Hantavirus: ¿otra pandemia silenciosa o un sobresalto controlado?
La directora de prevención de epidemias de la OMS, Maria Van Kerkhove, salió esta semana a apagar un incendio mediático que empezó a encenderse peligrosamente. Su mensaje, aunque técnicamente preciso, tiene ese tufillo a «no entren en pánico» que tantas veces escuchamos antes de que todo se fuera al carajo.
«Esto no es el covid», repitió. Y tiene razón. Pero también es cierto que cuando el covid apareció, nadie dijo «esto es el covid» hasta que ya era demasiado tarde.
¿Qué está pasando realmente?
El brote en el crucero MV Hondius —ocho casos, tres muertos— encendió las alarmas. La cepa implicada es el virus de los Andes, considerado el más peligroso de los hantavirus. Y aquí está el detalle que merece suspicacia: aunque Van Kerkhove insiste en que la mayoría de hantavirus no se transmiten entre humanos, admite que esta cepa específica sí ha mostrado transmisión persona a persona en brotes anteriores, especialmente entre contactos cercanos y personal clínico.
Entonces, ¿qué significa «no se transmite como la gripe»? Significa que no viaja por aerosoles a distancia. Pero si estás en un barco, en espacios cerrados, con contacto físico estrecho… la diferencia empieza a ser semántica.
La delicadeza que merece el tema
No se trata de sembrar pánico. El hantavirus no es el nuevo covid. Su letalidad es altísima (hasta 40% en algunas cepas), pero su capacidad de propagación es limitada. El problema no es el virus en sí, sino la reacción institucional. La OMS aprendió la lección de 2020: ahora minimizan cualquier señal que pueda interpretarse como «alerta global». Pero el péndulo puede oscilar al extremo opuesto.
Lo que no nos están diciendo con claridad: el virus de los Andes ya demostró transmisión interpersonal. El brote en el crucero confirma ese patrón. Decir que «no es el inicio de una pandemia» es técnicamente correcto hoy. Pero ¿y mañana?
Van Kerkhove lo reconoce indirectamente: «no es la misma situación que hace seis años». Cierto. Hoy hay vigilancia, pruebas, protocolos. Pero también hay gobiernos que recortaron presupuestos sanitarios post-pandemia y una población agotada por la desinformación.
El verdadero riesgo quizás no es el hantavirus. Es que la próxima amenaza real nos encuentre igual de desprevenidos, pero esta vez con una OMS más preocupada por no repetir el «cry wolf» que por anticiparse.
Por ahora, lávense las manos, eviten roedores y no compartan jeringas ni fluidos con extraños. Y exijan transparencia: que nos digan la verdad, no la versión edulcorada. Porque la delicadeza no debería confundirse con ocultamiento.
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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