-Balas en la fiesta: ¿Qué pasó con el Desfile Dominicano en El Bronx?-
Por Redacción Teclalibre Digital
Lo que debía ser una jornada de orgullo patrio y alegría para la comunidad dominicana en Nueva York terminó teñido de sangre, confusión y preguntas sin respuestas claras. Tres tiroteos, tres jóvenes heridos y un desfile que terminó ensombrecido por la violencia callejera. ¿Qué nos dice esto sobre el momento que viven las comunidades latinas en EE. UU., y qué falló en los protocolos de seguridad?.
El Desfile Dominicano del Bronx, celebrado el domingo 27 de julio, fue interrumpido por al menos tres tiroteos en un lapso de poco más de una hora, según informes de la policía de Nueva York y medios locales como News 12 Bronx y New York Post.
6:00 p. m.: un hombre de 24 años fue herido de bala en la nalga en Grand Concourse y Elliot Place.
6:40 p. m.: una joven de 19 años recibió un disparo en el tobillo en la intersección de East 170th Street y Sheridan Avenue.
7:12 p. m.: un hombre de 23 años fue baleado en el estómago en Noble Avenue.
Todos los heridos fueron trasladados a hospitales en condición estable. No se han realizado arrestos hasta el momento, y la policía aún investiga si los hechos están relacionados entre sí o con el evento.
¿Fallas de seguridad o violencia estructural?
Las autoridades han evitado, hasta ahora, responsabilizar al desfile directamente por los hechos, pero lo cierto es que estos tiroteos ocurrieron en las inmediaciones del recorrido y en momentos donde aún había concentración de público. Esto pone en tela de juicio el despliegue de seguridad y control perimetral en eventos multitudinarios.
No es la primera vez que celebraciones culturales de comunidades latinas o afroamericanas en Nueva York se ven empañadas por la violencia. Ya en años anteriores, el desfile puertorriqueño y eventos como el J’Ouvert caribeño han tenido incidentes similares. En muchos casos, la respuesta oficial tiende a minimizar el vínculo entre el evento cultural y los actos violentos, sin detenerse a revisar el contexto.
¿Estamos ante simples «coincidencias» o frente a un patrón de abandono preventivo, donde la visibilidad cultural de una comunidad no va acompañada de la debida protección institucional?.
El desfile en El Bronx no es solo una fiesta. Es, para muchos dominicanos en el exterior, un acto de visibilidad, resistencia y afirmación de una identidad caribeña que durante décadas ha sido relegada o caricaturizada en los medios estadounidenses.
Pero cuando un evento como este termina con balas, la narrativa mediática dominante corre el riesgo de girar bruscamente: del “folklore colorido” al “peligro callejero”. Esto es precisamente lo que alimenta la estigmatización.
¿Quién recoge el guante cuando la comunidad dominicana, en vez de ser reconocida por sus aportes culturales, termina asociada a episodios de criminalidad sin contexto?
Hay una verdad incómoda que debe decirse: si estos tiroteos hubieran ocurrido durante un desfile italiano o en la Quinta Avenida durante el Columbus Day, el escándalo mediático y la presión institucional serían de otra magnitud. Pero cuando las víctimas son jóvenes latinos, la respuesta suele diluirse en comunicados genéricos, investigaciones «en curso» y titulares que se olvidan al día siguiente.
Ningún alto funcionario de Nueva York ha emitido una declaración categórica al respecto. Ningún líder comunitario con capacidad de presión ha convocado una rueda de prensa urgente. ¿Por qué? Porque seguimos siendo, para muchos, un folclor exótico y no ciudadanos de pleno derecho.
Mientras los heridos se recuperan y la policía investiga, el caso pasará a formar parte del archivo engrosado de “eventos violentos aislados”. Pero si algo debe quedar claro es que lo ocurrido en El Bronx no fue un accidente casual, sino una señal roja que interpela a:
Las autoridades locales, por su responsabilidad en garantizar entornos seguros para eventos culturales.
Los organizadores comunitarios, que deben exigir mayores protocolos y presencia policial disuasiva.
La prensa independiente, que debe narrar estos hechos con más contexto y menos sensacionalismo.
Y, sobre todo, interpela a la comunidad dominicana en Nueva York y en la diáspora: celebrar no basta, hay que organizarse, exigir respeto y no permitir que una jornada de orgullo se transforme —a ojos de la opinión pública— en un evento de “problemas”.
Teclalibre Digital seguirá dando seguimiento a este caso, porque entendemos que el derecho a la cultura incluye también el derecho a vivirla sin miedo. Y cuando hay balas en lugar de banderas, es hora de levantar más la voz.
rodriguezsluism9@gmail.com

