-Entre bombas, niños muertos y promesas de paz: el baile macabro de Medio Oriente (otra vez)-
Jerusalén / Gaza / Teherán, 28 de abril de 2026 —
Qué manera de aburrirse con la paz, ¿no? En las últimas 24 horas, el tablero de Medio Oriente volvió a moverse con la misma lógica de siempre: todos quieren negociar, pero nadie guarda los misiles.
Resulta que mientras el mundo miraba para otro lado —ocupado en sus propias crisis— en Gaza un niño de nueve años, Abdelafi al Najar, se convirtió en el número 818 de la lista de muertos desde que supuestamente rige un alto el fuego. Porque sí: hay tregua, pero los bombardeos israelíes sobre Jan Yunis no leyeron el comunicado. El Ejército de Israel, por supuesto, no se ha dignado a explicar por qué un menor de edad está ahora bajo los escombros. Silencio. Ojalá fuera la primera vez.
El morbo de las cifras: 818 muertos en seis meses de “paz”
Para que nos entendamos: desde octubre de 2025, cuando se firmó aquel pacto que iba a traer “calma duradera”, han caído 818 gazatíes y han volado 2.301 heridos a hospitales que se quedan sin oxígeno. Literalmente. La única planta de oxígeno del enclave está a punto de colapsar. Así que sí, qué bonito concepto de alto el fuego: matar con cuentagotas para no ensuciar los titulares.
Y mientras tanto, en Líbano, el espectáculo continúa. Israel dice que atacó “una veintena de infraestructuras terroristas” de Hezbolá en el sur y en el valle de la Becá. La palabra “terrorista”, como siempre, funciona como comodín: todo lo que se mueve y no es mío es terrorista. Hezbolá responde con drones contra tanques, dice que impactó, Israel dice que no pasó nada. Los muertos reales, mientras tanto, ya son 2.520 según el Ministerio de Salud libanés. Pero claro, nadie cuenta igual.
Netanyahu y su “libertad de acción”: la ironía hecha política
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, proclama orgulloso que sus fuerzas tienen “libertad de acción” para eliminar “amenazas inmediatas”. Traducción: bombardeamos cuando se nos antoja. Su ministro de Defensa, Israel Katz, fue más lejos y le advirtió a la enviada de la ONU en Líbano que si el gobierno libanés no pone freno a Hezbolá, “se desatará un incendio que arrasará Líbano”. O sea, la amenaza es pública y en directo. La ironía es que la ONU está ahí de adorno, como casi siempre.
Trump, Irán y el circo de las negociaciones
Cambiemos de escenario pero no de cinismo. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está molesto porque Irán le presentó una propuesta de paz… ¡qué atrevimiento! El problema, según fuentes filtradas, es que Teherán quiere hablar primero del estrecho de Ormuz y después del programa nuclear. Es decir: los persas, tan tontos ellos, pretenden desactivar una crisis energética global antes de hablar de uranio. Trump dice que no, que primero el tema nuclear. Morbo diplomático: Irán ahora dice que “estudia la posibilidad” de volver a la mesa. ¿Estudia? Pero si hace una semana amenazaban con cerrar el golfo del todo.
El resultado de tanto tira y afloja: el petróleo volvió a superar los 110 dólares el barril. Hurra para las petroleras. Y China, cómo no, aprovechó para echarle la culpa a “las operaciones militares ilegales de Estados Unidos e Israel” en el Consejo de Seguridad de la ONU. O sea, Pekín se frota las manos.
El detalle jugoso: Hamás, ¿dispuesta a desarmarse?
Aquí llegamos al momento de mayor morbo político. El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dijo que hay “signos prometedores” de que Hamás aceptará desarmarse. ¿En serio? ¿El mismo Hamás que lleva décadas construyendo túneles y lanzando cohetes? Rubio asegura que Turquía y Egipto están de intermediarios y que “nos estamos acercando a un acuerdo”.
Pero ojo, no todo es lo que parece: un portavoz de Hamás salió rápidamente a enfriar los ánimos, calificando el desarme como una “complicación” impuesta por Israel, que no ha cumplido sus obligaciones humanitarias. Traducción: ellos piden que entreguemos las armas, mientras siguen bombardeando colegios. Justo.
En resumen: en Oriente Medio, las últimas 24 horas han sido una fotocopia de ayer, y de anteayer, y del año pasado. Un niño muerto aquí, un ataque con drones allá, un diplomático que dice “avances significativos”, un petróleo que sube, una ONU que mira, un Trump que se queja y una población atrapada en medio.
Lo más triste es que la suspicacia ya no alcanza: cuando todo es cínicamente previsible, la única ironía posible es pensar que algún día esto dejará de ser noticia. Pero mientras haya un misil sin lanzar, un general sin declaración y un político sin titulares, seguiremos escribiendo la misma crónica.
Porque en esta parte del mundo, la paz nunca es el final. Es solo el intervalo entre dos bombas.
Desde la redacción de TeclaLibre, con el café ya frío y la resignación caliente.
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