-🎺 Ha muerto un gigante: adiós a Willie Colón, arquitecto del sonido salsero-
El mundo de la música latina despierta de luto. Este sábado, a los 75 años, falleció Willie Colón, trombonista, compositor, productor y figura esencial en la construcción del sonido que el mundo conocería como salsa. Su familia confirmó la noticia con un mensaje lleno de serenidad y gratitud: partió en paz, rodeado de los suyos, dejando un legado que no se mide en años, sino en generaciones.
Hablar de Willie Colón es hablar de una época. De los barrios neoyorquinos donde los hijos del Caribe reinventaron su identidad con trombones potentes y letras que narraban calle, amor, desengaño y orgullo latino.
El muchacho del Bronx que cambió la música
Nacido en el Bronx, Nueva York, en 1950, de padres puertorriqueños, Colón creció entre sonidos caribeños y la efervescencia cultural de la ciudad. A los 15 años ya grababa su primer álbum, El Malo (1967), bajo el sello de Fania Records, la casa discográfica que impulsó la internacionalización de la salsa.
Fue allí donde comenzó una de las alianzas más legendarias de la música latina: su sociedad con Héctor Lavoe. Juntos marcaron una era. Colón, con su trombón agresivo y sus arreglos innovadores; Lavoe, con esa voz callejera, nasal y profundamente humana que convertía cada canción en una historia viva.
Discos como Cosa Nuestra, La Gran Fuga y Asalto Navideño no solo fueron éxitos comerciales; fueron manifiestos culturales. Canciones como “Che Che Colé”, “Aguanilé” o “Calle Luna, Calle Sol” trascendieron el baile para convertirse en himnos identitarios.
De Lavoe a Blades: la salsa como crónica social
Tras la separación profesional con Lavoe, Colón inició otra etapa crucial junto al panameño Rubén Blades. Si con Lavoe retrató el barrio, con Blades elevó la salsa a crónica social y reflexión política.
El álbum Siembra (1978) se convirtió en uno de los discos más vendidos en la historia de la salsa. Allí nació “Pedro Navaja”, una especie de novela urbana cantada que redefinió el alcance narrativo del género. La salsa ya no era solo ritmo y sabor; era denuncia, conciencia y literatura popular.
El trombón como bandera
Willie Colón transformó el papel del trombón en la música latina. Lo convirtió en instrumento protagónico, casi desafiante, alejándose del brillo tradicional de las trompetas para dar paso a un sonido más áspero y urbano. Su estilo marcó escuela.
Fue también pieza clave de las Fania All Stars, ese colectivo que llevó la salsa desde el Yankee Stadium hasta África, consolidando un movimiento cultural que trascendió idiomas y fronteras.
Más allá de la música
Colón no fue solo músico. Incursionó en la política, el activismo comunitario y la producción musical para otros artistas. Siempre mantuvo una postura firme sobre los derechos de los latinos en Estados Unidos y el valor cultural de la diáspora caribeña.
Su figura, a veces polémica, nunca fue indiferente. Defendió sus ideas con la misma intensidad con que soplaba su trombón.
Un legado que no se apaga
Hoy, el mundo de la salsa —y del son que la precede y la alimenta— pierde a uno de sus arquitectos fundamentales. Pero su música permanece intacta. En cada fiesta familiar, en cada emisora tropical, en cada esquina del Caribe y de Nueva York donde suene un trombón potente, habrá algo de Willie Colón respirando.
Porque la salsa, como la vida, se baila aun en medio del dolor.
Y si algo nos enseñó Willie Colón es que la música puede ser barrio, puede ser denuncia, puede ser poesía… pero sobre todo, puede ser eternidad.
Descansa en paz, maestro. 🎺
-Luis Rodriguez Salcedo para TeclaLibre-
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