-Sheinbaum tantea el tablero internacional mientras la frontera arde en clave electoral-
México evalúa llevar a Estados Unidos ante la Corte Internacional de Justicia en medio de tensiones por migración, Texas y soberanía. ¿Demanda real o jugada estratégica de Claudia Sheinbaum?
Hay palabras que suenan a tormenta diplomática aunque todavía no haya caído el rayo.
“La Haya” es una de ellas.
En los pasillos políticos mexicanos comenzó a rodar la versión: si Estados Unidos endurece el cerco migratorio, si Texas legisla como si fuera república independiente, si las armas siguen cruzando el río Bravo con pasaporte invisible… entonces México podría tocar la puerta de la Corte Internacional de Justicia.
Y ahí entra en escena la presidenta Claudia Sheinbaum, quien gobierna en un contexto donde la firmeza retórica es tan necesaria como el equilibrio comercial.
Texas se ha convertido en el laboratorio del pulso fronterizo. Si este fuera un duelo del viejo oeste, Texas estaría girando el revólver. El estado ha convertido la frontera en escenario político permanente auspiciando una legislación propia para detener migrantes; desplegando la Guardia Nacional; y colocando boyas en el río como si fueran piezas de ajedrez flotando.
México observa. Protesta. Calcula. Porque una cosa es la indignación diplomática y otra muy distinta es poner en riesgo la arteria económica que conecta ambas economías bajo el T-MEC.
Demandar a Estados Unidos por acciones impulsadas desde un estado como Texas abre un laberinto jurídico interesante… y altamente simbólico.
¿Qué significa realmente ir a La Haya?
La Corte Internacional de Justicia no es un martillo automático.
Solo puede actuar si los Estados aceptan su jurisdicción.
Y Washington ha sido selectivo cuando se trata de someterse a fallos internacionales.
México ya tuvo un capítulo en 2004 con el caso Avena. Ganó en el papel. En la práctica, el cumplimiento fue incompleto y polémico. Entonces la pregunta no es sólo jurídica. Es política.
Una demanda ante la Corte puede colocar el conflicto en el radar global. Reforzar la narrativa soberanista interna, o presionar diplomáticamente sin disparar un solo tiro. En política exterior, a veces el expediente es también mensaje.
Mientras Texas endurece el discurso, California representa otra melodía. Con enorme población de origen mexicano y posturas más abiertas en materia migratoria, el estado dorado funciona como contrapeso político dentro de EE.UU.
México no dialoga con un bloque uniforme. Dialoga con una federación fragmentada, donde cada estado juega su propio partido.
El cálculo frío detrás del discurso caliente, que nadie quiere subrayar demasiado, es que México depende del comercio bilateral, de las remesas, y la integración industrial.
Ir a La Haya puede elevar el tono, pero también puede tensar fibras económicas delicadas. No hacer nada, en cambio, tiene costo político interno.
Sheinbaum necesita demostrar firmeza sin incendiar el puente. Eso exige cirugía diplomática.
Hasta el momento no hay confirmación formal de que el caso esté ya radicado ante la Corte. Pero en geopolítica, los rumores también negocian.
Y en año de sensibilidad migratoria en Estados Unidos, cualquier chispa fronteriza se convierte en combustible electoral.
TeclaLibre sospecha que esto no es solo derecho internacional. Es narrativa. Es músculo político. Es cálculo económico.
Sheinbaum podría estar enviando dos mensajes simultáneos:
A Texas: “La soberanía no es decorativa.”
A Washington: “La relación es estratégica, pero no sumisa.”
La pregunta no es si México puede demandar.
La pregunta es cuándo le conviene hacerlo.
Y en diplomacia, el calendario pesa más que el código.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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