-Trump afirma que el conflicto con Irán puede llenar de dinero a Estados Unidos-
La subida del petróleo por la guerra en el Golfo Pérsico abre un nuevo frente económico global: energía, inflación y geopolítica en juego
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este jueves que el aumento de los precios del petróleo provocado por la guerra entre Washington, Israel e Irán podría beneficiar económicamente a su país, al reforzar la rentabilidad de la producción energética estadounidense.
“Estados Unidos es, con diferencia, el mayor productor de petróleo del mundo, así que cuando suben los precios del petróleo ganamos mucho dinero”, escribió Trump en su red social Truth Social.
La declaración llega cuando el conflicto en Oriente Medio entra en su decimotercer día, en medio de una creciente inquietud global por la disrupción de las cadenas de suministro de petróleo y gas, especialmente tras las tensiones en el estratégico estrecho de Ormuz.
El estrecho de Ormuz, que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico, es uno de los puntos más sensibles del comercio energético mundial.
Por esta estrecha vía marítima circula cerca de una quinta parte del petróleo que se consume en el planeta, transportado principalmente desde Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos y Qatar hacia Europa, Asia y América.
Las tensiones militares y los ataques a infraestructuras energéticas han elevado el temor a una interrupción prolongada del tránsito de buques petroleros, lo que ha impulsado al alza los precios del crudo en los mercados internacionales.
Para muchos analistas, el riesgo no es solo la guerra en sí, sino el impacto que un bloqueo total del estrecho podría tener sobre la economía mundial.
La lógica de la Casa Blanca se apoya en un cambio estructural ocurrido en el mercado energético global durante la última década: Estados Unidos se ha convertido en el mayor productor mundial de petróleo y gas.
Este liderazgo se debe principalmente al desarrollo del petróleo de esquisto (shale oil) mediante fractura hidráulica, así como al auge del gas natural licuado exportado a Europa y Asia.
Cuando los precios del petróleo suben: aumenta la rentabilidad del fracking, se activan proyectos de extracción más costosos, crecen las exportaciones energéticas estadounidenses
En ese contexto, los precios elevados pueden fortalecer el peso económico de la industria energética norteamericana y consolidar la influencia de Washington en los mercados globales de energía.
Sin embargo, la ecuación no es completamente favorable para Estados Unidos ni para el resto del mundo.
El aumento del precio del petróleo también provoca efectos negativos: incrementa el precio de la gasolina, presiona la inflación global, encarece el transporte y la producción industrial, Y ralentiza el crecimiento económico.
Economistas advierten que si la crisis en el Golfo se prolonga, el impacto podría sentirse en toda la economía mundial, especialmente en los países dependientes de la importación de energía.
Más allá del campo de batalla, el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán revela una verdad que la historia ha confirmado repetidamente: las guerras modernas también se libran en los mercados energéticos.
El control de rutas petroleras, oleoductos y reservas de hidrocarburos sigue siendo uno de los pilares de la geopolítica global.
En ese tablero, el estrecho de Ormuz se convierte nuevamente en una pieza clave, capaz de alterar el equilibrio económico del planeta.
Mientras los misiles y drones dominan los titulares, el petróleo —y su precio— continúa siendo una de las armas más poderosas de la política internacional.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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