El alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani, levantó la tarde de este lunes la prohibición de circulación que estaba vigente desde el domingo. La restricción impedía transitar por calles, carreteras, carreteras y puentes, salvo en casos de emergencia o viajes esenciales.
Sin embargo, aunque ya se puede circular, Nueva York sigue prácticamente paralizada.
El alcalde publicó en su cuenta de X:
Las autoridades continúan recomendando a los neoyorquinos que permanezcan en casa el mayor tiempo posible.
La situación en las calles sigue complicada: miles de vehículos permanecen estancados y enormes montañas de nieve se acumulan en los distintos condados. Varias vías, de los más de 10 mil kilómetros de calles que tiene la Gran Manzana, continúan totalmente cubiertas de nieve, pese a que el Departamento de Saneamiento de Nueva York desplegó 700 camiones esparcidores de sal y cientos de quitanieves.
Además, los propietarios de negocios y edificios deben limpiar las aceras antes de las 8:30 p. m. Esto incluye despejar un sendero de al menos 1.2 metros para permitir el paso de sillas de ruedas y cochecitos, así como limpiar las áreas alrededor de rampas, hidrantes y paradas de autobús sin techo ubicadas frente a sus propiedades. De no cumplir, podrían enfrentar multas de hasta 350 dólares.
La ciudad también está buscando trabajadores de emergencia para ayudar a retirar nieve en puntos clave como paradas de autobús, cruces peatonales, hidrantes y zonas de emergencia. El pago comienza en 30 dólares por hora (aproximadamente 1,860 pesos dominicanos) y aumenta a 45 dólares por hora después de 40 horas trabajadas en la semana. Las contrataciones se realizan a través del portal del Departamento de Saneamiento.
Actualmente, más de 2,600 trabajadores están operando en turnos de 12 horas para acelerar la limpieza. Las autoridades advirtieron que la recolección de basura y reciclaje sufrirá retrasos mientras los equipos se concentran en despejar las calles.
Por su parte, el Servicio Meteorológico Nacional (NWS) calificó el fenómeno como una “tormenta potencialmente histórica y destructiva” que afecta no solo a Nueva York, sino también a Nueva Jersey, Connecticut, Delaware, Maryland, Rhode Island y Massachusetts, estados donde residen cientos de miles de dominicanos, entre otras comunidades.

