InicioIBEROAMERICARD SOBRE DOS RUEDAS...Y AL BORDE DEL ABISMO

RD SOBRE DOS RUEDAS…Y AL BORDE DEL ABISMO

-

En República Dominicana, las motocicletas dejaron hace tiempo de ser un simple medio de transporte popular. Hoy son el símbolo más visible del desorden vial, de la informalidad económica y de una cultura urbana donde la ley parece negociarse en cada esquina.

Las cifras son demoledoras: en menos de cuatro meses de 2026, al menos 213 personas murieron en accidentes de motocicletas, según el Observatorio Permanente de Seguridad Vial (OPSEVI).

Pero el drama se agranda cuando se observa el panorama completo: solo entre enero y mayo, República Dominicana acumuló cerca de 897 muertes por accidentes de tránsito. Más de la mitad involucraban motocicletas.

Y ahí es donde la historia deja de ser una estadística para convertirse en una radiografía social.

El país donde las motocicletas gobiernan la calle
La motocicleta en RD no es únicamente transporte. Es motoconcho, mensajería, delivery, supervivencia económica, escape al desempleo y, para miles de jóvenes, el vehículo más accesible para producir dinero rápido.

El problema es que el crecimiento fue mucho más rápido que el Estado.

Datos citados por medios y estudios locales indican que las motocicletas representan cerca del 58 % del parque vehicular nacional, mientras millones circulan sin regulación efectiva.
En la práctica, buena parte del país funciona bajo una lógica paralela donde:

se conduce sin licencia, sin casco, sin seguro, sin placas visibles, sin luces, y muchas veces sin consecuencias.

El resultado es una mezcla explosiva entre precariedad económica, ausencia de autoridad y cultura de riesgo.

La normalización del caos:
Lo más inquietante no son únicamente las muertes.

Lo verdaderamente grave es que la sociedad dominicana parece haberse acostumbrado al caos vial como parte natural del paisaje.

Un motorista cruzando en rojo.
Tres personas montadas en una pasola.
Niños viajando entre adultos.
Carreras improvisadas en avenidas.
“Calibrando” motores en barrios.
Deliverys compitiendo contra el reloj.
Motoristas circulando en vía contraria.

Todo eso ocurre frente a agentes de tránsito, cámaras y ciudadanos que ya apenas reaccionan.

En muchas ciudades dominicanas, especialmente en el Gran Santo Domingo y Santiago, la ley del tránsito parece haberse reducido a una recomendación opcional.

El ingrediente económico que nadie quiere tocar
Aquí aparece el punto políticamente incómodo.

El motorista es también un actor electoral.

Millones de dominicanos dependen directa o indirectamente de la motocicleta para trabajar. Cualquier intento serio de fiscalización masiva implica un costo político enorme.

Por eso las autoridades oscilan entre operativos espectaculares y tolerancia práctica.

Se anuncian controles.
Se retienen motores.
Se habla de registro biométrico.
Se prometen cascos certificados.
Pero semanas después, todo vuelve al mismo punto.

La percepción ciudadana es clara: el sistema sanciona episódicamente, pero nunca transforma el problema estructural.

Semana Santa: la radiografía perfecta
Cada operativo de Semana Santa funciona como una especie de espejo nacional.

En el más reciente reporte del COE, más del 88 % de los accidentes involucraron motocicletas.

Es decir: el problema no es marginal.
Es el núcleo mismo de la crisis vial dominicana.

Y el patrón se repite: jóvenes entre 15 y 34 años, exceso de velocidad, alcohol, imprudencia, ausencia de casco, y conducción nocturna.

La motocicleta se ha convertido en el punto donde confluyen pobreza, informalidad, cultura de riesgo y debilidad institucional.

El tránsito dominicano ya es un problema de salud pública
Expertos y organismos internacionales llevan años advirtiéndolo.

República Dominicana figura recurrentemente entre los países con mayor mortalidad vial de América Latina. La ONE y diversos informes oficiales muestran que los motociclistas concentran alrededor del 70 % de las muertes por accidentes de tránsito.

Eso significa hospitales saturados, cirugías costosas, amputaciones, discapacidades permanentes y familias enteras empujadas a la pobreza tras perder a su principal sostén económico.

Pero el debate público suele durar apenas unas horas… hasta el próximo accidente viral en redes.

Las redes sociales también alimentan el fenómeno
TikTok, Instagram y Facebook han convertido la imprudencia vial en espectáculo.

Videos de motores a alta velocidad, piruetas, “calibrando”, carreras clandestinas y escapes de agentes circulan con miles de reproducciones.

En algunos sectores juveniles, el motorista temerario ya no es visto como irresponsable, sino como símbolo de “tigueraje”, destreza o estatus callejero.

Y mientras el algoritmo premia la adrenalina, el cementerio sigue llenándose.

El problema no es la motocicleta… es el modelo de país
La motocicleta no mata por sí sola.

Lo que mata es: la falta de educación vial, la ausencia de autoridad sostenida, la corrupción en la emisión de licencias, el desorden urbano, la precariedad económica, y una cultura donde violar normas rara vez tiene consecuencias reales.

Porque al final, el tránsito dominicano funciona como una metáfora nacional:
muchas reglas escritas…
y pocas respetadas.

Y mientras el país debate grandes proyectos, reformas constitucionales y discursos de modernidad, cada día decenas de dominicanos siguen jugándose la vida entre tapones, motores sin frenos y avenidas convertidas en selva.

La pregunta ya no es cuántos morirán este año.

La verdadera pregunta es cuánto tiempo más seguirá el país viendo esta tragedia como algo “normal”.

-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-

rodriguezsluism9@gmail.com     https://teclalibremultimedios.com/category/portada

Related articles

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Stay Connected

0SeguidoresSeguir
3,912SeguidoresSeguir
22,800SuscriptoresSuscribirte

Latest posts