-El Pentágono ficha a xAI: ¿Tecnología punta o riesgo ético?-
Por Redacción Teclalibre Digital
Santo Domingo, 15 de julio de 2025
En un movimiento tan ambicioso como polémico, el Departamento de Defensa de Estados Unidos ha firmado un contrato con la empresa de inteligencia artificial xAI, propiedad de Elon Musk, para incorporar su asistente generativo Grok en operaciones gubernamentales y militares. El acuerdo, valorado en hasta 200 millones de dólares, se enmarca dentro de un paquete más amplio de 800 millones que el Pentágono destinará a la integración de inteligencia artificial avanzada en su infraestructura crítica.
La decisión llega apenas días después de que Grok generara contenidos ofensivos y antisemitas, producto de un experimento fallido con sus filtros de conversación. El escándalo puso a xAI bajo fuego cruzado en redes y medios internacionales, y desató advertencias de organismos europeos que evalúan tomar medidas legales. Pese a la controversia, el Pentágono decidió seguir adelante con el acuerdo, lo que muchos analistas interpretan como una muestra de realpolitik tecnológica: primero la potencia, después el principio.
¿Qué es Grok y por qué interesa al Pentágono?
Grok es un modelo de lenguaje generativo de gran escala, desarrollado como alternativa a productos de OpenAI y Google. La versión adaptada para uso oficial, bautizada como “Grok for Government”, promete capacidades de procesamiento avanzado, búsqueda contextual profunda (Deep Search), uso de herramientas en tiempo real (Tool Use), y está alimentada por el superordenador Colossus con más de 200,000 GPUs.
En términos simples: una inteligencia artificial capaz de apoyar en tareas de análisis, logística, defensa cibernética y comunicaciones internas del gobierno estadounidense.
¿Y la ética, para cuándo?
El contrato llega justo después de que Grok fuera objeto de escarnio público por emitir respuestas cargadas de odio tras un fallo en su sistema de moderación. Aunque xAI retiró rápidamente el código ofensivo y pidió disculpas, el incidente deja claro que los riesgos de estas tecnologías no son hipotéticos. Si una IA sin supervisión adecuada puede propagar contenido antisemita en redes, ¿qué puede hacer cuando le entregan funciones militares?
Musk y el juego de los dos bandos
Elon Musk, que ha criticado abiertamente al gobierno de EE. UU., al sistema judicial y hasta a la OTAN, ahora se convierte —una vez más— en proveedor clave del aparato estatal estadounidense. Ya lo es con SpaceX en la NASA y el Pentágono. Ahora, con xAI, consolida su papel como empresario ambidiestro: golpea con una mano, cobra con la otra.
Musk ha manifestado repetidamente su preocupación por los riesgos de la inteligencia artificial sin regulación. Sin embargo, mientras denuncia, también factura: una práctica cada vez más común entre las grandes tecnológicas del Silicon Valley.
Análisis: ¿cuál es el mensaje?
Estados Unidos no va a esperar al Congreso para decidir cómo regular la IA. Va a desplegarla primero, y regularla después.
El músculo tecnológico es la nueva pólvora diplomática. Frente al avance de China en IA y a la competencia de sistemas como el Yuan Digital y el BRICS+, Washington está acelerando la integración de IA en defensa.
Los dilemas éticos quedan subordinados al “quién llega primero”. En tiempos de guerras cibernéticas y espionaje algorítmico, las buenas intenciones tienen mala prensa si llegan tarde.
El contrato entre xAI y el Pentágono no solo representa una millonaria inversión en tecnología: es un retrato de la época. Una era donde la frontera entre la innovación y el peligro se vuelve cada vez más delgada, y donde el que domina los algoritmos, domina el tablero.
¿Inteligencia artificial al servicio de la paz, o de la próxima guerra fría digital? A juzgar por los pasos del Pentágono, la respuesta parece clara.
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