Delcy Rodríguez cumplió el viernes seis meses al frente de Venezuela. Lo hizo con 2.954 muertos confirmados por el doble terremoto del 24 de junio, y un número aún incierto de cuerpos descomponiéndose bajo los escombros. Hace tan solo dos semanas, la presidenta encargada llegaba a esta marca con la meta de que los ingresos del petróleo llegasen de una vez al bolsillo del venezolano —la única forma de mejorar su baja aprobación—, pero el sismo ha impuesto una urgencia que pone del revés cualquier balance. Rodríguez ya afrontaba el mayor desafío político de su carrera: dirigir un país quebrado de la mano de Estados Unidos, su eterno enemigo. Pero el terremoto, según un expolítico venezolano opositor, será su “respiro” o “el último clavo del ataúd”.
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