-Epstein firmó su testamento dos días antes de morir… y el legado es un espejo perturbador de su mundo-
New York, EE. UU. — A un día de que se difundiera un enorme lote de documentos del caso Jeffrey Epstein, la publicación parcial del testamento que firmó el 8 de agosto de 2019, apenas 48 horas antes de ser hallado muerto en su celda de una prisión de Nueva York, ha reavivado las mismas preguntas que han perseguido al caso desde hace años: ¿qué implicaba realmente su círculo íntimo, y qué quedó de su fortuna después de una vida dedicada al abuso sistemático?
Según los documentos del Departamento de Justicia, Epstein, condenado por delitos de tráfico sexual, firmó un acuerdo de fideicomiso y un testamento donde pretendía repartir unos 288 millones de dólares y un abanico de propiedades lujosas entre al menos 44 beneficiarios.
A su última novia conocida, Karyna Shuliak —una dentista de origen bielorruso con quien habría tenido una relación larga—, le asignó 50 millones de dólares, además de bienes inmuebles emblemáticos del entramado de Epstein: su isla privada en las Islas Vírgenes (conocida en los medios como la “isla pedófila”), su rancho Zorro en Nuevo México, casas en París, Florida y su famosa residencia del Upper East Side de Manhattan.
Un anillo de diamantes de casi 33 quilates, descrito minuciosamente, tendría la nota manuscrita de Epstein de ser “en contemplación de matrimonio”.
Su abogado Darren Indyke estaba designado para recibir 50 millones de dólares, mientras que su contador Richard Kahn recibiría 25 millones.
Ghislaine Maxwell, su socia condenada a 20 años de prisión por tráfico sexual, así como su hermano Mark Epstein y su piloto Larry Visoski, estaban incluidos con asignaciones de 10 millones de dólares cada uno.
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El resto de los beneficiarios figura en el documento con nombres redactados o solo referidos como “ella”, a quienes también se les asignaban sumas de varios millones.
Pero aquí viene la grieta: el plan que Epstein diseñó nunca se cumplió tal cual, y el destino real de su patrimonio sugiere algo distinto.
Tras su muerte en agosto de 2019, su fortuna fue transferida a un fideicomiso que ha servido principalmente para pagar compensaciones a víctimas, impuestos y honorarios legales derivados de los extensos litigios del caso. Según informes recientes, de los 288 millones originales apenas unos 127 millones de dólares permanecen bajo control judicial.
Este desfase entre lo que planeó y lo que quedó es sintomático: mientras él visualizaba un reparto millonario, la magnitud del daño causado y la presión legal obligaron a redirigir la mayor parte de su legado hacia quienes sufrieron su crimen.
Analizar este testamento desde una perspectiva periodista revela varios puntos clave:
La desconexión entre intención y consecuencia: El documento es una obra de aspiraciones personales llenas de lujo y favores, pero se topa con una realidad legal que prioriza compensar daños a víctimas antes que atender sus caprichos financieros.
Incluir a figuras como Maxwell —ya condenada— y cercanos colaboradores refleja que las lealtades y vínculos no se disolvieron incluso al borde de la muerte. Que el testamento haya sido firmado apenas dos días antes de morir añade una carga dramática y polémica a su contenido.
La liberación de estos documentos, exigida por una ley federal de transparencia, ha obligado a revisar no solo su historia financiera sino también cómo funcionó su red de poder e impunidad.
El testamento de Epstein no es solo una lista de bienes y cantidades: es una ventana a cómo un hombre buscó controlar su legado incluso después de ser arrestado por crímenes atroces. Sin embargo, la justicia —aunque tardía y parcial— ha desviado gran parte de ese supuesto legado hacia las víctimas. La historia, a diferencia del testamento, no se puede redactar a mano dos días antes de morir.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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