Por Carlos Márquez
El impacto de la crisis entre Estados Unidos, Israel e Irán sobre los sectores productivos de República Dominicana es severo y se transmite por tres vías principales: el costo de la energía, el precio de los fertilizantes y el aumento del flete marítimo.
El sector es el más golpeado por su dependencia de la urea.
Para quienes no estén familiarizados con el término, la urea es un compuesto químico blanco y granulado, similar a la sal fina o al azúcar.
Es el fertilizante más usado en el mundo porque aporta nitrógeno, el nutriente esencial para que las plantas crezcan verdes, fuertes y produzcan más alimento. Se utiliza principalmente en cultivos como arroz, maíz, papa y cítricos. Sin la urea, un agricultor no puede obtener la misma cantidad ni calidad de cosecha.
El conflicto en el Golfo Pérsico ha encarecido la urea hasta un 40% y se estima que el 30% del suministro mundial ha sido eliminado. ¿Por qué? Porque la urea se fabrica a partir del gas natural, cuyo precio se disparó por la guerra, y además buena parte de la urea importada transita por el Estrecho de Ormuz, una zona bloqueada por el conflicto.
Menos urea disponible y más cara significa que al agricultor dominicano le cuesta el doble o el triple producir sus cosechas, y ese sobrecosto termina pagándolo el consumidor final en el plátano, el arroz o la lechuga.
El gobierno ha destinado 1,000 millones de pesos en subsidios para fertilizantes para mitigar el golpe, pero no elimina el problema estructural.
En la industria, zonas francas y turismo, el impacto múltiple
Estos segmnentos enfrentan un aumento generalizado de costos operativos, golpeando la generación eléctrica nacional, altamente dependiente del gas natural y el petróleo, se ha encarecido.
El Presupuesto General del Estado para 2026 proyectaba un precio de 60 dolares por barril de petróleo, pero debido a la guerra el barril West Texas Intermediate (WTI), que es el que consume el país, superó los US$95 y alcanzó picos de US$108.50. Esa diferencia de más de US$35 por barril desbarató las cuentas.
El gobierno había presupuestado originalmente unos RD$12,000 millones para subsidios de combustibles en todo el año. En solo cuatro meses, el gasto acumulado ya supera los RD$15,434 millones, es decir, ya se gastó más de lo previsto para el año entero.
Esto fuerza al Estado a transferir más dinero a las empresas eléctricas, lo que tensiona las finanzas públicas.
Además, las navieras están desviando sus rutas del Golfo Pérsico hacia el Cabo de Buena Esperanza (el extremo sur de África) para evitar la zona de guerra.
Esa realidad incrementa los tiempos de tránsito, los costos de flete y las primas de seguro, encareciendo todas las importaciones y exportaciones, desde materias primas industriales hasta productos terminados.
Para el turismo, aunque el país puede atraer viajeros que eviten el Mediterráneo oriental, el alto costo del combustible de aviación amenaza con reducir la demanda de turistas sensibles al precio. El efecto neto es incierto.
El comercio minorista y los hogares absorben todo este encarecimiento en cadena.
La gasolina premium ha subido hasta 33 pesos por galón en semanas recientes, lo que impacta el transporte de mercancías y personas. Cada dólar de aumento en el barril de petróleo eleva la factura petrolera nacional en 71 millones de dólares.
Y por cada aumento de 10 dólares en el barril, la inflación local sube entre 0.4 y 0.7 puntos porcentuales. Esto significa que el costo de vida seguirá presionado al alza en los próximos meses.
Los sectores productivos dominicanos no enfrentan una simple subida de precios, sino una reconfiguración forzada de sus costos logísticos y de insumos.
Las medidas gubernamentales se limitan a subsidios que alivian el impacto inmediato pero tensionan las finanzas públicas. La lección estructural que la presente dependencia energética ha expuesto como una amarga realidad que los dominicanos debemos meditar en procura de darle salida.
-Carlos Marquez Cabrera para TeclaLIbre-

