: ha afirmado que Machado no cuenta con suficiente apoyo interno para liderar el país.

No la desautoriza. Pero tampoco la corona.

En la política del poder duro, esa distancia es calculada. Washington observa. Mide. Espera. No bendice a nadie antes de tiempo. Mucho menos en un país donde el control real no se decide en estudios de televisión, sino en cuarteles, refinerías y tribunales.

Machado habla como presidenta en espera. Trump actúa como quien administra un tablero más grande.

Y ahí queda la imagen final:
una líder opositora agradecida, proyectada, lista para volver;
un presidente estadounidense frío, distante, con la baraja aún en la mano.

La puerta en Venezuela se abrió con la caída de Maduro.
Pero en el pasillo del poder —como siempre—
todavía nadie sabe quién tiene las llaves.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

Related articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Stay Connected

0SeguidoresSeguir
3,912SeguidoresSeguir
22,800SuscriptoresSuscribirte

Latest posts