El programa «Ilusiones y Cerepoesías» del domingo 10 de mayo dedicado a las Madres del Mundo nos invita a reflexionar sobre la importancia de honrar a la madre, una figura universal que trasciende culturas, religiones y épocas. La celebración del Día de las Madres, en particular, tiene raíces profundas en la historia de la humanidad, remontándose a la antigua Grecia y Roma, y adaptándose con el tiempo a las tradiciones cristianas y culturales de diferentes países.
En la antigua Grecia, se rendía homenaje a Rea, madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades, con festivales dedicados a honrar a la madre divinidad. Posteriormente, los romanos adoptaron esta celebración, llamándola Hilaria y celebrándola en marzo, en honor a Cibeles. Con la llegada del cristianismo, estas festividades se transformaron para honrar a la Virgen María, símbolo materno y espiritual, y cada cultura ha establecido su propia fecha para conmemorar a las madres, como en Estados Unidos y Alemania, donde se celebra en el segundo domingo de mayo, o en República Dominicana, en el último domingo del mismo mes.
En la República Dominicana, el Día de las Madres es especialmente sentido en las escuelas públicas, donde se conmemora con canciones y poemas que reflejan el amor y la gratitud hacia esa figura fundamental en nuestras vidas. ¿Quién no recuerda ?: “Quién como una madre, con su dulce canto, nos mitiga el miedo, nos calma el dolor…De ella aprende el niño, la sonrisa tierna, el joven, la noble benéfica acción; recuerda el anciano, la oración materna, y en su alma florece, la resignación …” Himno a las Madres, creación de Trina de Moya de Vasquez.
El programa también abordó el movimiento de la Cerepoesía, que promueve la ética creativa y la paz mundial, proclamada también por el Papa León XIV. En este contexto, se presentó a María Cristina Labat, una embajadora de la cultura que, además de trabajar en el modelismo y la moda, tiene una profunda pasión por la literatura latinoamericana y japonesa. Desde joven, ha escrito poesía y nos cuenta que fue motivada a publicar por Rafael Pineda, cuando era cónsul dominicano en Uruguay. Ella celebra a la Madre no solo en un día, sino todos los días, y comparte un poema que expresa la idea de que la maternidad es una presencia constante en la vida.
Rememoramos una emotiva carta que enviara Manuel del Cabral a su madre desde Buenos Aires el 13 de marzo de 1939, en la que expresa su profundo cariño y preocupación por su estado de salud, tras enterarse de su quebranto de vista. Le asegura que, aunque está lejos, su amor y pensamientos están siempre con ella y que la familia la cuida y apoya. Le aconseja que no se estrese y que siga cuidándose, confiando en la protección de Dios y la solidaridad familiar. Además, le informa que, mientras tenga sueldo, le enviará ayuda económica y comparte que Lita, quien también reza por ella, está en Buenos Aires con él, enviándole saludos y reiterándole su amor y esperanza de su pronta recuperación.
Fueron declamados los poemas: «Dulzura», de Gabriela Mistral, «Madre del alma, madre querida… de José Marti,
Madre del alma, madre querida
son tus natales; quiero cantar
porque mi alma de amor henchida,
aunque muy joven, nunca se olvida
que la vida me hubo de dar.
Pasan los años, vuelan las horas
que yo a tu lado me siento ir,
por tus caricias arrobadoras
y las miradas tan seductoras
que hacen mi pecho fuerte latir.
A Dios le pido constantemente
para mi madre vida inmortal;
porque es muy grato, sobre la frente
sentir el roce de un beso ardiente
que de otra boca nunca es igual.
Rubén Dario
Soñé que me hallaba un día
en lo profundo del mar:
sobre el coral que allí había
y las perlas, relucía
una tumba singular.
Acer-queme cauteloso
a aquel lugar del dolor
y leí: «Yace en reposo
aquel amor no dichoso
pero inmenso, santo amor».
La mano en la tumba umbría
tuve y perdí la razón.
Al despertar yo tenía
la mano trémula y fría
puesta sobre el corazón.
Rima XCI: Gustavo Adolfo Becquer. Podrá nublarse el sol eternamente
Podrá nublarse el sol eternamente;
podrá secarse en un instante el mar;
podrá romperse el eje de la tierra
como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
cubrirme con su fúnebre crespón;
pero jamás en mí podrá apagarse
la llama de tu amor.
Carta de Baudelaire a la madre
Charles Baudelaire le escribe una profunda y emotiva carta a su madre, en la que expresa su desesperación, sufrimiento y pensamientos suicidas debido a su difícil situación económica, de salud y emocional. Le confiesa que se encuentra al borde de la desesperación y que siente un intenso amor por ella, reconociendo sus errores pasados y la grandeza de su carácter. Baudelaire le pide ayuda y apoyo, proponiéndole un plan financiero para aliviar sus deudas y mejorar su situación, y le suplica que venga a París para estar con él. También le confiesa su angustia por su salud física y mental, y su lucha interna con la idea del suicidio, pero reafirma su amor filial y su esperanza de salir adelante con su ayuda y comprensión.
El Himno a las Madres Dominicanas de Trina de Moya de Vasquez
Madre, de Silvio Rodríguez
Madre, en tu día
No dejamos de mandarte nuestro amor.
Madre, en tu día
Con las vidas construimos tu canción.
Madre, que tu nostalgia se vuelva el odio más feroz.
Madre, necesitamos de tu arroz.
Madre, ya no estés triste, la primavera volverá,
Madre, con la palabra libertad.
Madre, los que no estemos para cantarte esta canción,
Madre, recuerda que fue por tu amor.
Madre, en tu día
Madre Patria y Madre Revolución,
Madre, en tu día
Tus muchachos barren minas de Haiphong.
Que es el beso? poema del Indio Duarte,
«Las manos de mi madre», poema de Mario Benedetti
Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras,…
«Las manos de mi madre» Por Arsenio Jiménez Polanco (1936-2019)
Son tierra virgen, fértiles tus manos
al oficio de amar acostumbradas,
son bálsamo de unción, siempre ocupadas
curando a todos, fieles y paganos.
Tus manos creadoras, inspiradas
Levantaron mil ruinas del pasado.
El amor hecho huellas, has dejado
aún en cosas por ti no tocadas.
Para que exista amor eternamente
bastan tus manos, si el dolor asoma
llevan tus dedos de salud aroma.
Como nunca han hilado fantasía,
lo cotidiano ensamblan tiernamente
las fuertes manos de la madre mía
Canto Primero de Oda a la mujer de Lorenzo Araujo (1947-)
De la mujer, de sus muchas virtudes,
ya triviales o excelsas, yo quiero cavilar…
Quiero viajar con ella por los mundos recónditos,
Rendijas del abismo, y hacia la inmensidad de los planetas.
Examinar, de sus cambiantes roles, si hay uno menos digno
o si son todos de jerarquías mayores.
LXV Cesar Vallejo: Trilce
Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.
Me esperará tu arco de asombro,
las tonsuradas columnas de tus ansias
que se acaban la vida. Me esperará el patio,
el corredor de abajo con sus tondos y repulgos
de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,
aquel buen quijarudo trasto de dinástico
cuero, que para no más rezongando a las nalgas
tataranietas, de correa a correhuela.
Estoy cribando mis cariños más puros.
Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda?
¿no oyes tascar dianas?
estoy plasmando tu fórmula de amor
para todos los huecos de este suelo.
Oh si se dispusieran los tácitos volantes
para todas las cintas más distantes,
para todas las citas más distintas.
Así, muerta inmortal. Así.
Bajo los dobles arcos de tu sangre, por donde
hay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padre
para ir por allí,
humildóse hasta menos de la mitad del hombre,
hasta ser el primer pequeño que tuviste.
Así, muerta inmortal.
Entre la columnata de tus huesos
que no puede caer ni a lloros,
y a cuyo lado ni el destino pudo entrometer
ni un solo dedo suyo.
Así, muerta inmortal.
Cuando el Sol se oculta en cada tarde en mi recuerdo
Tu presencia me parece realidad
Es un espejismo el creer que todavía
En mi infancia devolviéndome la paz
Hace tanto tiempo que te fuiste de esta vida
Que parezco que enloquezco si no estás
Veo tu figura que me mira de repente
Es mentira ya no existes es verdad
Lamento que ahora escuchas desde el cielo
Dime madre cuando quieras voy a verte
Lamento que me sale de la pena
De sentirte cerca y lejos sin tenerte
Esas manos blancas que rozaban mis mejillas
Se quedaron dibujadas en mi faz
Esos ojos tuyos que miraban las estrellas
Han perdido ya su luz su libertad
Lamento que ahora escuchas desde el cielo
Dime madre cuando quieras voy a verte
Lamento que me sale de la pena
De sentirte cerca y lejos sin tenerte
Lamento que me sale de la pena
De sentirte cerca y lejos sin tenerte
***
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