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MÉXICO SIN «MENCHO»: CREA UNA TORMENTA

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México sin “Mencho”: ¿fin de un capo o inicio de una tormenta?

La caída —y muerte— de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, no ha sido el punto final de una historia criminal, sino el detonante de una reacción en cadena que ha encendido al menos la mitad del mapa mexicano.

El líder del Cartel de Jalisco Nueva Generación (CJNG) murió tras un operativo en Tapalpa, Jalisco, ejecutado por fuerzas federales con inteligencia estadounidense. El traslado aéreo hacia Ciudad de México terminó en tragedia —según la versión oficial— y, casi de inmediato, comenzaron los “narcobloqueos”: vehículos incendiados, carreteras cerradas, comercios atacados y suspensión de vuelos y clases en múltiples estados.

El sur de Jalisco fue el epicentro. Pero la onda expansiva alcanzó a Michoacán, Colima, Nayarit, Guanajuato, Tamaulipas, Baja California, Guerrero, Quintana Roo y otros más, hasta sumar 16 entidades con disturbios confirmados.

El CJNG no nació como un cartel más. Surgió como una escisión del Cartel de Sinaloa tras la muerte de Ignacio “Nacho” Coronel en 2010. Bajo el mando de El Mencho, se convirtió en una de las organizaciones más violentas y expansivas de México, con presencia en los cinco continentes, especialmente en el tráfico de metanfetaminas y fentanilo hacia Estados Unidos.

Washington había ofrecido recompensas millonarias por su captura. La presión estadounidense sobre México se intensificó en los últimos años, particularmente por la crisis del fentanilo que golpea a ciudades norteamericanas.

Esta operación —según trascendidos— habría sido fruto de cooperación binacional, un punto políticamente delicado en México, donde la soberanía es un tema casi sagrado.

Los llamados “narcobloqueos” no son improvisación. Son manual táctico. Vehículos atravesados en autopistas, incendios coordinados, ataques a infraestructura pública y privada, incluyendo sucursales del Banco del Bienestar.

En Puerto Vallarta, destino turístico internacional, vuelos cancelados. En Guadalajara, conciertos suspendidos, incluyendo el de la cantante estadounidense Kali Uchis. El gobernador activó “código rojo”.

El mensaje del CJNG fue claro: “Podrán matar al líder, pero la estructura sigue viva.”

La historia reciente de México enseña que la muerte de un capo no significa paz. Tras la caída de Arturo Beltrán Leyva, Ignacio Coronel o incluso la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, lo que siguió fue fragmentación y más violencia.

Hay tres escenarios probables:

Fragmentación interna del CJNG, con luchas por la sucesión.

Reconfiguración silenciosa, donde un heredero ya designado asume el mando.

Escalada nacional, si grupos rivales intentan aprovechar el vacío.

La violencia extendida en 16 estados sugiere que el cartel conserva capacidad operativa nacional. Eso no es improvisación, es músculo logístico.

La operación con inteligencia estadounidense añade un ingrediente político delicado.

En año electoral en EE.UU., el combate al narcotráfico es bandera recurrente. Y México, bajo presión por el flujo de fentanilo, ha sido señalado con dureza por sectores políticos estadounidenses.

Si la narrativa oficial presenta la caída de El Mencho como “victoria conjunta”, Washington gana puntos. Pero si la violencia escala, el gobierno mexicano enfrentará críticas internas por permitir —según sectores nacionalistas— una “injerencia” extranjera.

Sectores empresariales piden reforzar la seguridad en corredores turísticos.

Organismos de derechos humanos exigen transparencia sobre las circunstancias exactas de la muerte.

Analistas advierten que la militarización permanente no ha resuelto el problema estructural del narcotráfico.

En redes sociales, el debate se divide: algunos celebran el “golpe histórico”; otros temen que sea el inicio de un capítulo más sangriento.

TeclaLibre analiza…
La caída de un capo siempre produce titulares rimbombantes. Pero el crimen organizado no es una persona: es una empresa. Y cuando cae el CEO, el consejo directivo se reúne.

México amaneció sin El Mencho.
Pero no amaneció sin el CJNG.

La pregunta no es si habrá más violencia. La pregunta es cuánta y por cuánto tiempo.

Porque en esta guerra no declarada, cada “victoria” suele venir con factura incluida.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

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