Keir Starmer, sus ministros y el Partido Laborista en pleno llevan semanas enzarzados en una guerra civil apenas soterrada en la que vuelan los puñales y los reproches. Pero este lunes ha llegado un nuevo agravante, aún más insoportable: la vergüenza propia y ajena. Ya dijo con acierto el histórico Josep Tarradellas, quien fuera presidente de la Generalitat de Catalunya, que en política se puede hacer todo menos el ridículo. Los nuevos documentos sobre el exministro y exembajador en Washington, Peter Mandelson, hechos públicos por el Gobierno, muestran el nivel de adulación de algunos miembros del equipo de Starmer hacia una figura ya entonces tan controvertida, cuyas relaciones con Jeffrey Epstein eran públicas; el descarado nivel con que Mandelson opinaba e interfería en la estrategia política de Downing Street, y el nivel de mofa que tanto él como sus interlocutores expresaban respecto a Starmer o a algunos de sus ministros.
“Quiero que sepas que, si tu intención es nombrarme [embajador en Washington], aseguraré que no te arrepientas”, escribió Mandelson al entonces ministro de Exteriores, David Lammy, semanas antes de que se anunciara ese nombramiento. “Creo que pilotar los intereses del Reino Unido en la Administración de Trump va a exigir habilidades sobrehumanas, suerte y un gran esfuerzo de equipo”, explicó a su interlocutor. Maniobraba ya en la sombra para lograr su gran y “último” (según él mismo decía) cargo público en una dilatada carrera política llena de sobresaltos por su habitual ambición y torpeza, incluidas dos dimisiones en los Gobiernos de Tony Blair.
El empeño de Starmer y de quien entonces era su jefe de Gabinete, Morgan McSweeney, en nombrar a Mandelson, conocido como el “príncipe de las tinieblas” ya desde la era del Nuevo Laborismo de Blair que contribuyó a fundar, acabó provocando la crisis más grave del actual Gobierno británico, y probablemente el principio del fin del mandato del primer ministro. La publicación por el Departamento de Justicia de Estados Unidos de miles de documentos sobre Epstein reveló la intensidad cómplice entre el multimillonario pederastas estadounidense y el ministro laborista.
Mandelson, se supo entonces, había llegado a transmitir información económica confidencial a su amigo durante el tiempo en que el Gobierno de Gordon Brown (con quien Mandelson también fue ministro) intentaba capear la crisis financiera de 2008. La policía investiga en la actualidad al exministro laborista por un delito de conducta inapropiada en el desempeño de cargo público, y llegó a arrestarlo durante varias horas para un interrogatorio a fondo en comisaría.
“Acabo de estar en el Número 10 [de Downing Street, como se llama en la jerga política británica a la residencia y oficina del primer ministro], después de verte. Es un lugar atribulado y despojado de valor. Necesita una renovación completa y una infusión de confianza y de propósito si quieren avanzar en alguna dirección”, escribe Mandelson por WhatsApp a su amigo y confidente Pat MacFadden, que era entonces el ministro de la Oficina del Gabinete (un cargo similar en funciones al Ministerio de la Presidencia español).
El tono condescendiente de Mandelson, aplaudido por sus interlocutores, chirría con un Gobierno y un primer ministro que habían decidido poner la mano en el fuego por él. “El equipo que rodea a Starmer no recibe dirección alguna, y ninguno de ellos sabe lo que Keir [Starmer] quiere o no quiere. De hecho, muchos de ellos creen que Keir mismo no sabe lo que quiere”, critica Mandelson.
La sensación que transmite el exministro en sus intercambios es la de alguien convencido de que está haciendo un gran favor al Gobierno con su incorporación, a título de embajador. Hasta el punto, señala una de las notas internas publicadas, que se negó a entregar sus mensajes de WhatsApp del móvil privado cuando comenzó el proceso de recolección de información sobre su nombramiento.
Downing Street se vio forzado a entregar toda esta documentación tras una moción parlamentaria que recibió el apoyo de muchos diputados laboristas, y que el Gobierno de Starmer aceptó a regañadientes al ser consciente de que no podía frenarla. Ya hubo una primera publicación de documentos oficiales en marzo, pero esta segunda desborda a la anterior en cantidad e importancia de la información. Más de 340 intercambios de correos electrónicos, 56 conversaciones de WhatsApp, 15 cartas y 26 minutas de reuniones gubernamentales.
Más de 1.500 páginas que los medios británicos se han lanzado a rastrear con fruición, en busca de nuevas pruebas sonrojantes que delaten el nivel de chapuza que llegó a ser el nombramiento de Mandelson.
Israel y la ‘inmadurez’ del ministro
Paradójicamente, los comentarios despectivos del exministro hacia uno de sus protegidos, el exministro de Sanidad, Wes Streeting, pueden acabar beneficiando a este último. Los intercambios de correos y whatsapps de Streeting, uno de los principales aspirantes a relevar a Starmer en un hipotético proceso de primarias, eran una pesada sombra de sospecha en su futuro político. Pero pueden acabar siendo una ventaja.
El verano pasado, cuando Starmer se resistía a dar el paso, Streeting escribía a Mandelson para explicarle su convencimiento de que el Gobierno británico debía acelerar el reconocimiento del Estado de Palestina. “Moralmente, porque Israel está cometiendo crímenes de guerra ante nuestros propios ojos. Su Gobierno usa el lenguaje de la limpieza étnica, y cuando me he reunido con nuestros médicos que han acudido a la zona me han descrito las escenas más terroríficas y preocupantes de una brutalidad calculada contra mujeres y niños”, relató Streeting a Mandelson.
A sus espaldas, el veterano político, más cercano al pragmatismo y la real politik de su antiguo jefe, Blair, mostraba un tono de desprecio hacia el joven ministro de Sanidad: “Acabo de recibir un largo e histérico mensaje de Wes [Streeting] sobre Israel (…) Dice muy poco sobre su madurez”, contaba por WhatsApp al otro ministro, McFadden. “Su comportamiento es patético. Creo que está sufriendo la crisis de la mediana edad”, ironizaba.
A pesar de la carga de profundidad que va a suponer para el prestigio del Gobierno de Starmer esta nueva batería de documentos, ni siquiera está todo. La policía ha exigido, con éxito, que no se revele aún la parte que afecta a su investigación en curso sobre Mandelson, que puede ser la más delicada.

